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lunes, 17 de julio de 2017

Contra los estándares de lo aceptable.

"Nuestra sociedad no puede concebir aún que una chica joven y relativamente cuerda elija dedicarse al trabajo sexual por otro motivo que no sea la desesperación. Va en contra de todos los estándares de lo aceptable para la mujer. También es importante marginar a las trabajadoras sexuales, no vaya a ser que nuestras tiernas hijitas se imaginen una carrera en lo que aún hoy es un tabú terrible. Hace cien años se declaraba ninfómanas enfermas a las mujeres que querían mantener relaciones sexuales más a menudo que sus maridos. Hoy, a pesar de que a las mujeres se les concede el derecho a la satisfacción sexual, el doble rasero sigue vigente y en plena forma, y se controla a las mujeres a través del miedo a la temida etiqueta de golfa. Convertirse en una trabajadora sexual cruza la línea que separa el territorio prohibido: ¿cómo nos atrevemos a usar nuestros cuerpos y nuestra sexualidad para ganarnos la vida o simplemente para expresar quiénes somos? ¿Quién nos ha dado el derecho al control absoluto sobre nuestros cuerpos y nuestra sexualidad?

(...) Es cierto que muchas de las mujeres que empiezan a desempeñar un trabajo sexual lo hacen por motivos poco positivos, como por ejemplo para superar sentimientos de falta de autoestima o de odio hacia sí mismas. Pero también hay muchas mujeres que lo hacen porque disfrutan del sexo y les gusta la idea de tener relaciones sexuales por dinero, o al menos porque lo encuentran mucho menos opresor y mucho más lucrativo que algunas de sus otras opciones".

Candida Royalle: "Qué hace una chica como tú...", en VV.AA.: Porno feminista. Las políticas de producir placer.

sábado, 13 de mayo de 2017

Los primeros directores indie.

"Veréis, los directores de cine erótico fueron los directores indie originales. El hecho de que sus películas te pusieran no era diferente de cualquier otro género que te asustara a muerte o te hiciera llorar. Las películas son grandes vehículos de transmisión de emociones fuertes. Cuando te tocan en múltiples niveles al mismo tiempo, las llamamos obras maestras.

La era hardcore que comenzó a finales de los años sesenta se comprende ahora como parte de la ola de películas independientes que se desgajaron del sistema de los estudios de Hollywood. Los realizadores de cine erótico fueron pioneros en la misma liga que los directores se spaghetti western o los productores de torpes películas de horror o ciencia ficción. A veces, eran las mismas personas. La guetización del cine pornográfico era extraña, y completamente injustificada, salvo por la mojigatería de los políticos.

(...) De forma parecida a lo que ocurre con la vida gay, el "debate del porno" parece existir en dos mundos paralelos voluntarios. Por un lado, está pasado, aburre. En el otro mundo, el Planeta Puritano, el clima legal y de política pública es fundamentalista. Los políticos y los líderes religiosos amenazan con el sexo como si fuera el hombre del saco, de manera cada vez más llamativa, y consiguen apoyos tanto de liberales como de conservadores.

La edad dorada del siglo XXI es una época de moralismo, de "avergonzar a las golfas" para el público general, mientras que para la élite lo normal es la corrupción y el libertinaje a lo Calígula". 

Susie Brigth: "El nacimiento de la crítica cinematográfica del porno", en VV.AA.: Porno feminista. Las políticas de producir placer.

jueves, 11 de mayo de 2017

Dudando de nuestra propia cordura.

"¿Por qué había de repente tanto conflicto con la representación sexual de las mujeres en la esfera pública? Desde mi punto de vista, era una cuestión demográfica. Las mujeres que habían terminado la secundaria a finales de los años setenta -cuando el pensamiento feminista estaba influyendo en las ideas sobre la sexualidad- se encontraban ahora a mitad de su veintena, un momento natural para la exploración sexual y la experimentación. El feminismo nos presentó conceptos como nuestros cuerpos, nuestras reglas, y al mismo tiempo, la prominente autora feminista Robin Morgan proclamaba el porno es la teoría, la violación es la práctica. Se nos animaba a que nos hiciéramos responsables de nuestros orgasmos y al mismo tiempo se afirmaba que la penetración era la práctica patriarcal de colonizar los cuerpos de las mujeres, y que cualquier mujer que lo deseara no estaba liberada. Esos mensajes contradictorios dejaban a toda mujer dudando de su propia cordura. Si las mujeres querían practicar juegos de roles o de intercambio de poder, penetrar a sus parejas o ser penetradas, o consumir pornografía en sus vidas privadas, se cuestionaban por ello sus credenciales feministas. Al definir lo personal como político, esta facción del feminismo también definía lo político como personal. Se nos instaba, usando las palabras de los cuáqueros del siglo XVIII, a decirle la verdad al poder, pero si lo hacíamos con nuestras propias voces individuales, se nos acusaba de traicionar a todo nuestro género".

Nina Hartley: "Porno: un medio efectivo para educar y modelar la conducta sexual".

miércoles, 3 de mayo de 2017

Porno-grafos: los escritos de las putas.

"La palabra pornografía tiene su origen en el griego πορνοράφος, porno-grafos: los escritos de las prostitutas. Si la sociedad tratara el sexo con algo de dignidad y respeto, tanto las personas que crearan pornografía como las que ejercieran la prostitución tendrían un estatus social, que está claro que tuvieron en un momento dado. (...) La idea de reclamar el poder sexual de la mujer al crear pornografía era un concepto embriagador. El feminismo podría restaurar las perspectivas históricas de las sacerdotisas de los antiguos templos egipcios, de las prostitutas sagradas, las amazonas de Lesbos, las cortesanas reales de los palacios sumerios. El amor sexual era probablemente lo que la gente anhelaba, así que me di permiso a mí misma para romper las siguientes mil reglas de intimidación dirigida a controlar la conducta sexual de la mujer. (...) Para que las mujeres progresemos, tenemos que cuestionar toda autoridad, tener la disposición a desafiar cualquier regla cuyo objetivo sea controlar nuestra conducta sexual, y evitar que las cosas sigan como siempre, ya que eso mantiene el statu quo".

Betty Dodson: "Porn wars. Las guerras del porno", en VV.AA.: Porno feminista. Las políticas de producir placer.

miércoles, 12 de abril de 2017

Las guerras del porno.

"El concepto de porno feminista surge en los años ochenta en plena guerra feminista contra el porno en Estados Unidos. Las guerras del porno (también conocidas como porn wars, las guerras feministas por el sexo, o los debates feministas sobre la sexualidad) emergieron de un debate dentro del feminismo sobre el papel de la representación sexualizada dentro de la sociedad y acabaron con una división completa del movimiento que ha durado más de tres décadas. En el apogeo del movimiento feminista en Estados Unidos surgió una extendida lucha de activistas de base en contra de la proliferación de representaciones misóginas y violentas en los medios de comunicación de masas, que se vio superada por un esfuerzo centrado explícitamente en prohibir legalmente el medio más explícito de todos, y aparentemente el más sexista: la pornografía. Utilizando el lema de Robin Morgan "la pornografía es la teoría; la violación es la práctica", el feminismo antipornografía argumentaba que el porno era una mercantilización de la violación. Mientras que un grupo llamado Women Against Pornography (WAP) comenzó a organizarse seriamente para prohibir la obscenidad en todo el país, otras feministas como Lisa Duggan, Nan D. Hunter, Kate Ellis y Carol Vance denunciaron lo que consideraban una connivencia mal concebida del WAP con la derecha cristiana y la Administración Reagan, sexualmente conservadora, así como una deformación del activismo feminista hacia un movimiento a favor de la higiene moral y las buenas costumbres. Considerando que el feminismo antipornografía constituía un enorme paso atrás en la lucha feminista para empoderar a la mujer y a las minorías sexuales, una comunidad muy activa de trabajadores sexuales y activistas sexuales radicales se unió al feminismo anticesura y sex-positive, y en conjunto forjaron los cimientos del movimiento a favor del porno feminista.

(...) Pero el problema con la asunción de la antipornografía de que el sexo es inherentemente opresivo para las mujeres -de que las mujeres se degradan si realizan actos sexuales delante de una cámara- ignora y reprime la sexualidad de las mujeres".

VV.AA.: Porno feminista. Las políticas de producir placer.