lunes, 31 de agosto de 2015

San Lunes.

"Parece ser que, de hecho, San Lunes era venerado casi universalmente dondequiera que existieran industrias de pequeña escala, domésticas y a domicilio; se observaba generalmente en las minas, y alguna vez continuó en industrias fabriles y pesadas*. Se perpetuó en Inglaterra hasta el siglo XIX -y en realidad hasta el XX- por razones complejas de índole económica y social. En algunos oficios, los pequeños patronos aceptaron la institución y emplearon los lunes para tomar o entregar trabajo.

*Epecialmente en las minas. Un viejo minero de Yorkshire me dice que en su juventud era costumbre, en las buenas mañanas de lunes, echar una moneda al aire para decidir si se iba o no a trabajar.

(...) La tentación de ahorrarse unas horas por la mañana, prolongaba el trabajo hasta la noche, horas iluminadas por velas. De pocos oficios se dice que no hagan honor a San Lunes: zapateros, sastres, carboneros, trabajadores de imprenta, alfareros, tejedores, calceteros, cuchilleros, todos los cockneys. A pesar del pleno empleo de muchos oficios en Londres durante las guerras napoleónicas, un testigo se lamentaba de que vemos que se guarda San Lunes tan religiosamente en esta gran ciudad (...) generalmente seguido de un San Martes también".

E. P. Thompson: "Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo industrial".


jueves, 27 de agosto de 2015

La esquina es de quien la trabaja.

"Mientras hoy un sector del feminismo arrimado a las instituciones y que ha imitado la estrategia del lobby de las líderes antipornografía de principios de los ochenta conspira, esta vez para tratar de prohibir la prostitución, trabajadoras del sexo en todo el mundo se afanan en enseñar a las putas más vulnerabilizadas a cuidar de ellas mismas, como Annie Sprinkle, Sharon Mitchell o las italianas Carla Corso y Pia Covre con su programa Stella Pollare. Las abolicionistas de la prostitución consideran que las putas son las víctimas cardinales del patriarcado, sin embargo, no solo no velan por su seguridad sino que además combaten a quienes sí cuidan de ellas. Con las putas pasa algo sorprendente: socialmente son consideradas las únicas víctimas que merecen su castigo".

Itziar Ziga: Malditas. Una estirpe transfeminista.



miércoles, 26 de agosto de 2015

De la desposesión del tiempo de vida.

"Allí trabajábamos mientras pudiéramos ver en el verano, y no sé decir a qué hora parábamos. Nadie sino el patrón y su hijo tenía reloj, y no sabíamos la hora. Había un hombre que tenía reloj (...). Se lo quitaron y lo pusieron bajo custoria del patrón porque había dicho a los hombres la hora".

Alfred [S. Kydd]: History of the Factory Movement, 1857.

"En realidad no había horas regulares: patronos y administradores hacían con nosotros lo que querían. A menudo se adelantaban los relojes de las fábricas por la mañana y se atrasaban por la tarde; y en lugar de ser instrumentos para medir el tiempo, se utilizaban como capotes para el engaño y la opresión. Aunque esto se sabía entre los hombres, todos tenían miedo de hablar, y entonces los trabajadores temían llevar relojes consigo, pues no era cosa rara que despidieran a cualquiera que presumiera de saber demasiado sobre la ciencia de la horología".

Anónimo: Chapters in the life of a Dundee factory boy, 1887.


martes, 25 de agosto de 2015

Que debían haber esperado doscientos años para su liberación.

"Las iniciadoras de los motines eran, con frecuencia, las mujeres. Sabemos que en 1693 una gran cantidad de mujeres se dirigió al mercado de Northampton, con "cuchillos escondidos en sus corpiños para forzar la venta del grano según su propia evaluación". En un motín contra exportación en 1737, en Poole (Dorset), se informó que los Grupos se componen de muchas Mujeres, y los Hombres las apoyan, y Juran que si alguien se atreve a molestar a alguna de las Mujeres en sus Acciones, ellas pueden levantar un Gran Número de Hombres y destruir tanto Barcos como Cargamentos. El populacho fue alzado en Stockton (Durham) en 1740 por una "Señora con un palo y una corneta". En Haverfordwest (Pembroke), en 1795, un anticuado juez de paz que intentó, con ayuda de un subalterno, luchar contra los mineros del carbón, se quejó de que las mujeres incitaban a los Hombres a la pelea, y eran perfectas furias.

(...) Un grupo de mujeres (...) fue al molino de viento de Godsen, donde, injuriando al molinero por haberles dado harina morena, se apoderaron del lienzo del tamiz con el que el molinero estaba preparando la harina de acuerdo con las normas del Decreto del Pan, y lo cortaron en mil pedazos; amenazando al mismo tiempo con tratar así todos los utensilios similares que intentase usar en el futuro de igual manera. La amazónica dirigente de esa cabalgata de sayas, ofreció después a sus colegas licor, por valor de una guinea, en la taberna de Crab Tree.

(...) Estas mujeres parecen haber pertenecido a una prehistoria de su sexo anterior a la caída, y no haber tenido conciencia de que debían haber esperado doscientos años para su liberación".

E. P. Thompson: "La economía moral de la multitud".

lunes, 24 de agosto de 2015

Porque tenemos miedo.

"En ningún momento se nos dice su nombre. Ninguno de los soldados estadounidenses que la rodeaban se habría interesado por esas sutilezas. Las únicas consideraciones relevantes eran que se trataba de una vietnamita y que era virgen. "Los chicos se la están follando por turnos", recordaba uno de los participantes, añadiendo: "Era como una manada de animales. Ninguno se daba la vuelta, ni nada. Simplemente hicimos cola y nos la follamos". Mientras este soldado "tomaba su cuerpo por la fuerza", sus compañeros, armados hasta los dientes, estaban inmóviles, mirando. Entonces, de repente, inesperadamente, la mujer sin nombre se giró hacia él. "¿Por qué me haces esto?", dijo en inglés. "Eh... ¿por qué me haces esto?"

Ésa era la pregunta que me hacía una y otra vez mientras escribía este libro: ¿por qué algunas personas se proponen humillar y torturar sexualmente a otras? El violador, y no la víctima, es el centro de este libro. La mayoría de mis amigas fueron lo suficientemente sinceras como para decir que no cogerían en sus manos un libro que se titulara Violadores. ¿Por qué no? Porque tenemos miedo".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.


sábado, 8 de agosto de 2015

Somos la Tercera Ola.

"Por aquellos meses las noticias sobre violencia contra las mujeres llenaban las televisiones y aquel círculo de amigas que compartían punk y feminismo no pudieron más. Y emprendieron su propia revuelta, anunciada en un fanzine al que llamaro Riot Grrrl.

A principios de los noventa, tras aquella reacción apisonadora de la era Reagan, en Estados Unidos trató de darse por muerto al feminismo. Se decía que las mujeres ya habían sonseguido todos los derechos que necesitaban y que la mayoría de ellas había comprendido que, fuera de su destino heteromatrimonial y maternal, eran profundamente desgraciadas. Y entonces Rebecca Walker anunció en enero de 1992 en la revista Ms. la Tercera Ola, el advenimiento de un feminismo radical, prosexo, poscolonial, no esencialista, por lo tanto queer y hermanado con la lucha transexual, contracultural. "No somos posfeministas, somos la Tercera Ola". Kathleen Hanna define el feminismo como un movimiento político de base amplia empeñado en desafiar las jerarquías de todo tipo de nuestra sociedad, incluido el sexismo, el racismo, el clasismo, el capacitismo... El movimiento Riot Grrrl era parte de ese nuevo tsunami feminista".

Itziar Ziga: Malditas. Una estirpe transfeminista.

viernes, 7 de agosto de 2015

Tened cuidado del día en que las mujeres se cansen de todo lo que les rodea.

"Yo admito que el hombre también sufre en esta sociedad maldita, pero ninguna tristeza puede compararse con la de la mujer. En la calle ella es la mercancía. En los conventos, en donde se oculta como en una tumba, la ignorancia la ata, y las reglas ascienden en su máquina como engranajes y pulverizan su corazón y su cerebro. En el mundo se dobla bajo la mortificación. En su casa, sus cargas la aplastan. Y los hombres quieren mantenerla así. Ellos no quieren que ella usurpe su función o sus títulos. Nosotras las mujeres simplemente debemos tomar nuestro lugar sin pedir permiso por ello... Tened cuidado del día en que las mujeres se cansen de todo lo que les rodea y se levanten contra el viejo mundo. Ese día un nuevo mundo comenzará".

Louise Michel.

jueves, 6 de agosto de 2015

De la lucha de clases como concepto primario.

"Parece necesario, una vez más, explicar cómo entiende el historiador -o cómo entiende este historiador- el término "clase".  (...) Clase, según mi uso del término, es una categoría histórica; es decir, está derivada de la observación del proceso social a lo largo del tiempo. (...) El uso marxista apropiado y mayoritario de clase es el de categoría histórica. (...) No obstante, ha quedado claro en años recientes que clase como categoría estática ha ocupado también sectores muy influyentes del pensamiento marxista. En términos económicos vulgares, esto es sencillamente el gemelo de la teoría sociológica positivista. De un modelo estático de relaciones de producción capitalistas se derivan clases que tienen que responder al mismo, y la conciencia que corresponde a las clases y sus posiciones relativas. En una de sus formas (...), bastante extendida, esto proporciona una fácil justificación para la política de "sustitución": es decir, la "vanguardia" que sabe mejor que la clase misma cuáles deben ser los verdaderos intereses (y conciencia) de ésta.

(...) No obstante, clase, en su uso heurístico, es inseparable de la noción de "lucha de clases". En mi opinión, se ha prestado una atención teórica excesiva (gran parte de la misma claramente ahistórica) a "clase" y demasiado poca a "lucha de clases". En realidad, lucha de clases es un concepto previo así como mucho más universal. Para expresarlo claramente: las clases no existen como entidades separadas, que miran en derredor, encuentran una clase enemiga y empiezan luego a luchar. Por el contrario, las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en modos determinados (crucialmente, pero no exclusivamente, en relaciones de producción), experimentan la explotación (o la necesidad de mantener el poder sobre los explotados), identifican puntos de interés antagónico, comienzan a luchar por estas cuestiones y en el proceso de lucha se descubren como clase, y llegan a conocer este descubrimiento como conciencia de clase. La clase y la conciencia de clase son siempre las últimas, no las primeras, fases del proceso real histórico.

(...) De modo que, al final, ningún modelo puede proporcionarnos lo que debe ser la "verdadera" formación de clase en una determinada "etapa" del proceso. Ninguna formación de clase propiamente dicha de la historia es más verdadera o más real que otra, y clase se define a sí misma en su efectivo acontencer. (...) Las clases, en este sentido, no son más que casos especiales de las formaciones históricas que surgen de la lucha de clases".

E. P. Thompson: "¿Lucha de clases sin clases?"

miércoles, 5 de agosto de 2015

Que una mujer no dejara de señalarles con el dedo.

"Olympe de Gouges fue la única mujer guillotinada por difundir sus ideas durante la Revolución Francesa. Fue detenida y juzgada en plena persecución jacobina y la ejecutaron pocos días después que a los líderes girondinos, pero lo que nunca se le perdonó fue su osadía de intervenir en el proceso revolucionario y su agudeza al desenmascarar lo que se estaba produciendo en realidad; un mero traspaso de poderes. Aunque ha pasado a los relatos oficiales en el mejor de los casos como una reformista política, fue procesada como una antisistema. Una mujer que fue dolorosamente consciente de la oportunidad histórica que las multitudes oprimidas estaban perdiendo para cambiar radicalmente su suerte por culpa de las maquinaciones de aquellos que decían pilotar la revolución y que en realidad la traicionaron. A los líderes de aquel experimento de nuevo orden tan preocupados por mantener los privilegios masculinos y burgueses, por centralizar el poder desde París, por imponer una moral revolucionaria tan puritana, por aniquilar a sus adversarios políticos, debió exasperar profundamente que una mujer no dejara de señalarles con el dedo".

Itziar Ziga: Malditas. Una estirpe transfeminista