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lunes, 24 de septiembre de 2018

Que las mujeres son fieras salvajes.

"Los mineros de Greensburg, en Pennsylvania, se pusieron en huelga para conseguir un aumento de salario. Cobraban un sueldo vergonzoso. En respuesta a esta llamada, despidieron a los irlandeses, los de Pennsylvania.

Un día, algunas mujeres desesperadas, se reunieron frente a la mina para abuchear a los amarillos [esquiroles] que se llevaban el pan a la boca de sus criaturas. El sheriff vino a detenerlas a todas "por haber perturbado el orden público". 

(...) Les dije a las mujeres que llevaran a sus niños y sus bebés el día que tuvieran que comparecer ante los tribunales. Fue lo que hicieron y, mientras el juez leía las condenas con multas de treinta dólares o treinta días de prisión, los niños lloraban tanto que apenas se podía escuchar la voz del anciano. Con aire gruñón preguntó si no tenían con quién dejar a los hijos. Le apunté que las mujeres de los mineros no contratan niñeras (...).

Cuando llegaron a Greensburg, las mujeres fueron cantando durante todo el recorrido por la ciudad. Una muchedumbre seguía al coche cantando también. Cuando las mujeres, con sus niños en brazos, descendieron ante la prisión, la gente les aclamó intensamente. Los policías entregaron a las prisioneras al sheriff y ambos parecían más aliviados.

El sheriff me dijo:

- Mamma Jones, preferiría que me hubieran traído cien hombres; las mujeres son fieras salvajes".

Mamma Jones, Autobiografía.

viernes, 1 de abril de 2016

En esa lucha, la mujer está sola.

"El movimiento obrero, que se basaba en una identidad entre la exaltación de la producción y los grandes oficios viriles -el valiente minero, el fuerte trabajador de la construcción, el mecánico listo en la técnica, héroes que impulsaron la segunda industrialización- denigró el feminismo como burgués".

Michelle Perrot: "1914: great feminist Expectations".

"Dos cosas empiezan a desplomarse en el mundo por inicuas: el privilegio de las clases que fundó la civilización del parasitismo, de donde nació el monstruo de la guerra, y el privilegio del sexo macho que convirtió a la mitad del género humano en seres autónomos y a la otra mitad en seres esclavos, creando un tipo de civilización unisexual: la civilización masculina, que es la civilización de la fuerza y que ha producido el fracaso moral a través de los siglos.

(...) El hombre revolucionario que hoy lucha por su libertad, sólo combate contra el mundo exterior. La mujer revolucionaria, en cambio, ha de luchar en dos terrenos: primero por su libertad exterior, en cuya lucha tiene al hombre de aliado por los mismos ideales, por idéntica causa; pero, además, la mujer ha de luchar por la propia libertad interior, de la que el hombre ha disfrutado ya desde siglos. Y en esta lucha, la mujer está sola".

Federica Montseny.

martes, 8 de marzo de 2016

Todas las mujeres, todos los días (II).

"(...) Las normas de conducta de género influyeron de forma significativa en la consideración negativa del trabajo extradoméstico femenino, lo cual, en la medida en que se reconocía su realidad, se consideraba como una desvirtuación de su sublime misión de madre. Desde esta persectiva, se consideraba inadmisible el trabajo asalariado femenino, así como su presencia en el mercado laboral, a que impedía el correcto desarrollo de sus labores domésticas. Era una transgresión del código de género que rechazaba la presencia femenina en el ámbito público. Al priorizar el trabajo doméstico en la casa como exclusiva función de la mujer, el discurso de la domesticidad legitimó el rechazo al trabajo asalariado femenino. Además, reforzó una visión del trabajo remunerado femenino como ayuda puntual y complementaria frente al canon del trabajo masculino. Esta visión, a su vez, justificó la discriminación económica y la segregación ocupacional de las trabajadoras.

Cabe destacar que el movimiento obrero solía suscribir el discurso de la domesticidad en su definición burguesa. La realidad generalizada del trabajo asalariado femenino y la decisiva importancia de su aportación económica a la economía familiar obrera, paradójicamente no llevaron al reconocimiento de la mujer como trabajadora en el seno del obrerismo hasta fechas muy tardías. Se entendía que las mujeres debían dedicarse de forma exclusiva a las tareas domésticas como único encargo social. De este modo, les fue negada una identidad de trabajadoras, incluso a las mujeres de procedencia obrera".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La punta de diamante de la batalla sindical.

"No hay duda de que la prolongación en el tiempo de aquellas huelgas y de aquellas ocupaciones no se habrían dado si no hubiera existido una organización femenina en la retaguardia. Una organización que obligó a cambiar radicalmente las modalidades de gestión del trabajo doméstico y a poner a punto una serie de acciones estratégicas en función de la propia ocupación y de la prosecución de la huelga. Las mujeres de los obreros simularon una manifestación para el día de la mujer con objeto de desviar la atención de la policía de la ocupación de la fábrica, afrontaron los enfrentamientos duramente, resultando 14 mujeres heridas, y, a continuación, se las arreglaron para llevar comida dentro de la planta y romper las ventanas desde fuera a fin de impedir que las bombas lacrimógenas asfixiaran a los que estaban dentro. Se organizaron también para ofrecer un servicio de atención médica. Como es lógico, ellas mismas se sentían transformadas por tal experiencia. Dice la mujer de un huelguista: Por primera vez vivo con un objetivo definido (...). Ya no me basta con ser una mujer, quiero vivir como un ser humano, con derecho a tener mis opiniones. Otra, algunas semanas después del final de la huelga: Mujeres que apenas ayer se horrorizaban con el sindicalismo, que se sentían inferiores ante la tarea de organizar, hablar o emprender iniciativas, casi de la noche a la mañana, se han convertido en la punta de diamante de la batalla sindical".

Mariarosa Dalla Costa: "Familia, políticas de bienestar y Estado entre Progresismo y New Deal".

martes, 9 de febrero de 2016

Balas en lugar de pan.

"La otra marcha imponente (...) fue la de los obreros despedidos de la Ford de Dearborn, el 7 de marzo de aquel mismo año en Detroit. Cerca de 85.000 personas habían perdido el puesto de trabajo y querían presentar un proyecto conforme al cual se les podría volver a contratar. Los manifestantes rondaban los 3.000 y la manifestación estaba autorizada. Sin embargo, cuando, llegados a los lindes de la ciudad la policía les conminó a dar media vuelta, aunque los cabecillas de la manifestación instaron a mantener la "disciplina proletaria", los desempleados decidieron seguir presionando.

La policía respondió con bombas lacrimógenas y la multitud con piedras, desechos y trozos de barro helado. Los bomberos de Ford lanzaron agua helada con camiones cisterna contra los manifestantes, luego la policía abrió fuego, primero con fusiles y pistolas y, a continuación, con ametralladoras. Bajo la lluvia de balas, la multitud se dispersó: algunos intentaron llevarse a los heridos, mientras el resto huía por la calle, dejando tras de sí a cuatro muertos y multitud de heridos. Desde las ventanas que daban a la verja número 4 de la fábrica Ford, algunos técnicos rusos que se encontraban en Dearborn para aprender los métodos de producción de Ford observaban el espectáculo. Los cuerpos de las víctimas estuvieron expuestos durante dos días bajo una gran bandera roja y una fotografía de Lenin con la frase: Ford nos ha dado balas, en lugar de pan. La banda de música tocó la marcha fúnebre rusa de 1905 y miles de obreros siguieron los ataúdes".

Mariarosa Dalla Costa: "Familia, políticas de bienestar y Estado entre Progresismo y New Deal".

lunes, 18 de enero de 2016

Si la policía quiere disparar, tendrá que disparar contra nosotras.

"Después de bailar en la calle ante el Fisher Body nº 2 (...), aquella nochevieja, cerca de 50 mujeres se reúnen y deciden formar el Women's Auxiliary [Grupo Auxiliar de Mujeres] para apoyar a los hombres dentro y fuera de las plantas. Estas mujeres se asignan la tarea de formar piquetes y organizar guarderías donde tener a los niños de las mujeres ocupadas en otras tareas de sostenimiento de la huelga, recogen comida y dinero y contactan a las "viudas" de la sitdown [huelga con ocupación de la fábrica], es decir, a las mujeres que viven con mayor sensación de debilidad las vicisitudes de la huelga, para explicarles los motivos de la misma y animarlas a a movilizarse. Genora Johnson, de veintitrés años de edad, esposa de un líder de aquella lucha, decide formar, junto al primero, un segundo órgano de "mujeres valientes" que, en caso de necesidad, combatiese con los hombres: enseguida se suman 50 voluntarias y, en poco tiempo, ascienden a 350. Se forma así la Women's Emergency Brigade [Brigada de Emergencia de Mujeres]. La Brigada se organiza conforme a criterios semimilitares, con comandante en jefe (Genora) y capitanas. Genora declara: Formaremos un cordón en torno a los hombres y, si la policía quiere disparar, tendrá que disparar contra nosotras".

Mariarosa Dalla Costa: "Familia, políticas de bienestar y Estado entre Progresismo y New Deal".

miércoles, 22 de julio de 2015

Las máquinas o la vida.

"El ataque a Rawfolds se ha convertido en legendario. En él tomaron parte quizá ciento cincuenta luditas: se dijo que se esperaban más, pero que los contingentes de Leeds o Halifaz no consiguieron llegar a tiempo. Dirigidos por George Mellor, un joven tundidor de un pequeño taller de acabado situado en Londroyd Bridge, cerca de Huddersfield, los luditas intercambiaron un fuego vivo con los defensores atrincherados, durante veinte minutos. Bajo la cobertura de este fuego, un pequeño grupo de martilladores y hombres armados con hachas hicieron repetidos intentos de derribar las pesadas puertas de la fábrica. Este grupo sufrió bajas importantes, al menos fueron heridos cinco, de los cuales dos -heridos mortalmente- fueron abandonados cuando los luditas se replegaron repentinamente. Se dice que su jefe, Mellor, fue el último que abandonó el campo y que no pudo ayudar a los hombres heridos puesto que estaba ayudando a trasladar a otro hombre -su propio primo- a salvo. El terreno alrededor de la fábrica quedó cubierto de mosquetes, hachas, picas y herramientas de metal.

(...)

Cientos de personas se agruparon en la calle frente a la posada donde los hombres yacían moribundos. Se encontraron manchas de aqua fortis (utilizada, quizá, para cauterizar) en sus camas y se creyó que les habían torturado para que revelaran información. Se cree que Roberson se inclinó sobre el lecho de uno de ellos, John Booth, hijo de un pastor anglicano, que tenía diecinueve años, a la espera de una confesión final. En el momento de su muerte, el joven Booth le hizo señas a Roberson: '¿Puede usted guardar un secreto?'. 'Sí, sí - respondió impaciente Roberson-, puedo'. 'Yo también', le replicó Booth, y poco después murió".
E. P. Thompson: La formación de la clase obrera en Inglaterra.