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lunes, 3 de septiembre de 2018

Economía moral de justicia.

"A comienzos de abril, miles de esposas de soldados (las soldatki) marcharon por la capital. Estas mujeres habían comenzado la guerra desamparadas, intimidadas y precarias, desesperadas por lograr algo de caridad o un inadecuado apoyo estatal. Pero la ausencia de sus maridos también pudo significar una inesperada liberación. En febrero sus demandas de comida, apoyo, respeto, habían comenzado a adoptar un giro radical. Esa tendencia continuó. En la provincia de Jersón, un observador vio a las soldatki irrumpiendo en casas y "requisando" cualquier lujo que consideraran inmerecido.

No sólo incumplían las leyes e intimidaban a las autoridades siempre que podían, también hubo directamente actos de violencia. El comerciante estatal de harina, que no quiso ofrecerles sus productos a un precio con descuento, fue golpeado por una banda de esposas de soldados, y el pristav, el jefe local de policía que quiso acudir en su ayuda, escapó por muy poco de sufrir el mismo tratamiento.

En el campo, la exuberante y abigarrada propagación de soviets y congresos y conferencias y asambleas campesinas, entre los órganos locales ya establecidos, como los "volosts" y "zemstvos" municipales, comenzaban a adoptar formas ominosas. Ya en marzo, en el Volga, combativas comunas rurales empezaban una disputa con los terratenientes por el alquiler de tierras y el derecho de acceso a los bienes comunales.Bandas de campesinos accedían con cada vez más frecuencia a los bosques del terrateniente local, con hachas y sierras para cortar leña en la hacienda. Ahora, en abril, especialmente en los distritos del noroeste -Balashov, Petrovsk, Serdobsk- esa tendencia aumentaba. A veces los campesinos directamente comenzaban a segar las dehesas nobiliarias para su propio uso, pagando por la siembra sólo los precios que consideraban justos.

Ese sentido de "justicia" era crucial. Desde luego hubo momentos de rabia y crueldad de clase. Pero las acciones de las comunas rurales contra los terratenientes se articularon a menudo escrupulosamente en términos de una economía moral de justicia".

China Miéville: Octubre. Historia de la Revolución Rusa.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La guerra de las mujeres.

"En noviembre de 1929, miles de mujeres igbo se reunieron en los centros de "administración nativa". Corearon, bailaron, entonaron canciones de burla, y demandaron las placas identificativas de los llamados Jefes de Garantía, los igbo elegidos de cada pueblo por los británicos como miembros de las Cortes Nativas. En algunos lugares las mujeres irrumpieron en las prisiones y liberaron a los detenidos.

Dieciséis Cortes Nativas fueron atacadas y la mayoría de ellas fueron destrozadas o quemadas. El "área de los disturbios" cubrió unos 9.650 km2 y contó con la participación de unos dos millones de personas. No se sabe cuántas mujeres estuvieron involucradas, pero la cifra estimada era de decenas de miles. En dos ocasiones, Agentes de Distrito británicos llamaron a la policía y a las tropas, quienes dispararon contra las mujeres y dejaron un total de más de cincuenta muertas y cincuenta contusionadas. Ninguna persona de la otra parte fue gravemente herida".

Judith Van Allen: "Aba Riots or Igbo women's war?" Ideology, stratification and invisibility of women".

domingo, 18 de octubre de 2015

Que la única forma de someter a los ricos era retorcerles el brazo.

"¿Pero eran realmente tan ignorantes los pobres? Uno sospecha que los molineros y comerciantes, que estaban ojo avizor con respecto a la gente y al tiempo procuraban elevar al máximo sus beneficios, conocían mejor las circunstancias que los poetastros sentados en sus escritorios. Pues los pobres tenían sus propias fuentes de información. Trabajaban en los puertos. Transportaban las barcazas a lo largo de los canales. Conducían los carros y manejaban las barreras de peaje. Trabajaban en los graneros y molinos... Con frecuencia conocían los hechos locales mucho mejor que la gentry; en muchas acciones fueron derechos a las provisiones de grano escondidas cuya existencia habían negado, de buena fe, los jueces de paz. Si es cierto que los rumores iban muchas veces más allá de todo límite, tenían siempre al menos su raíz en una ligera base de realidad. Los pobres sabían que la única forma de someter a los ricos era retorcerles el brazo".

E. P. Thompson: "La economía moral de la multitud".

martes, 25 de agosto de 2015

Que debían haber esperado doscientos años para su liberación.

"Las iniciadoras de los motines eran, con frecuencia, las mujeres. Sabemos que en 1693 una gran cantidad de mujeres se dirigió al mercado de Northampton, con "cuchillos escondidos en sus corpiños para forzar la venta del grano según su propia evaluación". En un motín contra exportación en 1737, en Poole (Dorset), se informó que los Grupos se componen de muchas Mujeres, y los Hombres las apoyan, y Juran que si alguien se atreve a molestar a alguna de las Mujeres en sus Acciones, ellas pueden levantar un Gran Número de Hombres y destruir tanto Barcos como Cargamentos. El populacho fue alzado en Stockton (Durham) en 1740 por una "Señora con un palo y una corneta". En Haverfordwest (Pembroke), en 1795, un anticuado juez de paz que intentó, con ayuda de un subalterno, luchar contra los mineros del carbón, se quejó de que las mujeres incitaban a los Hombres a la pelea, y eran perfectas furias.

(...) Un grupo de mujeres (...) fue al molino de viento de Godsen, donde, injuriando al molinero por haberles dado harina morena, se apoderaron del lienzo del tamiz con el que el molinero estaba preparando la harina de acuerdo con las normas del Decreto del Pan, y lo cortaron en mil pedazos; amenazando al mismo tiempo con tratar así todos los utensilios similares que intentase usar en el futuro de igual manera. La amazónica dirigente de esa cabalgata de sayas, ofreció después a sus colegas licor, por valor de una guinea, en la taberna de Crab Tree.

(...) Estas mujeres parecen haber pertenecido a una prehistoria de su sexo anterior a la caída, y no haber tenido conciencia de que debían haber esperado doscientos años para su liberación".

E. P. Thompson: "La economía moral de la multitud".