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martes, 27 de marzo de 2018

Que Cristo y todos los apóstoles eran judíos.

"El antisemitismo campeaba entre los trabajadores de Kiev durante este periodo, y la aparición del primer judío en el sindicato provocó azoramiento y una fría hostilidad por parte de nuestros trabajadores. Uno de nuestros mejores miembros, a quien apodábamos Gaidamark, se qujó después de la reunión y me atacó violentamente por haber metido a un "yid" en el sindicato. Le pregunté por qué los judíos eran inferiores a los rusos, y para mi sorpresa me respondió:

- Ellos crucificaron a Cristo.

- Pero Cristo también era judío -le contesté a mi vez.

Gaidamark había sido muy religioso en su juventud. Aunque desde entonces se había tornado algo escéptico, seguía reverenciando la figura de Cristo. Mi respuesta lo sorprendió; no me creyó. Habló con un amigo suyo, un joven sacerdote, qien confirmó lo que yo había dicho. Gaidamark pasó largo tiempo reflexionando sobre esto; asimilaba lentamente cualquier idea nueva, pero con profundidad y firmeza. Al final se resignó a ella y se dedicó a convencer a otros obreros de que los judíos no eran peores que los rusos. Cristo y todos los apóstoles eran judíos, discutía con los demás, ¡y qué admirable religión hicieron, igual que el socialismo!

Poco a poco, nuestros obreros dejaron de hacer discriminación entre los rusos y la gente de otras nacionalidades. Al año siguiente, a finales de abril de 1881, cuando Schedrín y yo estábamos en la cárcel, se desató un pogrom en Kiev. En el punto culminante de los desórdenes, el sindicato imprimió una proclama y distribuyó copias de la misma entre las multitudes callejeras. Ustedes golpean indiscriminadamente a los judíos -decía-, mientras deberían estar golpeando a todos los explotadores, rusos o judíos, y no a los judíos pobres. Había sido escrita por los propios obreros del sindicato".

Elizabeta Koválskaya sobre el Sindicato de Obreros Rusos del Sur. Recogido en VV.AA.: Cinco mujeres contra el Zar.

sábado, 4 de marzo de 2017

Cuantos más hilos haya de alma en alma.

"Bajo el dominio de la ideología burguesa y del estilo de vida capitalista-burgués, el carácter multiforme del amor engendra una serie de dramas psicológicos dolorosos e insolubles. (...) Una cultura fundada sobre el instinto de propiedad ha inculcado a los hombres la convicción de que el sentimiento amoroso tenía también como base el principio de propiedad. La ideología burguesa ha metido en la cabeza de las personas la idea de que el amor, incluso el amor mutuo, otorgaba derecho a poseer por entero y sin compartirlo el corazón del ser amado. (...) Pero ¿acaso tal idea puede estar de acuerdo con los intereses de la clase obrera? ¿No resulta, en cambio, (...) importante y deseable que las personas se hagan más ricas, más diversificadas? Cuantos más hilos haya tendidos de alma a alma, de corazón a corazón, de espíritu a espíritu, más se enraizará el espíritu de solidaridad y más fácil vendrá a ser la realización del ideal de la clase obrera: la camaradería y la unidad.

(...) La ideología de la clase obrera subordina el amor que los miembros de la colectividad sienten los unos por los otros a un sentimiento más imperioso: el amor-deber para con la colectividad. Por grande que sea el amor que una a los dos sexos, por numerosos que sean los lazos sentimentales y espirituales que teja entre ellos, lazos de igual orden deben mantenerse para con la colectividad en general, lazos aún más fuertes y abundantes, más orgánicos. La moral burguesa exigía: todo para el ser amado. La moral proletaria proscribe: todo para la colectividad.

(...) Si desaparecen en las relaciones sexuales la pasión ciega, absorbente, exigente, el sentimiento de propiedad, el deseo egoísta de "apropiarse" para siempre al ser amado; si pierden su fuerza la fatuidad masculina y la monstruosa renuncia a sí misma que hace la mujer, veremos en cambio desarrollarse en el amor otros rasgos preciosos. Veremos cómo se refuerzan el respeto a la otra persona, la aptitud para tomar en consideración sus derechos, (...) crecer en la aspiración, expresar el amor no sólo mediante besos y caricias, sino también por la acción común, por la voluntad unida, por la obra conjunta".

Alejandra Kolontai: "Ideología proletaria del amor", 1923.

viernes, 21 de octubre de 2016

Los machos de izquierda.

"En público, Irina se muestra entregada; en confianza, es más crítica. Acumula ya demasiadas desilusiones hacia los procesos revolucionarios. Primero fue el sandinismo: Estuve dispuesta a dar la vida por la Revolución nicaragüense, pero el Frente se dividió, y aún hoy mantiene rezagos de la dictadura de Somoza. Después, el zapatismo. Que la expulsasen de la organización por su transición de género fue todo un golpe emocional y político. Sentí quedarme huérfana, pero después entendí que la Revolución es más grande que las personas. El EZLN tuvo un momento de mucha luz, pero cuando una está dentro, el trabajo clandestino la hace callar, y a mí me molestaba mucho el culto al subcomandante Marcos.

(...) El proceso bolivariano le ha entusiasmado y emocionado durante años, pero le parece que es "una revolución inconclusa". (...) Irina sigue siendo una ferviente militante comunista, pero los machos de izquierda no la reconocen como cuando lucía barba y bigote. Asegura que el 90% de su entorno político le dio la espalda. Recibió insultos y burlas. Algunas hicieron alianzas macabras con mi madre para hacerme pasar momentos muy jodidos. Quienes se han quedado cerca de ella son, en su mayoría, mujeres y feministas".

June Fernández: 10 ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía.

lunes, 4 de enero de 2016

Esas mujeres eran una incógnita.

"¿Acaso las feministas emancipadas de la década de 1970 no aborrecíamos más que cualquier otra cosa la jaula doméstica donde nuestras madres, tías y abuelas habían atendido, día tras día, a los hombres, niños y ancianos de la familia?, ¿acaso no estábamos obsesionadas con escapar a semejante destino y nos acogíamos a nuestro papel de mujeres liberadas con el oculto temor de que ni aún así lográramos escapar a un destino perverso?, ¿cuántas de nosotras no nos vanagloriábamos de nuestra libertad cuando nos comparábamos con amigas del colegio que ya estaban agobiadas, con poco más de veinte años, por papillas, pañales y cocinas?

Ni siquiera la militancia política nos ahorraba esa inquietud. Especialmente cuando los compañeros masculinos empezaban a quejarse de la poca consideración y apoyo de sus respectivas compañeras. Recuerdo que en algunas ocasiones, cuando lográbamos llegar en unas abarrotadas camionetas verdes a lo que por aquel entonces era el remoto barrio de Zarzaquemada en el extrarradio madrileño, donde debíamos reunirnos con los compañeros de las fábricas del metal, entreveíamos rápidamente a sus mujeres, que eran casi de nuestra misma edad. Recuerdo especialmente a un compañero, en cuya casa solíamos reunirnos (...). Su mujer entraba alguna que otra vez y nos traía cervezas a las que acompañaban unas bolsas inmensas de pipas y pistachos. Ella sacaba a los niños para que no molestaran, les daba la cena y los acostaba, y luego comía silencionsamente en la cocina mientras nosotros seguíamos discutiendo sobre el próximo convenio, las asambleas, las luchas y las movilizaciones. No participaba nunca en las discusiones y su marido decía que ella no entiende de esas cosas: no era como nosotras, jóvenes comunistas emancipadas, con nuestros tejanos ajustados y nuestro pelo corto. Ella se teñía de rubio y se quejaba de que el salario era demasiado escaso y de que no llegaba a fin de mes, pero, según él, gastaba demasiado porque no sabía lo que era ganar un salario trabajando en la fábrica.

Para una parte del movimiento feminista esas mujeres eran una incógnita".

Monserrat Galcerán Huguet: "Prólogo" en Mariarosa Dalla Costa: Dinero, perlas y flores en la reproducción feminista.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Y el combate será difícil.

"Éste es un momento particular donde todo un ciclo histórico se acaba y comienza una nueva época. Para continuar el combate político hay que hacer un balance del siglo, aquel de los avances revolucionarios, pero también de las terribles derrotas. Hay que "transmitir" a las nuevas generaciones y, para ello no repetir, no copiar, sino repensar, revisitar la historia, reactualizar el programa. (...) Pero antes, hay que retomar el hilo de la continuidad histórica del movimiento obrero, de sus referencias, de sus revoluciones, de sus grandes debates y polémicas.

No empezamos de cero. Hay una historia, de experiencias, de combates políticos que han forjado las generaciones militantes del movimiento obrero. (...) Para abordar la "nueva época" hay que saber de dónde partimos, desde dónde hablamos, con qué bagaje teórico, programático, político.

(...) Frente a la profundidad de una crisis sitémica, los revolucionarios deben no solamente organizar la resistencia social y política frente a los ataques de las clases dominantes, no solamente deben ser el ala dinámica de la unidad en la acción contra las políticas de austeridad, sino que también deben promover apuestas sobre las medidas claves de un gobierno que rechaza la austeridad y comienza un proceso de ruptura con el capitalismo. (...) Hace falta que este programa se fusione con la experiencia viva de los levantamientos revolucionarios. Y el combate será difícil.

(...) No se trata solamente de construir nuevos partidos, sino también de reorganizar los sindicatos y las asociaciones, de impulsar nuevos movimientos, expresión de las nuevas cuestiones tales como la ecología, de contribuir a la articulación entre movimiento obrero, campesino e indígena en los países de Latinoamérica, y movimiento obrero e inmigrante en los centros imperialistas. (...) La crisis mundial confirma el proyecto de construir una nueva fuerza política que responda a los desafíos de este nuevo período histórico. No se puede tratar de volver a los criterios de las organizaciones de la extrema izquierda revolucionaria de los años 60 y 70. 

(...) Hay que crear las condiciones para formaciones anticapitalistas de masas que permitan la reorganización del movimiento obrero y de los movimientos sociales sobre nuevos ejes. Poner el acento sobre las perspectivas anticapitalistas que reagrupan, continuar la discusión sobre una serie de cuestiones que no serán resueltas más que por nuevas experiencias revolucionarias, pero construir sobre una base sólida. He aquí el desafío para los años que vienen".

François Sabado: "Introducción", en Daniel Bensaïd: Trotskismos.

viernes, 17 de julio de 2015

Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de ellos mismos.

"Considerando

que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de ellos mismos;
que los esfuerzos de los trabajadores para conquistar su emancipación no deben tender a crear nuevos privilegios, sino a instituir para todos los mismos derechos y deberes;
que la sumisión del trabajador al capital es la fuente de toda servidumbre, política, moral y material;
(...)
que todos los esfuerzos realizados hasta aquí han fracasado por falta de solidaridad entre los obreros de las distintas profesiones dentro de cada país, y de una unión fraterna entre los trabajadores de las diversas regiones;
que la emancipación de los trabajadores no es un problema simplemente local o nacional, sino que, al contrario, interesa a todas las naciones civilizadas, pues su solución está subordinada necesariamente a su cooperación teórica y práctica;
que el movimiento que se está produciendo entre los obreros de los países más industrializados de Europa por el nacimiento de nuevas esperanzas constituye un solemne aviso para no volver a caer en los viejos errores y aconseja combinar todos esos esfuerzos todavía aislados;

por tales razones;
los abajo firmantes, miembros del consejo elegido por la asamblea celebrada el 28 de septiembre de 1864 en Saint-Martin's Hall, en Londres, han tomado las medidas necesarias para fundar la Asociación Internacional de Trabajadores".

Pacto constitutivo de la Asociación Internacional de Trabajadores, 1864.

jueves, 7 de mayo de 2015

Que las mujeres se quedaban atrás casi por necesidad.

"Cuando la historiografía se interesa por la participación de las mujeres en las organizaciones antifranquistas con un enfoque de género, la primera constatación es la dificultad que encuentran las mujeres para militar en pie de igualdad con sus compañeros. (...) En una sociedad patriarcal como lo era la española en los años treinta, el reparto de tareas por sexos era algo que seguía estando vigente también en la izquierda, y de hecho era un estado de cosas que facilitaba, o incluso hacía posible, la militancia masculina, sobre todo en tiempos de persecución. En palabras de una militante de Mujeres Libres, hablando acerca de la militancia masculina en la República, "[los hombres] querían ser militantes las veinticuatro horas del día, y en esas condiciones, desde luego, era muy difícil que se diera la igualdad. Los hombres estaban tan comprometidos que las mujeres se quedaban atrás casi por necesidad. Por ejemplo, cuando encarcelaban a los hombres, las mujeres debían ocuparse de los hijos, trabajar para sacar adelante a la familia, visitarles en prisión...". (...) Las mujeres habrían sido las responsables de tejer la malla de cristal que formaba la infraestructura de las organizaciones (...), de sustentar la organización desde abajo y no de dirigirla, tarea reservada a los hombres. Todos los trabajos pequeños, repetitivos y en apariencia insignificantes o poco valorizantes (lo que no significa en absoluto que estuvieran exentos de riesgos), como la ocultación o el transporte de documentación, el avituallamiento, las tareas de información, los enlaces, eran frecuentemente realizados por mujeres".

Mercedes Yusta Rodrigo: "Las mujeres en la resistencia antifranquista. Un estado de la cuestión".