Mostrando entradas con la etiqueta Criminalidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Criminalidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de junio de 2018

By order of Molly Maguire.

"En fuerte contraste con las ineficaces organizaciones obreras de la época, surge la sociedad secreta de los Molly Maguires, activa en los últimos años sesenta y los primeros setenta del siglo XIX entre los mineros de las áreas carboníferas de Pensilvania, que hizo del terrorismo y del asesinato su principal herramienta.

Para comprender el contexto en el que aparece este grupo, abría que trasladarse a la Irlanda de la década de los cuarenta del siglo XIX en que, en un contexto prácticamente feudal, una dama enérgica, la viuda Molly Maguire, se convirtió en la principal figura de una resistencia difusa contra el sistema de rentas imperante en el país.

Era un personaje pintoresco y bárbaro, con la cara tiznada de negro y un par de pistolas bajo las enaguas, sujetas a sus robustos muslos. El principal objeto de sus iras eran los terratenientes y sus esbirros, los alguaciles y los funcionarios de los juzgados a quienes ella o sus chicos, que se llamaban a sí mismos Molly Maguiries o simplemente 'mollies', agredían o directamente asesinaban. Estaba también contra el Gobierno, que ayudaba a los tiránicos terratenientes con la recaudación de las rentas, y lideraba el llamado Partido de la Tierra Libre, cuya bandera eran las enaguas rojas de Molly. Si un terrateniente o sus esbirros se atrevían a desalojar a un campesino incapaz de pagar, podían darse por muertos... Los 'mollies' o la misma señora Maguire terminarían por enterarse y el cadáver aparecería en cualquier zanja o, incluso, en su propia casa.

La sistemática política asesina de los 'mollies' fue tan efectiva que, durante un tiempo, zonas de Irlanda como Tipperary, King's & Queen's Counties, o West Meath, se volvieron inhabitables salvo para el grupo y sus simpatizantes. Al final, las autoridades, azuzadas por los desesperados terratenientes, comenzaron a perseguir a Molly y sus chicos hasta que se vieron obligados a emigrar a América durante la década de 1850".

Louis Adamic, Dinamita. Historia de la violencia de clases en Estados Unidos, 1826-1934.

martes, 19 de enero de 2016

Por ser ingobernables.

"Entre las causas de la delincuencia, en especial la juvenil, se identifica, junto a la broken family, el desinterés de los niños por la escuela -pero la desgana es también fruto directo de la falta de alimento y zapatos y de la cantidad de problemas a las espaldas, el trabajo externo, para quienes lo tienen, y la vida de calle-.

(...) Si leemos atentamente las estadísticas de los tribunales de menores, aparecen algunas diferencias interesantes en relación con el comportamiento masculino y femenino y la actitud correspondiente de la judicatura. Tomando una investigación ejemplar, realizada en 88 tribunales en 1930 resulta que, en el caso de los chicos, aparte de la genérica conducta alborotadora, los delitos más frecuentes pro los que se les persigue son: robo de objetos varios y robo con fuerza y receptación. El robo de coches, catalogado por separado, tiene una media alta. En el caso de las chicas, en cambio, los delitos que las llevan con mayor frecuencia ante los tribunales son el hecho, genérico, de ser ungovernable [ingobernables] y de haber cometido sex offenses [infracciones sexuales]. Siguen, por orden de importancia, escaparse de casa y, a continuación, faltar a la escuela. Son casi inexistentes el robo con violencia, el robo de coches y el atraco a mano armada. Roban, en cambio, alguna cosa, pero poco y a través de formas simples de robo sin agravantes.

Por otro lado, la criminología y la sociología, que investigan a la par en aquellos años los orígenes de la disgregación social, coinciden claramente en señalar que la familia rota puede producir el máximo de los males si en su seno hay una "madre inmoral".

Por las mismas "infracciones sexuales" por las que se arresta y encarcela a las mujeres menores y adultas, no se castiga a muchachos y hombres".

Mariarosa Dalla Costa: "Familia, políticas de bienestar y Estado entre Progresismo y New Deal".

viernes, 8 de mayo de 2015

El crimen tenía que ser sofocado.

"El criminal se convirtió en una de las figuras centrales de la segunda mitad del siglo XIX. Se insistía en que su número y maldad aumentaba, y en que era preciso exigir una mayor represión y un endurecimiento del Derecho que condujera a un mayor número de juicios y a una mayor dureza de las penas y su aplicación. El crimen tenía que ser sofocado y para conseguirlo, para identificar peligrosidad social con criminalidad, era necesaria una moral que sancionase las leyes que los gobiernos aprobaban; una moral capaz de aunar la "sensibilidad burguesa" -tópica, de nula consustencia y fácilmente moldeable- con la "defensa social". Defensa que consistió no sólo en arbitrar medidas jurídicas o policiales, sino también en justificar, de la forma más científica posible, la génesis de la criminalidad y de un fenómeno conexo con ella, la locura, tratando de ocultar casi sistemáticamente la innegable repercusión de los cambios sociales que la instauración de un nuevo modo de producción imponía sobre determinados comportamientos humanos.

Es en este contexto en el que la degeneración y la Antropología criminal, defendiendo la existencia de unos "estigmas físicos" que estarían en correspondencia con los caracteres psicológicos de los criminales y los locos, iban a servir de soporte científico a quienes interesaba ocultar que el origen de la delincuencia poseía profundas raíces sociales".

Ricardo Campos, José Martínez y Rafael Huertas: Los ilegales de la naturaleza. Medicina y degeneracionismo en la España de la Restauración (1876-1923).