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miércoles, 23 de mayo de 2018

Pero mi madre no podía vender a mi padre.

"Desde mis años de infancia, la vida me pareció incomprensible y cruel. Creo que tenía apenas seis años cuando me di cuenta de que en el mundo había propietarios y campesinos siervos, de que los propietarios podían vender a la gente, que mi padre podía separarnos a mi madre y a mí vendiéndola a ella a un propietario vecino y a mí a uno distinto; pero mi madre no podía vender a mi padre. Otro descubrimiento me impresionaba igualmente por su crueldad: los niños se dividían en legítimos e ilegítimos y a estos últimos los trataban siempre con desprecio y estaban expuestos a insultos y burlas, sin que se tuvieran en cuenta sus cualidades personales.

(...) Cuando la escuela se cerró, me inscribí en una gimnazia aunque esto me costó una pelea con mi padre. Allí conocí a una muchacha que me dio a conocer la literatura de los años sesenta, y comencé a devorar ansiosamente los periódicos que circulaban entonces, los poemas de Nekrásov y otros libros con una orientación política definida. (...) Cuando terminaban nuestras tareas escolares, nuestro grupo se precipitaba a las sesiones de tribunal, donde nos quedábamos a veces hasta la media noche. Veíamos las cuestiones sociales desplegarse ante nosotros, en escenas de la vida real. Entre otras cosas, vimos campesinos que habían sido despojados con engaños de sus tierras por el proceso de emancipación, juzgados por el cargo de rebelión, y mujeres que, no pudiendo soportar su esclavitud, sancionada legalmente, habían asesinado a sus esposos".

Elizabeta Koválskaya sobre su adolescencia en Járkov a finales de la década de 1860. Recogido en VV.AA.: Cinco mujeres contra el Zar.

domingo, 7 de enero de 2018

Mujeres musulmanas de todas las Rusias.

"La reunión panrusa de musulmanes, convocada por diputados musulmanes de la Duma inmediatamente después de la revolución de febrero, se acercaba rápidamente; pero antes, el 23 de abril, las delegadas se congregaban en Kazán, en Tartaristán, para el Congreso Panruso de Mujeres Musulmanas. Cincuenta y nueve delegadas se reunían ante una audiencia de 300 invitados, abrumadoramente femenina, para debatir cuestiones que incluían la situación de la Sharia, la poligamia, los derechos de las mujeres y el hiyab. Hubo contribuciones desde un amplio espectro de posiciones políticas y religiosas, desde socialistas como Zuleija Rahmanqulova y la poeta de veintidós años Zahida Burnasheva, hasta eruditas en cuestiones religiosas, como Fatima Latifiya y Labiba Huseynova, una experta en ley islámica.

Las delegadas debatieron si los mandamientos coránicos eran históricamente específicos, e incluso muchas defensoras de la ortodoxia transhistórica interpretaban los textos con la intención de insistir, contra las opiniones conservadoras, en que las mujeres tenían el derecho de asistir a la mezquita, o que la poliginia sólo estaba permitida -un caveat crucial- si era "justa"; esto es, si contaba con el permiso de la primera esposa. Insatisfechas al comprobar que la reunión aprobaba esa postura progresista-tradicionalista sobre la poligamia, las feministas y socialistas eligieron a tres representantes, incluyendo a Burnasheva, para asistir a la Conferencia Musulmana Panrusa en Moscú, el mes siguiente, donde defendieron su posición alternativa contra la poliginia.

La conferencia aprobó entonces diez principios, incluyendo el derecho de las mujeres a votar, la igualdad de los sexos y la naturaleza no obligatoria del hiyab. El centro de gravedad de las discusiones era claramente jadidista, o más a la izquierda. Un síntoma de tiempos de cambio.

(...) Entre el 1 y el 11 de mayo, Moscú albergó la convención exigida en febrero por los diputados musulmanes de la Duma. Novecientos delegados de las poblaciones y naciones musulmanas llegaron a la ciudad: baskires, osetios, turcos, tártaros, kirguizes, entre otros.

Casi un cuarto de los presentes eran mujeres, muchas recién llegadas del congreso de mujeres musulmanas celebrado en Kazán; en la presidencia del comité de doce personas había una mujer tártara, Selima Jakubova. Cuando alguno preguntó por qué los hombres debían garantizar a las mujeres derechos políticos, una mujer saltó y respondió. Escucháis a los religiosos y no planteáis objeciones, pero después actuáis como si pudierais garantizarnos derechos, y continuó, ¡en vez de eso, los conquistaremos nosotras!".

China Miéville: Octubre. La Historia de la Revolución Rusa.

jueves, 2 de febrero de 2017

Una puta partidaria de los derechos de las mujeres.

"Tuve una puta llamada Gladdy que era partidaria de los derechos de las mujeres. Marchaba en los desfiles de Filadelfia y de Nueva York cuando había marchas a favor del voto y se ponían alfileres en los caballos de los policías y se hablaba sobre ser iguales a cualquier hombre. Gladdy era una puta muy buena y atraía a los folladores intelectuales con los que hablaba de Shaw y H. G. Wells e Ibsen y muchos rusos de cuyos nombres ya no me acuerdo. Solía andar en bicicleta a lo largo de los diques, con una falda abierta. Siempre estaba recitando algo que llamaba Omar el Tendero. En su tiempo libre Gladdy grababa imágenes de indios y cabezas de chicas sobre almohadas de papel. Alrededor de 1904 se consiguió a un amante negro, un abogado que había ido a la universidad en el norte. Le dije a Gladdy que yo personalmente no pensaba que un hombre fuera peor que otro hombre, sin importar de qué color fuera, pero que la costumbre era la base de nuestro negocio. (...) Gladdy se puso impertinente y me dijo que su semental negro era un gran hombre y un luchador por los derechos, los derechos humanos".

Nell Kimball: Memorias de una madame americana.

lunes, 19 de septiembre de 2016

La anulación del pasado de las mujeres.

"Es la cancelación del pasado político e histórico de las mujeres lo que hace que cada nueva generación de feministas aparezca como una excrecencia anormal en la faz del tiempo".

Adrienne Rich.

"El "movimiento de las mujeres" de mediados del siglo XIX, lanzado en la convención por los derechos femeninos de Seneca Falls en 1848 y articulado admirablemente por Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony, exigía el sufragio y una variedad de libertades: educación, empleos, derechos maritales y propiedad, "maternidad voluntaria", reforma sanitaria y de la vestimenta. Pero para fines de siglo, una contrarreacción aplastó los pedidos de justicia de las mujeres. Las mujeres retrocedieron ante una andanada de advertencias prácticamente idénticas a las de hoy, cuyos voceros fueron los estudiosos de la Ivy League, los líderes religiosos, los expertos médicos y los eruditos de la prensa de entonces. (...) Los medios y las iglesias se descargaban contra las feministas por propulsar las tasas de divorcio y las legislaturas estatales promulgaron más de cien leyes de divorcio restrictivas entre 1889 y 1906. Carolina del Sur prohibió directamente el divorcio. Y una banda de cruzados de la "pureza", como la contemporánea brigada de la Nueva Derecha, condenó la contracepción y el aborto como "obscenos" y trató de hacerlos prohibir. Para fines de 1900, lo había conseguido: el Congreso prohibió la distribución de anticonceptivos y una mayoría de Estados condenó el aborto, ambas cosas por primera vez en la historia de la nación".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

sábado, 3 de septiembre de 2016

¡Qué buena suerte!

"Ser mujer en Norteamérica a fines del siglo XX: ¡qué buena suerte! Al menos, eso es lo que oímos todo el tiempo. Han caído las barreras, nos aseguran los políticos. Las mujeres "lo han logrado", se viva en Madison Avenue. La lucha de las mujeres por la igualdad "en gran medida se ha ganado", anuncia la revista Times. Se matriculan en cualquier universidad, ingresan en cualquier firma de abogados, solicitan un crédito en cualquier banco. Las mujeres tenemos ahora tantas oportunidades, dicen los empresarios líderes, que realmente no necesitamos políticas de igualdad de oportunidades. Las mujeres somos tan iguales ahora, dicen los legisladores, que ya no necesitamos una Enmienda de Derechos Iguales. Las mujeres tienen "tanto", dice el ex presidente Ronald Reagan, que la Casa Blanca ya no necesita nombrarlas en puestos más altos. Incluso los avisos de American Express saludan la libertad de la mujer para usar sus servicios. Las mujeres han recibido al fin los documentos que acreditan su ciudadanía completa.

Y sin embargo...

Detrás de esta celebración de la victoria de la mujer norteamericana, detrás de las noticias reiteradas interminable y alegremente de que se ha ganado la batalla por los derechos de la mujer, figura otro mensaje. Pueden ser libres e iguales ahora, les dice a las mujeres, pero nunca han sido más infelices".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

lunes, 29 de febrero de 2016

Nos tienen sin cuidado vuestras leyes, caballeros.

"La historia de la humanidad es la de las repetidas vejaciones y usurpaciones por parte del hombre contra la mujer, con el objetivo directo de establecer una tiranía absoluta sobre ella".

Declaración de Sentimientos de Seneca Falls, 1848.

"Nos tienen sin cuidado vuestras leyes, caballeros, nosotras situamos la libertad y la dignidad de la mujer por encima de todas esas consideraciones, y vamos a continuar esa guerra como lo hicimos en el pasado; pero no seremos responsables de la propiedad que sacrifiquemos, o del prejuicio que la propiedad sufra como resultado. De todo ello será culpable el Gobierno que, a pesar de admitir que nuestras peticiones son justas, se niega a satisfacérnoslas".

Emmeline Pankhurst: Mi propia historia, 1914.

miércoles, 20 de enero de 2016

Que participen de la riqueza social de manera tan autónoma como queremos estar nosotras mismas.

"Que quede claro que no es éste el comedor que se quiere, ni tampoco son éstos, en este mismo sentido, los jardines de infancia que se quieren. Queremos también comedores, y también jardines de infancia, y también lavadoras y lavaplatos, pero queremos asimismo comer entre cuatro personas cuando tengamos ganas y tener tiempo para estar con los niños y con los ancianos y con los enfermos cuando y donde queramos; y "tener tiempo" se sabe que quiere decir que también ellos deben trabajar menos. Y tener tiempo para estar con los niños, con los ancianos y con los enfermos no quiere decir poder correr a hacer una visita rápida a esos garajes de niños que son las guarderías o a los asilos de ancianos o a las residencias de minusválidos, sino que quiere decir que nosotras, que hemos sido las primeras excluidas, tomemos la iniciativa de esta lucha para que todas estas personas, igualmente excluidas, niños, ancianos, minusválidos, participen de la riqueza social para poder estar con nosotras y con los hombres, entre nosotros, de forma tan autónoma como queremos estar nosotras mismas; porque su exclusión del proceso social directamente productivo, de la vida social, al igual que la nuestra, es producto de la organización capitalista".

Mariarosa Dalla Costa: "Mujeres y subversión social", 1971.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Que el reconocimiento formal de derechos no es suficiente.

"Se sugiere a veces que no es pertinente introducir aspectos materiales cuando se aborda el problema de la igualdad y del universal. Sin embargo, el feminismo, desde sus orígenes, ha mostrado que esta crítica es no sólo pertinente sino necesaria. En efecto, una vez proclamada la igualdad universal, las mujeres tuvieron que "arrancarle" sus derechos (y poco a poco) al poder patriarcal ilustrado que se los negaba. Para ello, mostraron que su exclusión era sistemática y respondía a la materialidad ineludible de sus cuerpos, definidos como "de mujer" al nacer. De manera paralela, grupos específicos de mujeres (y de varones) étnicamente marcados tienen todavía que arrancar su igualdad si no al universal formal, sí al menos a los poderes racistas, enmascaarados en los discursos igualitaristas que proclaman el universal. En esos casos, no se trata de negar la igualdad o la universalidad (o desconocerlas) sino, por el contrario, se trata de instrumentar estrategias teóricas y prácticas efectivas para dar cuenta de la exclusión.

El reconocimiento formal de derechos -como sabemos- no es suficiente, pero constituye un punto de partida que sienta las bases para superar la inconmensurabilidad de las diferencias (...). Aunque, como la exclusión de las mujeres en general sólo está siendo paliada relativamente, debemos estar alerta ante la crisis actual de las sociedades occidentales. El enmascaramiento en términos de derechos étnico-culturales y religiosos de los patriarcados fundamentalistas no debe pasarnos inadvertido. No sea que esta crisis mundial se "resuelva" (como históricamente ha sucedido tantas veces) en un sexismo operacional (no coherente), que restituya la estabilidad perdida, en términos de refuerzo del patriarcado, donde las mujeres y sus derechos -cuyo lugar siempre ha sido precario y en vías constantes de redefinición y de legitimación- quedarían severamente afectados".

María Luisa Femenías: "Esbozo de un feminismo latinoamericano".