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miércoles, 16 de agosto de 2017

Que el enfado de una mujer era el de todas las mujeres.

"Desde la llegada de los colonos, las mujeres de la etnia Igbo (...) han perdido mucho poder. En la sociedad Igbo tradicional las mujeres disfrutaban de posiciones de autoridad en la organización política, social y religiosa de la aldea y el linaje se transmitía por vía materna. Sin embargo, la llegada del hombre blanco ha supuesto también la aparición del patriarcado [que] ha acabado también con muchos de los mecanismos culturales que poseían las mujeres para apoyarse y defenderse entre ellas. Uno de estos mecanismos era el enfado, que se gestionaba colectivamente. Aunque podían tener sus propios problemas individuales, las mujeres eran consideradas una unidad cuando se producía un conflicto con un hombre. El enfado de una mujer era el de todas las mujeres de la aldea, así que los hombres lo temían y trataban de evitarlo. Esto no implicaba que los conflictos se resolviesen siempre a favor de las mujeres, pero esta red de solidaridad las colocaba en una posición mas fuerte para dirimir los conflictos que tenían que ver con engaños, malos tratos o abusos de cualquier tipo. Además, la solidaridad actuaba también de forma preventiva, ya que los hombres evitaban realizar comportamientos que podían implicar un conflicto con todas las mujeres de la aldea.

Otro mecanismo cultural con el que contaban las mujeres igbo para apoyarse entre ellas era lo que se conocía como "sentarse encima de un hombre". Esta práctica consistía básicamente en el señalamiento y la ridiculización de los hombres que habían tenido una actitud de desprecio hacia las mujeres, ya fuese por maltratar a su esposa, violar las normas del mercado que dependían de las mujeres o dejar que su ganado se alimentara en los terrenos donde pastaban los animales de una mujer. El señalamiento podía producirse de muchas formas diferentes, aunque las más frecuentas eran que las mujeres rodeasen la casa del hombre cantando canciones obscenas que ridiculizaban su virilidad o que, en casos graves, destruyesen sus propiedades, llegando a incendiar su vivienda. En la sociedad igbo se consideraba que las mujeres tenían más capacidades de empatía y cuidado de lo colectivo, así que el resto de hombres no solía defender al que había sido señalado".

Layla Martínez: Batallones de mujeres en guerras y revoluciones.

viernes, 21 de julio de 2017

Ni las mujeres ni la tierra.

"En África Oriental, no sólo los funcionarios coloniales, los misioneros y después los granjeros impusieron el cultivo comercial a expensas de la producción alimentaria, sino que también excluyeron a las mujeres africanas, que realizaban la mayor parte de los trabajos agrícolas, del aprendizaje de los sistemas modernos de agricultura y de asistencia técnica. Invariablemente privilegiaban a los hombres en lo tocante a las asignaciones de terrenos, incluso cuando se ausentaban de sus casas. Gracias a esto, además de erosionar los derechos tradicionales de las mujeres en relación con su participación en los sistemas de tierras comunales y como cultivadoras independientes, los colonizadores y los granjeros de este tipo introdujeron nuevas divisiones entre hombres y mujeres. Impusieron una nueva división del trabajo, basada en la subordinación de las mujeres a los hombres, que según los esquemas colonialistas incluía la cooperación no remunerada con sus maridos en la labranza de los cultivos comerciales.

De todas maneras, las mujeres no aceptaron sin protestar este deterioro de su posición social. En el África colonial cada vez que temían que el gobierno fuera a vender sus terrenos o a apropiarse de sus cultivos se rebelaban. Ejemplar fue la protesta de las mujeres que se organizaron contra las autoridades coloniales en Kedjom Keku y en Kedjom Ketinguh (noroeste de Camerún, entonces bajo mandato británico) en 1958. Furiosas por los rumores que afirmaban que el gobierno iba a poner a la venta sus tierras, 7.000 mujeres marcharon repetidas veces sobre Bamenda, capital de la provincia en aquel momento, y en su más larga estancia acamparon fuera de los edificios administrativos de los colonos británicos durante dos semanas, cantando fuertemente y haciendo sentir su alborotadora presencia.

(...) Se produjeron luchas similares durante los años cuarenta y cincuenta por toda África, en las que las mujeres se resistían a la introducción de cultivos comerciales y al trabajo que este cultivo les imponía y que les apartaba de sus cultivos de subsistencia. La resistencia de la agricultura de subsistencia de las mujeres tiene que ser valorada, desde el punto de vista de las comunidades colonizadas, como la contribución que hicieron a la lucha anticolonial, en particular para la supervivencia de los luchadores por la libertad en los bosques (por ejemplo en Argelia, Kenia o Mozambique). 

(...) Gracias a estas luchas -a día de hoy reconocidas como principal causa del fracaso de los proyectos de desarrollo agrícola de los años sesenta y setenta-, una proporción considerable del sector de subsistencia ha sobrevivido en muchas regiones del mundo, pese al compromiso de los gobiernos, pre- y post-independencia, de impulsar un desarrollo económico de corte capitalista".

Silvia Federici: "Mujeres, luchas por la tierra y globalización: una perspectiva internacional".


martes, 5 de abril de 2016

Que el poder colonial se sostenía sobre conductas patriarcales.

"El poder colonial se sostenía en conductas patriarcales de prepotencia masculina y obligada sumisión de las mujeres africanas. Se ha señalado que en el Zimbaue colonial eran más duras las actitudes y las políticas coloniales contra las mujeres debido a la mayor resistencia femenina a la imposición de las nuevas pautas sociales, económicas y culturales europeas. Al considerarse que las mujeres africanas ejercían mucho poder y que sus exigencias sexuales representaban un impedimento al reclutamiento de los hombres para trabajar, las autoridades coloniales adoptaron medidas represivas específicas contra ellas. Así, se procedió en diferentes ocasiones a la deportación de las mujeres de los pueblos coloniales. En Nigeria, en 1915, las autoridades británicas intentaron reducir el número de mujeres libres en la ciudad de Katsina al obligar a las mujeres no casadas a contraer matrimonio en el espacio de una semana o de lo contrario quedar desterradas, junto a las prostitutas, fuera de la ciudad.

(...) Reconducida como estrategia de resistencia anticolonial, la llamada Guerra de las Mujeres en 1920 se produjo cuando las mujeres de la región [Iboland, en Nigeria Sud Oriental] se movilizaron contra un conjunto de prácticas coloniales. Las revueltas contra las autoridades coloniales movilizaron a decenas de miles de mujeres en los pueblos Igbo e Ibibio. Rechazaron la imposición de impuestos, los tribunales coloniales oficiales y las prácticas económicas de las empresas europeas que reducían sus beneficios económicos como comerciantes e intermediarias. Atacaron las oficinas coloniales, incendiaron las tiendas europeas y los bancos británicos. Abrieron las cárceles, liberaron a los presos y cortaron las líneas de telégrafos. Aunque violentas, sus protestas no condujeron a la matanza de ningún miembro de las fuerzas coloniales de ocupación. Las autoridades coloniales respondieron, sin embargo, con una acción militar brutalmente represiva. El ejército británico mató a cincuenta mujeres e hirió a otras cincuenta más. A pesar de estas represalias, las protestas de las mujeres impidieron la posterior aplicación de impuestos".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La guerra de las mujeres.

"En noviembre de 1929, miles de mujeres igbo se reunieron en los centros de "administración nativa". Corearon, bailaron, entonaron canciones de burla, y demandaron las placas identificativas de los llamados Jefes de Garantía, los igbo elegidos de cada pueblo por los británicos como miembros de las Cortes Nativas. En algunos lugares las mujeres irrumpieron en las prisiones y liberaron a los detenidos.

Dieciséis Cortes Nativas fueron atacadas y la mayoría de ellas fueron destrozadas o quemadas. El "área de los disturbios" cubrió unos 9.650 km2 y contó con la participación de unos dos millones de personas. No se sabe cuántas mujeres estuvieron involucradas, pero la cifra estimada era de decenas de miles. En dos ocasiones, Agentes de Distrito británicos llamaron a la policía y a las tropas, quienes dispararon contra las mujeres y dejaron un total de más de cincuenta muertas y cincuenta contusionadas. Ninguna persona de la otra parte fue gravemente herida".

Judith Van Allen: "Aba Riots or Igbo women's war?" Ideology, stratification and invisibility of women".