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miércoles, 17 de febrero de 2016

La punta de diamante de la batalla sindical.

"No hay duda de que la prolongación en el tiempo de aquellas huelgas y de aquellas ocupaciones no se habrían dado si no hubiera existido una organización femenina en la retaguardia. Una organización que obligó a cambiar radicalmente las modalidades de gestión del trabajo doméstico y a poner a punto una serie de acciones estratégicas en función de la propia ocupación y de la prosecución de la huelga. Las mujeres de los obreros simularon una manifestación para el día de la mujer con objeto de desviar la atención de la policía de la ocupación de la fábrica, afrontaron los enfrentamientos duramente, resultando 14 mujeres heridas, y, a continuación, se las arreglaron para llevar comida dentro de la planta y romper las ventanas desde fuera a fin de impedir que las bombas lacrimógenas asfixiaran a los que estaban dentro. Se organizaron también para ofrecer un servicio de atención médica. Como es lógico, ellas mismas se sentían transformadas por tal experiencia. Dice la mujer de un huelguista: Por primera vez vivo con un objetivo definido (...). Ya no me basta con ser una mujer, quiero vivir como un ser humano, con derecho a tener mis opiniones. Otra, algunas semanas después del final de la huelga: Mujeres que apenas ayer se horrorizaban con el sindicalismo, que se sentían inferiores ante la tarea de organizar, hablar o emprender iniciativas, casi de la noche a la mañana, se han convertido en la punta de diamante de la batalla sindical".

Mariarosa Dalla Costa: "Familia, políticas de bienestar y Estado entre Progresismo y New Deal".

martes, 9 de febrero de 2016

Balas en lugar de pan.

"La otra marcha imponente (...) fue la de los obreros despedidos de la Ford de Dearborn, el 7 de marzo de aquel mismo año en Detroit. Cerca de 85.000 personas habían perdido el puesto de trabajo y querían presentar un proyecto conforme al cual se les podría volver a contratar. Los manifestantes rondaban los 3.000 y la manifestación estaba autorizada. Sin embargo, cuando, llegados a los lindes de la ciudad la policía les conminó a dar media vuelta, aunque los cabecillas de la manifestación instaron a mantener la "disciplina proletaria", los desempleados decidieron seguir presionando.

La policía respondió con bombas lacrimógenas y la multitud con piedras, desechos y trozos de barro helado. Los bomberos de Ford lanzaron agua helada con camiones cisterna contra los manifestantes, luego la policía abrió fuego, primero con fusiles y pistolas y, a continuación, con ametralladoras. Bajo la lluvia de balas, la multitud se dispersó: algunos intentaron llevarse a los heridos, mientras el resto huía por la calle, dejando tras de sí a cuatro muertos y multitud de heridos. Desde las ventanas que daban a la verja número 4 de la fábrica Ford, algunos técnicos rusos que se encontraban en Dearborn para aprender los métodos de producción de Ford observaban el espectáculo. Los cuerpos de las víctimas estuvieron expuestos durante dos días bajo una gran bandera roja y una fotografía de Lenin con la frase: Ford nos ha dado balas, en lugar de pan. La banda de música tocó la marcha fúnebre rusa de 1905 y miles de obreros siguieron los ataúdes".

Mariarosa Dalla Costa: "Familia, políticas de bienestar y Estado entre Progresismo y New Deal".

lunes, 18 de enero de 2016

Si la policía quiere disparar, tendrá que disparar contra nosotras.

"Después de bailar en la calle ante el Fisher Body nº 2 (...), aquella nochevieja, cerca de 50 mujeres se reúnen y deciden formar el Women's Auxiliary [Grupo Auxiliar de Mujeres] para apoyar a los hombres dentro y fuera de las plantas. Estas mujeres se asignan la tarea de formar piquetes y organizar guarderías donde tener a los niños de las mujeres ocupadas en otras tareas de sostenimiento de la huelga, recogen comida y dinero y contactan a las "viudas" de la sitdown [huelga con ocupación de la fábrica], es decir, a las mujeres que viven con mayor sensación de debilidad las vicisitudes de la huelga, para explicarles los motivos de la misma y animarlas a a movilizarse. Genora Johnson, de veintitrés años de edad, esposa de un líder de aquella lucha, decide formar, junto al primero, un segundo órgano de "mujeres valientes" que, en caso de necesidad, combatiese con los hombres: enseguida se suman 50 voluntarias y, en poco tiempo, ascienden a 350. Se forma así la Women's Emergency Brigade [Brigada de Emergencia de Mujeres]. La Brigada se organiza conforme a criterios semimilitares, con comandante en jefe (Genora) y capitanas. Genora declara: Formaremos un cordón en torno a los hombres y, si la policía quiere disparar, tendrá que disparar contra nosotras".

Mariarosa Dalla Costa: "Familia, políticas de bienestar y Estado entre Progresismo y New Deal".

domingo, 10 de enero de 2016

La fuerza inesperadamente emergente de la Segunda Guerra Mundial.

"Mientras hubo hombres sin trabajo, no se recurrió a las mujeres para la industria bélica. Al principio, se olvidó su existencia. En diciembre de 1939, había 270.000 mujeres desempleadas registradas oficialmente (...). En marzo de 1941, el gobierno decidió poner a trabajar a las mujeres (...), reclutamiento que se pareció en muchos aspectos al reclutamiento de los hombres para el servicio militar (...). Las únicas exentas eran las campesinas, que sustituían a los maridos movilizados, las enfermeras, las comadronas y las profesoras. En mayo de 1942, la movilización se extendió a las mujeres de dieciocho y diecinueve años.

En 1944, 7.650.000 mujeres se encontraron así encuadradas en la industria y en los servicios complementarios o en la defensa civil. Otras 900.000 trabajaban media jornada bajo el control de los mismos servicios. Un millón prestaba un trabajo no remunerado bajo los auspicios del Women's Voluntary Service. Luego hubo que sumar a las campesinas, las enfermeras, las profesoras, etc. (...) Se hizo necesario descentralizar al máximo la producción. Se organizaron a toda prisa almacenes y plantas industriales en las periferias residenciales, donde era posible reclutar a madres de familia (...). El trabajo a tiempo parcial se desarrolló rápidamente".

E. Sullerot, La mujer y el trabajo.

"Las mujeres, en cuanto fuerza de trabajo no sólo más golpeada sino más urgida a actuar durante la guerra para el sostenimiento y la defensa de sí mismas y de los demás, se identificaron luego cada vez menos con la comunidad de pertenencia (familia, región, etc.). Ante la arbitrariedad estatal, las mujeres descubrían no sólo que tal comunidad ya no les garantizaba nada, sino que, justamente por la relación de debilidad y dependencia que tenían dentro de ella, pagaban en una medida monstruosa el sostén de la propia comunidad. Sin duda, nada tiene de absurdo afirmar que las mujeres fueron la fuerza inesperadamente emergente de la Segunda Guerra Mundial".

Mariarosa Dalla Costa, "Reproducción y emigración".

martes, 5 de enero de 2016

De la insubordinación de las mujeres al sistema de fábrica.

"Los fenómenos endémicos de lucha de masas que las mujeres han desplegado tras la Segunda Guerra Mundial van directamente contra la organización de la fábrica y del hogar. La "poca fiabilidad" de las mujeres de la que tanto se han quejado los patronos tanto fuera como dentro del hogar ha crecido a gran velocidad a partir de la Segunda Guerra Mundial. Y va directamente contra la fábrica como unidad disciplinante en el tiempo y en el espacio y contra la fábrica social como reproducción de la fuerza de trabajo. Tal tendencia a un mayor absentismo, a un menos respeto de los horarios, a una mayor movilidad, es común a jóvenes y mujeres de clase obrera. Mientras que en los momentos cruciales de la vida de la pareja, el hombre es el único que percibe un salario, en general, las mujeres, al no estar constreñidas con la misma dureza por la relación laboral y al tener que dar prioridad al trabajo doméstico, muestran también inevitablemente una mayor insubordinación a la disciplina del trabajo, obstaculizando el flujo productivo y ocasionando por ello costes más altos. Ésta es la excusa para salarios discriminatorios que compensan con creces las pérdidas del capital. Pero justamente esta tendencia (que ha llevado a grupos de mujeres a dejar a sus hijos al cuidado de sus maridos en las fábricas y en las oficinas) es y será cada vez en mayor medida una de las fuerzas determinantes de la crisis del sistema de fábrica y de fábrica social".

Mariarosa Dalla Costa: "Mujeres y subversión social", 1972.