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viernes, 13 de noviembre de 2015

La Movida estaba subvencionada.

"En el Estado español, ya a la altura de 1978, la referencia underground era la Movida madrileña. Esta, aunque desde luego estuviera influenciada por el punk inglés, comparte más rasgos estilísticos superficiales con aquel que contextos culturales y políticos. El ambiente de "libertad" que tanto ha celebrado la Movida madrileña, de superación del oscurantismo franquista, casa mal con la insurgencia punk, que, aunque se exprese de muchas maneras diferentes, no deja de mostrar su disgusto y disconformidad con la realidad social y política. Desde este punto de vista, no es difícil entender por qué la Movida recibió tantos apoyos institucionales, de una alcaldía de Madrid recién estrenada por el PSOE, y más tarde del Gobierno, deseosos de marcar diferencias visibles con el régimen anterior. De hecho, la opinión de muchos de los protagonistas del rock radical vasco sobre la Movida madrileña es unánime: "Estaba subvencionada". En el fondo, la Movida madrileña, con las excepciones que haga falta, como movimiento cultural tiende a caer en el ámbito de ese pacto cultural al que llamaremos Cultura de la Transición".

Roberto Herreros e Isidro López: El estado de las cosas de Kortatu. Lucha, fiesta y guerra sucia.

martes, 3 de noviembre de 2015

La historia de un levantamiento popular cerrado en falso.

Sólo desde hace algunos, pocos, años se ha empezado a recuperar la historia del periodo posterior y del inmediatamente anterior a la muerte de Franco como la historia de un levantamiento popular cerrado (en falso, pero cerrado) con los pactos del 78. Como todos los falsos cierres de una situación potencialmente revolucionaria, en la España de finales de los setenta se produjo una operación de integración de algunos grupos sociales y de exclusión de otros. Una parte de lo que habían sido las luchas antifranquistas, en concreto las luchas estudiantiles en los distintos campus universitarios, en realidad formada por aquellos que estaban llamados a componer una nueva clase media profesional, lideró simbólicamente el proceso de transición y, de paso, se situó en las posiciones "ganadoras" del proceso. Es decir, aquellas que en el medio plazo aseguraban una posición cultural hegemónica y una posición económica de cierto desahogo. Esta capa social es la que se ha visto reflejada en esa peculiar descripción, mitad costumbrista mitad política, que es "lo progre", diminutivo gazmoño de "progresista", que designa una actitud liberal, complaciente con el futuro, de "izquierdas", pero sin estridencias, y, sobre todo, confiada en su superioridad moral. Su correspondencia con los gustos culturales de la clase media ha bailado siempre al son de la gran esperanza de modernización del país que, abandonada toda ínfula revolucionaria o de radicalización democrática, pasa, obvio, por Europa. Una aspiración que apenas escondía la asunción acrítica del nuevo régimen de economía política.

Roberto Herreros e Isidro López: El estado de las cosas de Kortatu. Lucha, fiesta y guerra sucia. Referencia a Emmanuel Rodríguez: Hipótesis Democracia.

viernes, 29 de mayo de 2015

Contra la situación que hace posible que el hombre nos oprima.

"Las mujeres que participan en las primeras jornadas catalanas de la mujer tanto las que militan en partidos políticos y organismos unitarios como las que no, denunciamos la carencia de interés, por parte de estas organizaciones, hacia los problemas específicos de la mujer (...).

Pensamos que, siendo indispensable la autonomía del feminismo como organización reivindicativa, es sólo mediante la presencia activa y teórica de la mujer en las estructuras y programas encargados de encauzar las reivindicaciones sociales, como podrían lograrse sus objetivos. Nuestra lucha como mujeres no debe ser una lucha contra el sexo masculino, sino contra la situación que hace posible que el hombre nos oprima, contra las estructuras que mantienen el poder de decisión, configuración y actuación en manos exclusivamente masculinas".

Jornadas Catalanas de la Mujer, mayo de 1976.

martes, 12 de mayo de 2015

Que las mujeres habían sido víctimas del consenso político.

"En julio de 1978, la CFB [Coordinadora Feminista de Barcelona] exigía que nuestros derechos más elementales adquieran categoría constitucional para que no puedan ser eliminados en cualquier momento. Calificaban el proyecto constitucional de tremendamente restrictivo respecto a las mujeres porque no incorporaba aquellas reivindicaciones olvidadas y tal elementales para nosotras como podría ser la planificación denominada familiar, desde la conocida "pastilla" a cualquier otro método de control de la natalidad. La palabra divorcio se ha cambiado por disolución, se protege la vida pero no la de las mujeres que mueren cada día a raíz de los abortos ilegales.

Clarificaba que era insuficiente el principio de igual trabajo, igual salario contemplado en el borrador constitucional porque el movimiento de las mujeres exigía la igualdad de trabajos y de capacidades. La defensa de la familia en la Constitución suscitó también su crítica al considerar que representaba un instrumento de opresión femenina.

(...) Al no recoger los derechos reivindicados, la Coordinadora Feminista consideraba que las mujeres habían sido víctimas del consenso político en la redacción de una Constitución que calificaba de machista y discriminatoria. Los partidos de la izquierda extraparlamentaria, en especial la Liga Comunista Revolucionaria, con una gran influencia en la Coordinadora Feminista, rechazaron la Constitución y se movilizaron en contra del referéndum. Un núcleo de la CFB firmó un manifiesto contra la Constitución al plantear que representaba la perpetuación de la opresión de las mujeres. (...) En cambio, las mujeres de los partidos parlamentarios (...) dieron su adhesión a la Constitución, a pesar de reconocer sus limitaciones".

Mary Nash: "La construcción de una cultura política desde la legitimidad feminista durante la transición democrática".