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jueves, 6 de septiembre de 2018

Sobre la respetabilidad masculina.

"En realidad, el trabajo doméstico, tal y como lo conocemos, es una creación bastante reciente, que aparece a finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX cuando la clase capitalista de Inglaterra y de Estados Unidos, presionada por la insurgencia de la clase obrera y necesitada de una mano de obra más productiva, emprendió una reforma laboral que transformó la fábrica, y también la comunidad y el hogar y, por encima de todo, la posición social de las mujeres.

Si se contempla desde el punto de vista de sus efectos sobre las mujeres, esta reforma puede describirse como la creación del ama de casa a tiempo completo, un complejo proceso de ingeniería social que, en pocas décadas, sacó a las mujeres -especialmente a las madres- de las fábricas, aumentó sustancialmente los salarios de los hombres proletarios, lo bastante como para mantener a un ama de casa no trabajadora, e instituyó formas de educación popular para enseñar a la mano de obra femenina las habilidades necesarias para el trabajo doméstico.

No sólo los gobiernos y los patrones promovieron esta reforma. Los hombres proletarios también llamaron a la exclusión de las mujeres de las fábricas y otros lugares de trabajo asalariado, aduciendo que su lugar estaba en casa. (...) En la Primera Guerra Mundial, la idea de un 'salario familiar' o incluso de un 'salario digno' se había convertido en un objetivo clave en las negociaciones sindicales, respaldado por los partidos obreros de todo el mundo desarrollado capitalista. De hecho, ser capaz de ganar un salario suficiente para mantener a la familia se convirtió en un signo de respetabilidad masculina, que distinguía a las capas altas de la clase trabajadora de los trabajadores pobres".

Silvia Federici, "La construcción del ama de casa a tiempo completo y del trabajo doméstico en Inglaterra en los siglos XIX y XX".

domingo, 10 de junio de 2018

La separación entre el ama de casa y la prostituta.

"No carece tampoco de importancia que la creación de la familia de clase obrera y de una mano de obra más sana y productiva requiriese que se instituyera una separación neta entre el ama de casa y la prostituta; los defensores de la reforma reconocían que no iba a ser fácil convencer a las mujeres que se quedaran en casa a trabajar gratis, cuando sus propias amigas y hermanas ganaban más y trabajaban menos vendiendo servicios sexuales en las calles.

De igual manera, que hubiese tantas prostitutas en la clase obrera no se achacaba exclusivamente a los bajos salarios o a las condiciones de vida en hacinamiento, sino también a la falta de instrucción en el trabajo doméstico, la cual (...) al menos habría facilitado la exportación de muchachas proletarias a las colonias para que trabajaran como sirvientas. Enseñarles los quehaceres domésticos fue uno de los remedios propuestos a los problemas que planteaba la prostitución. Al mismo tiempo, se introdujeron nuevas regulaciones que trataban de controlar mejor el trabajo sexual y hacerlo más degradante (...).

Separar a la buena esposa, laboriosa y ahorrativa, de la prostituta derrochadora fue un requisito clave para la constitución de la familia que emergió con el cambio de siglo, puesto que dividir a las mujeres entre buenas y malas, entre esposas y putas, era una condición indispensable para que se aceptara el trabajo doméstico no remunerado.

(...) La separación de las amas de casa y las muchachas fabriles y, lo que es más importante, las amas de casa y las prostitutas provoca la aparición de una nueva división sexual del trabajo que se caracteriza no sólo por la separación de los lugares en los que trabajan las mujeres y sus respectivas tareas, sino también por las relaciones sociales que subyacen a sus respectivas tareas. La respetabilidad se convierte en la compensación por el trabajo no remunerado y la dependencia del hombre".

Silvia Federici, "La construcción del ama de casa a tiempo completo y del trabajo doméstico en Inglaterra en los siglos XIX y XX".

lunes, 19 de febrero de 2018

Roles, géneros y exclusiones bajo el Capitalismo (II).

"Por el contrario [al rol de trabajador], el otro rol que enlaza la economía oficial con la familia en el esquema de Habermas tiene una connotación femenina. Después de todo, quien consume es la compañera y asistente del trabajador en el capitalismo clásico. Porque la división sexual del trabajo doméstico asigna a las mujeres el trabajo -y es de hecho trabajo, aunque no remunerado y por lo general no reconocido- de comprar y preparar bienes y servicios par el consumo doméstico. Esto podemos confirmarlo incluso hoy mediante una visita a cualquier supermercado o tienda o bien observando la historia de la publicidad de los bienes de consumo, que casi siempre se refiere a su sujeto, el consumidor, en femenino. De hecho, ha elaborado toda una fantasmática del deseo basada en la feminidad del sujeto de consumo. Sólo de manera relativamente reciente, y con cierta dificultad, esos anunciantes han diseñado modos de interpelar a un suijeto de consumo masculino. El truco fue el de encontrar formas de posicionar a un consumidor masculino que no lo feminizasen, emasculasen o afeminasen. (...) Pero la dificultad y la demora del proyecto confirman el carácter sexualizado del rol de consumidor en el capitalismo clásico. Los hombres lo ocupan con tensión conceptual y disonancia cognitiva, de modo similar a como las mujeres ocupan el rol de trabajador".

Nancy Fraser: "¿Qué hay de crítico en la teoría crítica? El caso de Habermas y el género".

lunes, 11 de diciembre de 2017

Roles, géneros y exclusiones bajo el Capitalismo (I).

"Tomemos el rol de trabajador. En las sociedades capitalistas clásicas, dominadas por hombres, éste es un rol masculino, y no sólo en el sentido estadístico relativamente superficial. Existe por el contrario un sentido muy profundo en el que la identidad masculina está ligada en estas sociedades al rol de proveedor económico de la familia. La masculinidad consiste en gran parte en salir de casa a diario para dirigirse a un lugar de trabajo remunerado y volver con un salario que provee a los que dependen de uno. Es esta relación interna entre ser hombre y ser proveedor la que explica por qué en las sociedades capitalistas el desempleo puede ser psicológica, así como económicamente, tan devastador para los hombres. También arroja luz sobre la importancia de la lucha por obtener un salario familiar en la historia de los movimientos obreros y sindicales en los siglos XIX y XX. No fue una lucha por un salario concebido como un pago a un individuo carente de género por el uso de su fuerza de trabajo, sino por el contrario, como pago a un hombre para que sostenga a una esposa y unos hijos económicamente dependientes. Esta concepción, por supuesto, legitimaba la práctica de pagar menos a las mujeres por un trabajo igual o comparable.

La connotación masculina del rol de trabajador está confirmada por el carácter exasperado y tenso de la relación de las mujeres con el trabajo remunerado en el capitalismo clásico dominado por el varón. (...) No es que las mujeres estén ausentes del lugar de trabajo remunerado, sino que están presentes de manera distinta: por ejemplo, como trabajadoras de "servicios" feminizados y en ocasiones sexualizados (secretarias, empleadas domésticas, vendedoras, prostitutas y azafatas); como miembros de "profesiones asistenciales" que utilizan habilidades maternales (enfermeras, trabajadoras sociales, cuidadoras de niños, maestras de educación primaria); como objetos de acoso sexual; como trabajadoras mal pagadas, poco cualificadas y de baja categoría en ocupaciones segregadas por sexos; como trabajadoras a tiempo parcial; como trabajadoras con doble turno (trabajo doméstico no remunerado y trabajo remunerado); como esposas y madres que, de manera secundaria, salen a trabajar; como "proveedoras complementarias" de ingresos. Estas diferencias en la calidad de la presencia de las mujeres en el trabajo remunerado atestiguan la disonancia conceptual entre la feminidad y el rol de trabajador en el capitalismo clásico".

Nancy Fraser: "¿Qué hay de crítico en la teoría crítica? El caso de Habermas y el género".

miércoles, 22 de noviembre de 2017

No será el momento de hablar de posfeminismo mientras no podamos hablar de pospatriarcado.

"Tener una identidad social, ser una mujer o un hombre, por ejemplo, es exactamente vivir y actuar bajo un conjunto de descripciones, las cuales, por supuesto, no son secretadas sin más por el cuerpo de cada persona; si no exudados simplemente por su psique. Derivan, por el contrario, del fondo de posibilidades interpretativas del que disponen los agentes de sociedades específicas. De ahí deducimos que, para entender las dimensiones que el género tiene en la identidad social, no basta con estudiar biología o psicología. Por el contrario, debemos estudiar las prácticas sociales históricamente específicas a través de las cuales se producen y circulan las descripciones culturales de género.

Las identidades sociales son, además, enormemente complejas. Están entretejidas a partir de una serie de descripciones distintas que derivan de una pluralidad de prácticas significativas distintas. Nadie es, en consecuencia, simplemente mujer sino, por ejemplo, mujer blanca, judía, de clase media, socióloga, lesbiana, socialista y madre. Dado que todos actuamos en una pluralidad de contextos sociales, además, las diferentes descripciones que componen la identidad social de un individuo entran y salen del punto de mira. Una no siempre es, por tanto, mujer en el mismo grado; en algunos contextos, la condición de mujer constituye un elemento central en el conjunto de descripciones bajo las que una persona actúa; en otros, es periférica o permanece latente. Por último, no se da el caso de que las identidades sociales de las personas se construyan de una vez por todas y se fijen definitivamente. Por el contrario, se alteran con el tiempo, variando con los cambios de prácticas y afiliaciones de los agentes. Incluso el modo de ser mujer cambiará, por tomar un ejemplo drástico, cuando esa mujer se hace feminista. (...) En la actual ola de fermento feminista, muchas que antes habíamos sido mujeres de un modo establecido nos hemos convertido ahora en mujeres en el  sentido muy distinto de colectividad política discursivamente autoconstituida.

(...) Las identidades sociales cambiantes, complejas y construidas discursivamente proporcionan una alternativa a las concepciones esencialistas y cosificadas de la identidad de género, por una parte, y a las simples negaciones y dispersiones de la identidad, por otra. Nos permiten navegar con seguridad entre las dos orillas del esencialismo y el nominalismo, entre cosificar las identidades sociales de las mujeres bajo estereotipos de feminidad, por una parte, y disolverlas en la completa nulidad y el olvido, por otra. Afirmo, por lo tanto, que con la ayuda de una concepción pragmática del discurso podemos aceptar la crítica al esencialismo sin volvernos posfeministas. Esto me parece una ayuda valiosísima, porque no será el momento de hablar de posfeminismo mientras no podamos hablar legítimamente de pospatriarcado".

Nancy Fraser: "Contra el simbolismo: usos y abusos del lacanismo en la política feminista".

jueves, 18 de mayo de 2017

Y comieron perdices.

"El hombre de la mayoría de los cuentos de hadas, el príncipe azul, en realidad no es muy interesante. En la mayoría de cuentos de hadas, tiene un atractivo insulso y casi nunca muestra mucha personalidad, gusto o inteligencia. Se supone que debemos conformarnos porque es el príncipe azul y encantador. Se supone que con su encanto basta.

Las versiones Disney de los cuentos de hadas, probablemente las más conocidas, no presentan una gran oferta en lo que a príncipes se refiere. En La sirenita, el príncipe Eric tiene una gran mujer delante de sus narices, pero está tan obsesionado con una voz hermosa que escuchó una vez que no es capaz de valorar lo que tiene. En Blancanieves, el príncipe ni siquiera encuentra a Blancanieves hasta que está comatosa, y tiene tan poca imaginación que se enamora sin más de su cuerpo aparentemente exánime. En La bella y la bestia, Bella es entregada a la Bestia por su propio padre, y luego tiene que soportar las atenciones de un hombre que básicamente la ve como un mueble. Tendrá que sacrificarse y amar a una bestia de hombre para descubrir al final que en realidad es un apuesto príncipe.

Lo que tienen los cuentos de hadas es que la princesa encuentra a su príncipe, pero normalmente debe pagar un precio. Hace falta un compromiso para ser felices para siempre. En el cuento de hadas es la mujer quien suele pagar el precio. Parece que esa es la naturaleza del sacrificio".

Roxane Gay: Mala feminista.

jueves, 11 de mayo de 2017

Dudando de nuestra propia cordura.

"¿Por qué había de repente tanto conflicto con la representación sexual de las mujeres en la esfera pública? Desde mi punto de vista, era una cuestión demográfica. Las mujeres que habían terminado la secundaria a finales de los años setenta -cuando el pensamiento feminista estaba influyendo en las ideas sobre la sexualidad- se encontraban ahora a mitad de su veintena, un momento natural para la exploración sexual y la experimentación. El feminismo nos presentó conceptos como nuestros cuerpos, nuestras reglas, y al mismo tiempo, la prominente autora feminista Robin Morgan proclamaba el porno es la teoría, la violación es la práctica. Se nos animaba a que nos hiciéramos responsables de nuestros orgasmos y al mismo tiempo se afirmaba que la penetración era la práctica patriarcal de colonizar los cuerpos de las mujeres, y que cualquier mujer que lo deseara no estaba liberada. Esos mensajes contradictorios dejaban a toda mujer dudando de su propia cordura. Si las mujeres querían practicar juegos de roles o de intercambio de poder, penetrar a sus parejas o ser penetradas, o consumir pornografía en sus vidas privadas, se cuestionaban por ello sus credenciales feministas. Al definir lo personal como político, esta facción del feminismo también definía lo político como personal. Se nos instaba, usando las palabras de los cuáqueros del siglo XVIII, a decirle la verdad al poder, pero si lo hacíamos con nuestras propias voces individuales, se nos acusaba de traicionar a todo nuestro género".

Nina Hartley: "Porno: un medio efectivo para educar y modelar la conducta sexual".

lunes, 10 de abril de 2017

La Mujer Ideal trasladada del hogar al hospital.

"Si bien el trabajo de enfermera no era exactamente una ocupación atractiva para las mujeres trabajadoras, en cambio constituía un terreno abonado para las "reformadoras". Para reformar la asistencia hospitalaria era preciso reformar ante todo la actividad de las enfermeras y para dar a este trabajo un carácter aceptable para los médicos y las mujeres de "buen corazón" era indispensable crear una nueva imagen de las enfermeras. Florence Nightengale (inglesa de una familia de alta clase) logró introducir este cambio en los hospitales de campaña de la guerra de Crimea, donde llegó con un batallón de disciplinadas y sobrias damas de mediana edad y de familias de clase media-alta. 

(...) La nueva enfermera -la dama de la linterna- que asistía desinteresadamente a los heridos causó impacto en la imaginación popular. (...) Florence Nightengale y sus discípulas directas marcaron la nueva profesión con los prejuicios de su propia clase. La enseñanza consistía más en el carácter que en la habilidad profesional. El producto acabado (...) era simplemente la Mujer Ideal trasplantada del hogar al hospital y libre de obligaciones reproductoras. Esta mujer ofrecía al médico la obediencia absoluta, virtud de una buena esposa, y al paciente la altruista devoción de una madre, mientras ejercía sobre el personal subalterno del hospital la gentil pero firme disciplina de un ama de casa acostumbrada a dirigir la servidumbre. (...) La enfermera era la Mujer, con mayúscula. Las inventoras de este oficio veían en él una vocación natural de las mujeres, superada sólo por la maternidad. Cuando un grupo de enfermeras inglesas propuso la creación de un cuerpo profesional, con exámenes y título a semejanza de la profesión médica, Florence Nightengale replicó: Las enfermeras no pueden ser sometidas a examen ni se les pueden exigir títulos, como tampoco es posible exigírselos a las madres".

Barbara Ehrenreich y Deidre English: Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de sanadoras femeninas.

martes, 31 de enero de 2017

Que las verdades masculinas son solo verdades para la clase burguesa.

"La nueva mujer soltera es hija del sistema económico capitalista. (...) La mujer no tiene otro remedio que adaptarse rápidamente a las condiciones transformadoras de su existencia, a revisar a toda prisa las verdades morales que le proporcionaron las abuelas del pasado. Con sorpresa, advierte toda la inutilidad del peso moral con que le han cargado en la senda de la vida. las virtudes femeninas que durante siglos han cultivado en ella -pasividad, sumisión, dulzura- se revelan enteramente superfluas, inservibles, perjudiciales. La severa realidad exige otras virtudes; actividad, firmeza, decisión, dureza, es decir, "virtudes" que hasta hoy se han tenido por propiedad exclusiva del hombre. (...) En esta adaptación presurosa a las nuevas condiciones de existencia, la mujer comprende y asimila a menudo, sin críticas; las verdades masculinas que, contempladas más de cerca, vemos que sólo son verdades para la clase burguesa. (...) El mundo capitalista no concede perdón sino a las mujeres que han conseguido rechazar las virtudes femeninas y asimilar la filosofía de la lucha por la vida que le es propia al hombre".

Alejandra Kolontai: "La nueva mujer", 1918.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El cuerpo deseable.

"A la Afrodita agachada (250 a.C.) se le marcan las lorzas. Si la Venus de Milo (130-100 a.C.) viviera hoy, probablemente le acomplejaría tener las caderas más anchas que la espalda, probablemente fantasease con unos implantes de silicona para poder lucir canalillo. En la escultura griega clásica, los héroes y los dioses están cachas: tienen espalda ancha, bíceps marcados, pectorales definidos, piernas largas, tableta de chocolate y esos sugerentes surcos en las ingles que anhelan tener los chicos que se apuntan al gimnasio. Podrían ser tronistas de Mujeres y hombres y viceversa. El David, de Miguel Ángel (s. XVI) está cañón. Nos sorprende que las pálidas y celulíticas Tres Gracias, de Rubens, reflejen el canon de belleza de la época (s. XVII); Paris y Hermes, sin embargo, seguirían siendo considerados unos hombretones agraciados.

María Félix, comunicadora social y activista gorda nicaragüense, explica que los cánones de belleza son dictados por el poder, determinados por sistemas de opresión como el género y la raza. De ahí que el estereotipo de cuerpo femenino deseable haya variado tanto en la cultura occidental en función del momento histórico; mucho más de lo que ha variado el cuerpo masculino deseable. Las caderas anchas han sido más valoradas en periodos en los que la economía requería de altas tasas de natalidad.

Los cánones de belleza se van imprimiendo en el imaginario colectivo a través del arte o de los medios de comunicación, según la época. Se convierten en modelos de referencia para las mujeres, que desearán parecerse a ellos.

(...) Esa lógica de un cuerpo único te niega. Yo tengo un cuerpo muy parecido al de mi mamá. Si yo renegara de mi cuerpo, estaría negando el cuerpo de mi mamá, de mi abuela, de mis ancestras, y me estaría negando a mí misma, exclama María Félix".

June Fernández: 10 ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía.

lunes, 17 de octubre de 2016

Que nuestra especialidad es la auto-anulación.

"Al distribuir los beneficios, la liberación de las mujeres le ha dado a mi generación ingresos altos, nuestro propio cigarrillo, la opción de ser madres solteras, centros para las crisis por violación, líneas de crédito personales, el amor libre y ginecólogas mujeres, escribe Mona Charen, joven estudiosa del derecho en la National Review, en un artículo titulado "El error feminista". A cambio, nos ha quitado efectivamente aquello en lo que se apoya la felicidad de la mayoría de las mujeres: los hombres. La National Review es una publicación conservadora, pero esos cargos contra el movimiento de las mujeres no se limitan a sus páginas. Nuestra generación fue el sacrificio humano al movimiento femenino, afirma la autora Elizabeth Mehren en una nota al fondo de Los Angeles Times. Las mujeres del "auge de los bebés" (los niños nacidos en la década de 1940) como ella, observa, han sido engañadas por el feminismo: Creímos en la retórica. En Newsweek, la autora Kay Ebeling tilda al feminismo de "Gran Experimento que fracasó" y asevera: las mujeres de mi generación, las perpetradoras, son las víctimas. Lo dicen incluso las revistas de belleza: Harper's Bazaar acusa al movimiento femenino de haber perdido terreno (para las mujeres) en lugar de ganarlo".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

"De todos los enemigos de la mujer, os digo que los peores son los que insisten en que la mujer es un ángel. Decir que la mujer es un ángel es imponerle, de una manera sentimental y admiradora, todos los deberes, y reservar para sí mismo todos los derechos; es presuponer que su especialidad es la auto-anulación, resignación y sacrificio; es sugerirle que la gloria mayor de una mujer, su mayor felicidad es inmolarse por las personas que quiere; (...) es decir que ella responderá al absolutismo con sumisión, a la brutalidad con docilidad, a la indiferencia con la ternura, a la inconstancia con la fidelidad, al egoísmo con la devoción".

María Deraismes.

jueves, 6 de octubre de 2016

La crisis de la masculinidad.

"La crisis de la masculinidad volvería con cada reacción. Los noveles Boy Scout de Norteamérica reclutaban a un quinto de todos los muchachos norteamericanos para 1920; la meta explícita de su fundador era contener la feminización del varón norteamericano retirando a los jóvenes de la muy poderosa órbita femenina. El jefe de los scouts Ernest Thompson Ston temía que los muchachos se estuvieran degenerando en "un grupo de fumadores de cigarrillos de pecho chato, de nervios inestables y dudosa vitalidad". Nuevamente, en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, los comentaristas y las figuras literarias masculinas se inquietaban mucho por las reducidas potencias varoniles. En el hogar, el "mamismo" estaba chupándose los juegos viriles. El libro de gran venta Generation of Vipers [Generación de víboras] de Philip Wylie advertía: Debemos enfrentar de inmediato a la dinastía de las damas, privarlas de nuestras billeteras, antes de que el hombre norteamericano degenerara en el varón abdicante. En lo que se suponía el número especial sobre "La mujer norteamericana", la revista Life hacía hincapié en la rodilla débil del hombre norteamericano. Como las mujeres no habían estado a la altura de sus deberes femeninos, el artículo de 1956 acusaba: "El norteamericano emergente tiende a ser pasivo e irresponsable". En el mundo de los negocios, el Wall Street Journal advirtió en 1949 que las "mujeres están tomando el poder". Look lamentaba el surgimiento del "dominio femenino": primero las mujeres habían tomado el control de la Bolsa, y ahora estaban avanzando hacia "los empleos ejecutivos con autoridad".

(...) Bajo esa reacción, como en las predecesoras, había predominado una respuesta excesiva, a menudo ridícula, al modesto progreso de las mujeres. "Las mujeres están dominando", es nuevamente una expresión que muchas trabajadoras oyen a sus colegas masculinos cuando una o dos mujeres han sido promovidas en la compañía, mientras la dirección superior sigue siendo sólidamente masculina. (...) En la universidad de Boston, el presidente John Silbert decía enfurecido que su departamento de Inglés se había convertido en un "maldito matriarcado", cuando sólo seis de sus veinte miembros eran mujeres. Las feministas tienen "control absoluto" del Pentágono, se quejó un brigadier general, cuando las mujeres, mucho menos las feministas, representaban escasamente el 10% de los servicios armados y en general estaban relegadas a los niveles inferiores de las fuerzas".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

martes, 4 de octubre de 2016

Que las mujeres son infelices precisamente porque son libres.

"Este boletín de la desesperación se exhibe en todas partes: en el quiosco de periódicos, en la televisión, en el cine, en los avisos publicitarios, en los consultorios médicos y en las publicaciones académicas. Las mujeres profesionales están padeciendo "agotamiento" y sucumbiendo a una "epidemia de infertilidad". Las mujeres solteras sufren la "escasez de hombres". Informa el New York Times: las mujeres sin hijos están "deprimidas y confundidas" y aumentan sus filas. Newsweek dice: las mujeres solteras están "histéricas" y se derrumban bajo una "profunda crisis de confianza". Los manuales de consejos sanitarios informan: las mujeres de carreras importantes se ven atacadas por desusados brotes de "perturbaciones inducidas por el stress", pérdida del pelo, neurosis, alcoholismo e incluso problemas cardíacos. Observan los libros de psicología: la soledad de las mujeres independientes representa "un importante problema de salud mental en el presente". Incluso la feminista fundadora Betty Friedan ha estado advirtiendo: las mujeres padecen ahora una nueva crisis de identidad y "nuevos problemas que no tienen nombre".

¿Cómo puede ser que las mujeres norteamericanas tengan tantos problemas en un momento en que se supone que son tan felices? Si la condición de la mujer nunca ha sido más alta, ¿por qué está tan bajo su estado emocional? Si las mujeres tienen lo que querían, ¿cuál puede ser el problema ahora?

La sabiduría predominante de la década pasada ha dado pie a una y sólo una respuesta a este enigma: debe ser toda esa igualdad lo que está causando todo ese dolor. Las mujeres son infelices precisamente porque son libres. Las mujeres se han esclavizado con su propia liberación. Aferraron la sortija dorada de la independencia sólo para perder la única sortija que realmente importa. Obtuvieron el control de su fertilidad sólo para destruirla. Persiguieron sus propios sueños profesionales para ser derrotadas en la mayor aventura femenina. El movimiento femenino, nos dicen reiteradas veces, ha demostrado ser el peor enemigo de las mujeres".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

jueves, 15 de septiembre de 2016

La cultura occidental da asco (VIII).

"Nuestra sociedad ha estado influenciada hasta el tuétano por pensamientos tan importantes en la historia de Occidente como los de Aristóteles, por ejemplo, que han marcado su pensamiento científico y el pensamiento filosófico, anclados en afirmaciones tan disparatadas como aquellas de que el mejor adorno de la mujer es el silencio o que siendo la palabra el fundamento mismo de la polis hay que privar a la mujer del uso de la palabra. (...) Ahí está San Agustín, otro elemento del pensamiento occidental y universitario, asegurando que la mujer es un varón incompleto porque así lo ha querido Dios".

Beatriz Carrillo: "Gitanas a la conquista de la historia".

"Las mujeres se han hecho tan poderosas que nuestra independencia se ha perdido en nuestros propios hogares y ahora está siendo pisoteada en público. Así se lamentaba Catón en el 195 a.C., después de que unas pocas mujeres romanas trataran de repeler una ley que prohibía a su sexo viajar en carrozas y lucir trajes multicolores. En el siglo XVI, la sola posibilidad de que dos damas reales pudieran ocupar tronos en Europa al mismo tiempo hizo que John Knox emitiera su famosa diatriba: El primer toque de la trompeta contra el monstruoso regimiento de mujeres.

Para el siglo XIX, los voceros de los temores masculinos en general habían aprendido a ocultar su ansiedad por la independencia femenina detrás de máscaras de paternalismo y piedad. Como explicó a sus lectoras Edward Bok, legendario editor victoriano del Ladie's Home Journal y guardián de la moral femenina, el sexo más débil no debe aventurarse más allá de la esfera familiar porque sus nervios rebeldes instantánea y correctamente advierten: Hasta acá irás, pero no más lejos".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

martes, 13 de septiembre de 2016

La era de la masculinidad compulsiva.

"Una "crisis de masculinidad" ha hecho erupción en cada período de reacción en el último siglo, una compañera fiel y silenciosa del pedido fuertemente expresado de un "retorno a la feminidad". A fines de la década de 1900, un chubasco de literatura que desacreditaba al "varón blando" cayó desde las prensas. "Toda la generación está afeminada", se lamentaba Basil Ransom, protagonista de The Bostonians [Las bostonianas] de Henry James. El tono masculino está desapareciendo del mundo; es una época femenina, nerviosa, histérica, conversadora, gazmoña. El carácter masculino... eso es lo que deseo preservar, o más bien puedo decir, recuperar, ¡y debo decir que no me importa en lo más mínimo qué sucede con ustedes, señoras, mientras hago el intento! Los manuales relativos a la crianza de niños instaban a los padres a endurecer a los hijos varones con colchones duros y regímenes atléticos vigorosos. Billy Sunday conducía el ataque clerical contra la religión "feminizada", promoviendo un "cristianismo muscular" y un Jesús que no fuera "ninguna propuesta débil con cara de pasta" sino "el mayor camorrista que existió nunca". Theodore Roosevelt advirtió en cuanto al peligro nacional de perder "la fibra de vigorosa valentía y masculinidad" y endureció su propia fibra con los Rough Riders. La jactancia marcial predominaba en la plataforma política; en verdad, según escribe el sociólogo Theodore Roszak de la era de la "masculinidad compulsiva" que culminó en la Primera Guerra Mundial, El periodo que condujo a 1914 se lee en los libros de historia como una larga tertulia de hombres solos borrachos".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Esas mujeres se convierten en hombres.

"Mujeres que no se oponían al patriarcado, al capitalismo, al clasismo o al racismo se llamaban a sí mismas feministas. Sus expectativas variaban. Las mujeres privilegiadas querían igualdad social con los hombres de su clase, algunas mujeres querían un salario igual por el mismo trabajo, otras querían un estilo de vida alternativo. Muchas de estas preocupaciones legítimas eran fácilmente cooptadas por el patriarcado capitalista".

bell hooks: "Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista".

"Las acciones propuestas por los grupos feministas son espectaculares, provocadoras. Pero la provocación sólo saca a la luz un determinado número de contradicciones sociales. No revela las contradicciones radicales de la sociedad. Las feministas mantienen que no pretenden la igualdad con los hombres, pero sus prácticas revelan lo contrario. Las feministas son una vanguardia burguesa que mantiene, de forma invertida, los valores dominantes. La inversión no facilita el paso a otra clase de estructura. ¡El reformismo le viene bien a todo el mundo! El orden burgués, el capitalismo, el falocentrismo son capaces de integrar a tantas feministas como sea necesario. En la medida en que esas mujeres se convierten en hombres, a fin de cuenta sólo significan unos cuantos hombres más. La diferencia entre sexos no reside en si se tiene o no pene, sino en si se forma parte o no de la economía fálica masculina".

Atoinette Fouque.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La producción cultural de la solterona o El mito del reloj biológico.

"Otros vehículos de la cultura popular han estado señalando la misma conexión: en los films de Hollywood, de los cuales Atracción fatal es uno de los más famosos, las mujeres emancipadas con vivienda propia andan furtivamente con ojos despavoridos entre paredes desnudas, pagando su libertad con una cama vacía, un vientre yermo. "Mi reloj biológico emite un tictac tan alto que me mantiene despierta por las noches", grita Sally Field en el film Surrender que, en una transformación muy común en el cine de la década del '80, de las combativas heroínas trabajadoras pasó a representar a mujeres que se desesperan por un hombre. En los principales programas televisivos las mujeres solteras, profesionales y feministas son humilladas, convertidas en arpías o sufren colapsos nerviosos; las inteligentes lamentan su estilo independiente para la secuencia final. En las novelas populares, de A sing of the eighties [Un signo del '80] de Gail Parent a Misery de Stephen King, las mujeres solteras se reducen a solteronas llorosas o se inflan convirtiéndose en diablas que respiran fuego; renunciando a todas las aspiraciones salvo al casamiento, imploran anillos de boda ante extraños o arrojan hachas a solteros renuentes. "Lo estropeamos esperando", solloza con remordimiento una típica mujer profesional en Singular women [Mujeres singulares] de Freda Bright: ella y sus hermanas, profesionales, están "condenadas a no tener nunca hijos". Incluso la heroína independiente y de alto vuelo Erica Jong literalmente se estrella hacia el final de la década, cuando la escritora reemplaza a la vivaz Isadora Wing de Temor de volar, símbolo de la emancipación sexual femenina de la década del '70, por una profesional amargada que recupera su dependencia en Any woman's blues [Las tristezas de cualquier mujer], un libro que intenta, como lo declara francamente la narradora, 'demostrar en qué callejón sin salida se ha convertido la denominada revolución sexual, y qué desesperadas han estado las llamadas mujeres libres en los últimos años de nuestra época decadente'".

Susan Falude: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

sábado, 3 de septiembre de 2016

¡Qué buena suerte!

"Ser mujer en Norteamérica a fines del siglo XX: ¡qué buena suerte! Al menos, eso es lo que oímos todo el tiempo. Han caído las barreras, nos aseguran los políticos. Las mujeres "lo han logrado", se viva en Madison Avenue. La lucha de las mujeres por la igualdad "en gran medida se ha ganado", anuncia la revista Times. Se matriculan en cualquier universidad, ingresan en cualquier firma de abogados, solicitan un crédito en cualquier banco. Las mujeres tenemos ahora tantas oportunidades, dicen los empresarios líderes, que realmente no necesitamos políticas de igualdad de oportunidades. Las mujeres somos tan iguales ahora, dicen los legisladores, que ya no necesitamos una Enmienda de Derechos Iguales. Las mujeres tienen "tanto", dice el ex presidente Ronald Reagan, que la Casa Blanca ya no necesita nombrarlas en puestos más altos. Incluso los avisos de American Express saludan la libertad de la mujer para usar sus servicios. Las mujeres han recibido al fin los documentos que acreditan su ciudadanía completa.

Y sin embargo...

Detrás de esta celebración de la victoria de la mujer norteamericana, detrás de las noticias reiteradas interminable y alegremente de que se ha ganado la batalla por los derechos de la mujer, figura otro mensaje. Pueden ser libres e iguales ahora, les dice a las mujeres, pero nunca han sido más infelices".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

martes, 21 de junio de 2016

¿Y quién no lo es?

"Siempre he sido muy femenina, menos en una época en que tomé contacto con el feminismo, como activista y como lectora, y empecé a ver esa feminidad como una opresión, como algo impuesto, y me planteé que yo tenía que ser otra cosa. Después comprobé que a mí me gustaba ser femenina y punto. (...) Yo lo hacía porque sentía que políticamente era lo que tocaba pero a mí no me sentaba bien, vivía en una contradicción. Era una autoimposición, yo me lo marcaba como un objetivo.

(...) Durante años pensaba antes de salir de casa: me he puesto este escote, no puedo ir a este bar o a este otro porque me encontraré con mis compañeras de lucha y qué van a pensar. O: tengo reunión, ni de coña me pongo este vestido ajustado. Yo consideraba que mi aspecto tenía que estar en la misma línea del sitio al que iba, porque si no me sentiría rechazada. Cuando esto se prolonga durante mucho tiempo te va generando una sensación de no saber dónde estás ni quién eres. Me ha costado mucho, hasta hace relativamente poco tiempo, decir: salgo como me sale del coño y me da igual quien me vea. Ahora lo tengo muy claro pero durante años viví en lucha interna entre lo que yo quería de mí misma y el miedo a ser un producto patriarcal. ¿Y quién no lo es?".

Begoña, testimonio recogido en Itziar Ziga: Devenir perra.

martes, 12 de abril de 2016

Que esas ideas que se han apoderado de ti por un momento te harían desgraciada.

"Desde su inteligencia a su estatura, todo en ella es inferior y contrario a los hombres. Todo en ella va de fuera a dentro. Todo es concentrativo, receptivo y pasajero; en un hombre todo es activo y expansivo (...) En sí misma, la mujer, no es como el hombre, un ser completo; es sólo el instrumento de la reproducción, la destinada a perpetuar la especie; mientras que el hombre es el encargado de hacerla progresar, el generador de inteligencia, a la vez creador y demiurgo del mundo social. Así es que todo tiende hacia la no-igualdad entre los sexos y la no-equivalencia; de modo que las mujeres, inferiores a los hombres, deben ser su complemento en las funciones sociales".

Pompeyo Gener: "De la mujer y sus derechos en las sociedades modernas", La Vanguardia, 26 de febrero de 1889.

"El hombre y la muger no tienen iguales derechos ni los mismos deberes, prescindiendo de los generales de la especie humana. La muger, por su naturaleza, no debe ni puede tener las mismas ocupaciones que el hombre. Esas ideas que se han apoderado de ti por un momento te harían desgraciada, porque destruyen y aniquilan los lazos de la familia".

Doña F. de A. P. y Mariano Carderera: La ciencia de la mujer al alcance de las niñas, 1856. Texto aprobado por el Consejo Real de Instrucción Pública para su difusión en las escuelas.

Imagen procedente de Conspiração Libertina