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martes, 9 de mayo de 2017

Que la cuestión de la mujer se había resuelto.

"La puesta en marcha de la Nueva Política Económica (NEP) en 1921 significó un retorno progresivo de las mujeres a la situación anterior a la Revolución. (...) Las mujeres sufrieron el aumento del desempleo que duró hasta 1927 y fueron empujadas a replegarse a los sectores "tradicionales" como los textiles y la industria ligera. Las prácticas de "libre mercado" se convirtieron en discriminación contra ellas en contrataciones y despidos, especialmente dado el costo de las licencias de maternidad y la protección en el trabajo durante el embarazo y la lactancia. Al tiempo, se instituyeron cuotas por servicios que habían sido gratuitos, como los comedores colectivos, y alrededor de la mitad de las guarderías y hogares para madres solteras se vieron obligados a cerrar. 

(...) Dejando de lado el compromiso que habían hecho los bolcheviques de no interferir en la vida personal de los ciudadanos, en la década de los años treinta comenzó a difundirse que la teoría de la "extinción de la familia" llevaba al libertinaje sexual, mientras que las alabanzas a las "buenas amas de casa" empezaron a aparecer en la prensa. EN 1936, un editorial de Pravda denunciaba un plan habitacional con cocinas colectivas como una "desviación de izquierda" y un intento por "introducir artificialmente la vida comunal", fue el aldabonazo para volver a la familia tradicional y el abandono de todos los experimentos hechos hasta entonces.

La burocracia estalinista comenzó a eliminar todas las leyes que los bolcheviques habían ido introduciendo y que permitían tanto a hombres como a mujeres la plena expresión de su potencial. La homosexualidad, la prostitución, la promiscuidad sexual y el adulterio se declararon ofensas criminales en 1934, castigadas con un mínimo de ocho años en prisión, al tiempo que el divorcio devino un proceso largo. Y dos años después, el Código Familiar ilegalizó el aborto, algo que implicó un alto coste para las trabajadoras: la tasa de muertes por aborto aumentó considerablemente (...). Al mismo tiempo, el gobierno comenzó a emitir "condecoraciones a heroínas" a las mujeres que tuvieran un gran número de hijos. El Código Familiar de 1944 retiró el reconocimiento de los matrimonios de facto, restauró el concepto de "ilegitimidad", abolió la coeducación en las escuelas y prohibió las demandas de paternidad.

A partir de 1922 Aleksandra Kollontai quedó marginada y perdió su influencia política. (...) En 1930 (...) el líder Iosef Stalin anunció que la cuestión de la mujer se había resuelto".

Soledad Bengoechea y María Cruz Santos: "Las mujeres en la Revolución rusa".


sábado, 4 de marzo de 2017

Cuantos más hilos haya de alma en alma.

"Bajo el dominio de la ideología burguesa y del estilo de vida capitalista-burgués, el carácter multiforme del amor engendra una serie de dramas psicológicos dolorosos e insolubles. (...) Una cultura fundada sobre el instinto de propiedad ha inculcado a los hombres la convicción de que el sentimiento amoroso tenía también como base el principio de propiedad. La ideología burguesa ha metido en la cabeza de las personas la idea de que el amor, incluso el amor mutuo, otorgaba derecho a poseer por entero y sin compartirlo el corazón del ser amado. (...) Pero ¿acaso tal idea puede estar de acuerdo con los intereses de la clase obrera? ¿No resulta, en cambio, (...) importante y deseable que las personas se hagan más ricas, más diversificadas? Cuantos más hilos haya tendidos de alma a alma, de corazón a corazón, de espíritu a espíritu, más se enraizará el espíritu de solidaridad y más fácil vendrá a ser la realización del ideal de la clase obrera: la camaradería y la unidad.

(...) La ideología de la clase obrera subordina el amor que los miembros de la colectividad sienten los unos por los otros a un sentimiento más imperioso: el amor-deber para con la colectividad. Por grande que sea el amor que una a los dos sexos, por numerosos que sean los lazos sentimentales y espirituales que teja entre ellos, lazos de igual orden deben mantenerse para con la colectividad en general, lazos aún más fuertes y abundantes, más orgánicos. La moral burguesa exigía: todo para el ser amado. La moral proletaria proscribe: todo para la colectividad.

(...) Si desaparecen en las relaciones sexuales la pasión ciega, absorbente, exigente, el sentimiento de propiedad, el deseo egoísta de "apropiarse" para siempre al ser amado; si pierden su fuerza la fatuidad masculina y la monstruosa renuncia a sí misma que hace la mujer, veremos en cambio desarrollarse en el amor otros rasgos preciosos. Veremos cómo se refuerzan el respeto a la otra persona, la aptitud para tomar en consideración sus derechos, (...) crecer en la aspiración, expresar el amor no sólo mediante besos y caricias, sino también por la acción común, por la voluntad unida, por la obra conjunta".

Alejandra Kolontai: "Ideología proletaria del amor", 1923.

lunes, 24 de octubre de 2016

En lugar de respeto igual, el evento de Miss América.

"Las feministas como Charlotte Perkins Gilman de pronto descubrieron que no conseguían publicar sus escritos; Jane Addams fue tildada de comunista y una "seria amenaza" para la seguridad nacional, y Emma Goldman fue exiliada. Los medios calumniaban a las sufragistas; los escritores de las revistas advertían que el feminismo era "destructivo para la felicidad de la mujer"; las novelas populares atacaban a "las mujeres de carrera"; los clérigos se lanzaban contra "los males de la revolución femenina"; los estudiosos acusaban al feminismo de propulsar el divorcio y la esterilidad; y los médicos afirmaban que el control de la natalidad estaba causando "un incremento de la insania, la tuberculosis, la enfermedad de Bright, la diabetes y el cáncer". Las mujeres jóvenes, informaban los escritores de las revistas, ya no deseaban que las fastidiaran con "todo ese alboroto feminista".

(...) En lugar de respeto igual, la nación ofreció a las mujeres el evento de belleza Miss America, creado en 1920, el mismo año en que las mujeres obtuvieron el voto. En lugar de derechos iguales, los legisladores, los líderes del trabajo y de la empresa y finalmente algunos grupos de mujeres avalaron políticas laborales "protectivas", medidas que servían en gran medida para proteger los puestos de los hombres y denegarles a las mujeres una paga igual. La del '20 erosionó una década de crecimiento para las profesionales mujeres; para 1930 había menos médicas que en 1910. Cuando llegó la Depresión, una nueva ronda de leyes federales y estatales sacó a miles de mujeres de la fuerza laboral y nuevos códigos salariales federales institucionalizaron tasas de paga menores para las mujeres. (...) Pero como hoy, la mayoría de los comentaristas sociales sostenían que las tiendas de campaña de las feministas se estaban plegando sólo porque había concluido su batalla: los derechos de la mujer habían sido asegurados".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

lunes, 17 de octubre de 2016

Que nuestra especialidad es la auto-anulación.

"Al distribuir los beneficios, la liberación de las mujeres le ha dado a mi generación ingresos altos, nuestro propio cigarrillo, la opción de ser madres solteras, centros para las crisis por violación, líneas de crédito personales, el amor libre y ginecólogas mujeres, escribe Mona Charen, joven estudiosa del derecho en la National Review, en un artículo titulado "El error feminista". A cambio, nos ha quitado efectivamente aquello en lo que se apoya la felicidad de la mayoría de las mujeres: los hombres. La National Review es una publicación conservadora, pero esos cargos contra el movimiento de las mujeres no se limitan a sus páginas. Nuestra generación fue el sacrificio humano al movimiento femenino, afirma la autora Elizabeth Mehren en una nota al fondo de Los Angeles Times. Las mujeres del "auge de los bebés" (los niños nacidos en la década de 1940) como ella, observa, han sido engañadas por el feminismo: Creímos en la retórica. En Newsweek, la autora Kay Ebeling tilda al feminismo de "Gran Experimento que fracasó" y asevera: las mujeres de mi generación, las perpetradoras, son las víctimas. Lo dicen incluso las revistas de belleza: Harper's Bazaar acusa al movimiento femenino de haber perdido terreno (para las mujeres) en lugar de ganarlo".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

"De todos los enemigos de la mujer, os digo que los peores son los que insisten en que la mujer es un ángel. Decir que la mujer es un ángel es imponerle, de una manera sentimental y admiradora, todos los deberes, y reservar para sí mismo todos los derechos; es presuponer que su especialidad es la auto-anulación, resignación y sacrificio; es sugerirle que la gloria mayor de una mujer, su mayor felicidad es inmolarse por las personas que quiere; (...) es decir que ella responderá al absolutismo con sumisión, a la brutalidad con docilidad, a la indiferencia con la ternura, a la inconstancia con la fidelidad, al egoísmo con la devoción".

María Deraismes.

jueves, 6 de octubre de 2016

La crisis de la masculinidad.

"La crisis de la masculinidad volvería con cada reacción. Los noveles Boy Scout de Norteamérica reclutaban a un quinto de todos los muchachos norteamericanos para 1920; la meta explícita de su fundador era contener la feminización del varón norteamericano retirando a los jóvenes de la muy poderosa órbita femenina. El jefe de los scouts Ernest Thompson Ston temía que los muchachos se estuvieran degenerando en "un grupo de fumadores de cigarrillos de pecho chato, de nervios inestables y dudosa vitalidad". Nuevamente, en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, los comentaristas y las figuras literarias masculinas se inquietaban mucho por las reducidas potencias varoniles. En el hogar, el "mamismo" estaba chupándose los juegos viriles. El libro de gran venta Generation of Vipers [Generación de víboras] de Philip Wylie advertía: Debemos enfrentar de inmediato a la dinastía de las damas, privarlas de nuestras billeteras, antes de que el hombre norteamericano degenerara en el varón abdicante. En lo que se suponía el número especial sobre "La mujer norteamericana", la revista Life hacía hincapié en la rodilla débil del hombre norteamericano. Como las mujeres no habían estado a la altura de sus deberes femeninos, el artículo de 1956 acusaba: "El norteamericano emergente tiende a ser pasivo e irresponsable". En el mundo de los negocios, el Wall Street Journal advirtió en 1949 que las "mujeres están tomando el poder". Look lamentaba el surgimiento del "dominio femenino": primero las mujeres habían tomado el control de la Bolsa, y ahora estaban avanzando hacia "los empleos ejecutivos con autoridad".

(...) Bajo esa reacción, como en las predecesoras, había predominado una respuesta excesiva, a menudo ridícula, al modesto progreso de las mujeres. "Las mujeres están dominando", es nuevamente una expresión que muchas trabajadoras oyen a sus colegas masculinos cuando una o dos mujeres han sido promovidas en la compañía, mientras la dirección superior sigue siendo sólidamente masculina. (...) En la universidad de Boston, el presidente John Silbert decía enfurecido que su departamento de Inglés se había convertido en un "maldito matriarcado", cuando sólo seis de sus veinte miembros eran mujeres. Las feministas tienen "control absoluto" del Pentágono, se quejó un brigadier general, cuando las mujeres, mucho menos las feministas, representaban escasamente el 10% de los servicios armados y en general estaban relegadas a los niveles inferiores de las fuerzas".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

martes, 4 de octubre de 2016

Que las mujeres son infelices precisamente porque son libres.

"Este boletín de la desesperación se exhibe en todas partes: en el quiosco de periódicos, en la televisión, en el cine, en los avisos publicitarios, en los consultorios médicos y en las publicaciones académicas. Las mujeres profesionales están padeciendo "agotamiento" y sucumbiendo a una "epidemia de infertilidad". Las mujeres solteras sufren la "escasez de hombres". Informa el New York Times: las mujeres sin hijos están "deprimidas y confundidas" y aumentan sus filas. Newsweek dice: las mujeres solteras están "histéricas" y se derrumban bajo una "profunda crisis de confianza". Los manuales de consejos sanitarios informan: las mujeres de carreras importantes se ven atacadas por desusados brotes de "perturbaciones inducidas por el stress", pérdida del pelo, neurosis, alcoholismo e incluso problemas cardíacos. Observan los libros de psicología: la soledad de las mujeres independientes representa "un importante problema de salud mental en el presente". Incluso la feminista fundadora Betty Friedan ha estado advirtiendo: las mujeres padecen ahora una nueva crisis de identidad y "nuevos problemas que no tienen nombre".

¿Cómo puede ser que las mujeres norteamericanas tengan tantos problemas en un momento en que se supone que son tan felices? Si la condición de la mujer nunca ha sido más alta, ¿por qué está tan bajo su estado emocional? Si las mujeres tienen lo que querían, ¿cuál puede ser el problema ahora?

La sabiduría predominante de la década pasada ha dado pie a una y sólo una respuesta a este enigma: debe ser toda esa igualdad lo que está causando todo ese dolor. Las mujeres son infelices precisamente porque son libres. Las mujeres se han esclavizado con su propia liberación. Aferraron la sortija dorada de la independencia sólo para perder la única sortija que realmente importa. Obtuvieron el control de su fertilidad sólo para destruirla. Persiguieron sus propios sueños profesionales para ser derrotadas en la mayor aventura femenina. El movimiento femenino, nos dicen reiteradas veces, ha demostrado ser el peor enemigo de las mujeres".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La reacción contra los derechos de las mujeres.

"La reacción es al mismo tiempo sofisticada y banal, engañosamente "progresista" y orgullosamente retrógrada. Despliega tanto los "nuevos" hallazgos de la "investigación científica" como la moralidad barata de ayer; convierte en sonido de los medios tanto los volubles pronunciamientos de los observadores de tendencia de la psicología popular como la retórica frenética de los predicadores de la Nueva Derecha. La reacción ha logrado encuadrar prácticamente toda la cuestión de los derechos de las mujeres en su propio lenguaje. Así como el reaganismo desplazó el discurso político hacia la extrema derecha y demonizó al liberalismo, del mismo modo la reacción convenció al público de que la "liberación" de las mujeres era el verdadero azote norteamericano contemporáneo: la fuente de una interminable lista de lavadero de problemas personales, sociales y económicos.

(...) Sin duda, la hostilidad a la independencia femenina siempre ha estado entre nosotros. Pero si el temor y el aborrecimiento del feminismo es una especie de condición viral perpetua en nuestra cultura, no siempre está en una etapa aguda; sus síntomas decaen y resurgen periódicamente. Y son esos episodios de resurgimiento, como el que enfrentamos ahora, los que pueden denominarse precisamente "reacciones" al avance de las mujeres. (...) Esos estallidos son reacciones porque siempre han surgido a propósito de "progresos" de las mujeres, causados no simplemente por un sustrato de misoginia sino por los específicos esfuerzos de las mujeres contemporáneas para mejorar su condición, esfuerzos que han sido interpretados una y otra vez por los hombres -en especial por hombres que enfrentan amenazas reales a su bienestar económico y social en otros frentes- como anunciadores de su propia condena masculina.

(...) Backlash [reacción] es el título de un film de Hollywood de 1947 en el que un hombre acusa a la esposa de un asesinato que él ha cometido. La reacción contra los derechos de las mujeres actúa de un modo muy parecido: su retórica acusa a las feministas de todos los delitos que perpetra".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La producción cultural de la solterona o El mito del reloj biológico.

"Otros vehículos de la cultura popular han estado señalando la misma conexión: en los films de Hollywood, de los cuales Atracción fatal es uno de los más famosos, las mujeres emancipadas con vivienda propia andan furtivamente con ojos despavoridos entre paredes desnudas, pagando su libertad con una cama vacía, un vientre yermo. "Mi reloj biológico emite un tictac tan alto que me mantiene despierta por las noches", grita Sally Field en el film Surrender que, en una transformación muy común en el cine de la década del '80, de las combativas heroínas trabajadoras pasó a representar a mujeres que se desesperan por un hombre. En los principales programas televisivos las mujeres solteras, profesionales y feministas son humilladas, convertidas en arpías o sufren colapsos nerviosos; las inteligentes lamentan su estilo independiente para la secuencia final. En las novelas populares, de A sing of the eighties [Un signo del '80] de Gail Parent a Misery de Stephen King, las mujeres solteras se reducen a solteronas llorosas o se inflan convirtiéndose en diablas que respiran fuego; renunciando a todas las aspiraciones salvo al casamiento, imploran anillos de boda ante extraños o arrojan hachas a solteros renuentes. "Lo estropeamos esperando", solloza con remordimiento una típica mujer profesional en Singular women [Mujeres singulares] de Freda Bright: ella y sus hermanas, profesionales, están "condenadas a no tener nunca hijos". Incluso la heroína independiente y de alto vuelo Erica Jong literalmente se estrella hacia el final de la década, cuando la escritora reemplaza a la vivaz Isadora Wing de Temor de volar, símbolo de la emancipación sexual femenina de la década del '70, por una profesional amargada que recupera su dependencia en Any woman's blues [Las tristezas de cualquier mujer], un libro que intenta, como lo declara francamente la narradora, 'demostrar en qué callejón sin salida se ha convertido la denominada revolución sexual, y qué desesperadas han estado las llamadas mujeres libres en los últimos años de nuestra época decadente'".

Susan Falude: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

sábado, 3 de septiembre de 2016

¡Qué buena suerte!

"Ser mujer en Norteamérica a fines del siglo XX: ¡qué buena suerte! Al menos, eso es lo que oímos todo el tiempo. Han caído las barreras, nos aseguran los políticos. Las mujeres "lo han logrado", se viva en Madison Avenue. La lucha de las mujeres por la igualdad "en gran medida se ha ganado", anuncia la revista Times. Se matriculan en cualquier universidad, ingresan en cualquier firma de abogados, solicitan un crédito en cualquier banco. Las mujeres tenemos ahora tantas oportunidades, dicen los empresarios líderes, que realmente no necesitamos políticas de igualdad de oportunidades. Las mujeres somos tan iguales ahora, dicen los legisladores, que ya no necesitamos una Enmienda de Derechos Iguales. Las mujeres tienen "tanto", dice el ex presidente Ronald Reagan, que la Casa Blanca ya no necesita nombrarlas en puestos más altos. Incluso los avisos de American Express saludan la libertad de la mujer para usar sus servicios. Las mujeres han recibido al fin los documentos que acreditan su ciudadanía completa.

Y sin embargo...

Detrás de esta celebración de la victoria de la mujer norteamericana, detrás de las noticias reiteradas interminable y alegremente de que se ha ganado la batalla por los derechos de la mujer, figura otro mensaje. Pueden ser libres e iguales ahora, les dice a las mujeres, pero nunca han sido más infelices".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

viernes, 26 de febrero de 2016

¿Qué vestirán los hombres cuando las mujeres lleven pantalones?

"La reivindicación del sufragio fue considerada subversiva en un primer momento porque su concesión conllevaba la presencia femenina en la esfera pública y cuestionaba, por tanto, el monopolio masculino de este espacio. Para muchos hombres y para determinados sectores minoritarios de mujeres antisufragistas, esta presencia pública resultaba incompatible con el discurso de la domesticidad y del orden patriarcal. Los antisufragistas alegaron que la entrada de las mujeres en la esfera pública significaría el abandono del hogar con consecuencias desastrosas para el orden patriarcal existente. Su presencia pública representaba una clara amenaza para el arquetipo de "Ángel del Hogar", delimitado a la casa. Rechazaron el sufragio femenino por poner en peligro la familia, los valores culturales tradicionales y el orden social. La propaganda antisufragista subrayaba que otorgar el voto a las mujeres desvirtuaría la esencia femenina y conllevaría la transgresión de la división sexual establecida en la familia y en la sociedad. La presencia de las mujeres en los espacios públicos prohibidos fue representada como una inversión inadmisible de roles. Como rezaba un titular de una caricatura francesa de la época, "el triunfo del feminismo" provocaría el caos de un "mundo trastocado". Los antisufragistas alegaron que el sufragio femenino comportaría la masculinización de las mujeres, el abandono de sus deberes sociales y familiares y el libertinaje sexual. En su repertorio de argumentos, figuraba, además, la supuesta naturaleza histérica de las mujeres como impedimento para participar en la política nacional".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

miércoles, 21 de octubre de 2015

La mujer como menor de edad o Votar para salvar el Partido

"La gran mayoría votará a los candidatos más reaccionarios; otra porción no despreciable, a que más pague, y la otra, al candidato mejor mozo y más guapo (...). Y es que hemos descuidado todos la educación moderna de la mujer. La hemos dejado en manos del cura, zafio y grotesco, y de la madrota, mercantilista y unitaria. (...) Rudo golpe experimentará la democracia con la innovación; más no por eso hemos de ser enemigos de ella. Impónese una labor de propaganda y proselitismo en los medios femeninos (...). Con tales condiciones, del millón largo de mujeres que en España tendrán voto, al correr el tiempo, y después de una campaña eficaz, buen número de ellas vendrán a nuestro campo o simpatizarán con él, ya que sólo en él hallarán remedio a sus legítimas ansias de redención integral".

El Socialista, 30 de agosto de 1924.

"Sin ser feministas, nos basta con ser socialistas. (...) Las que en la casa, en el taller, en la fábrica, en la oficina, en la universidad, en el laboratorio, o e la escuela o en la mina se enorgullecen de ser trabajadoras, no precisarán que las hablemos de feminismo, ni de los problemas artificiosos de la superioridad entre los dos sexos para que nos escuchen, para que nos sigan, para que vengan con nosotros a las filas del Socialismo, cuando las invitemos a que nos ayuden en la tarea de dar realidad a las reivindicaciones que constituyen la esencia humana y liberadora del Socialismo mundial. Por eso, porque conocemos el buen sentir de la mujer, su fina perspicacia, su amor a los hijos, que son los hombres del porvenir, estamos convencidos de que la mujer española será dentro de muy poco tiempo socialista cristalizando en este ideal su amor a la paz, a la cultura y al bienestar de la Humanidad".

"Editorial: Feminismo no, Socialismo", El Socialista, 1 de septiembre de 1924.

martes, 20 de octubre de 2015

Votar para salvar la Patria.

"Ir a votar no significa abandono de la casa, a no ser que se pretenda que la mujer guarde la casa como el carcelero la cárcel. (...) ¿Que no debe bajar al campo revuelto de la política? Pero, ¿no hemos quedado en que es el ángel de paz? Dejad, pues, que baje a ese campo revuelto y deje sentir su pacificadora influencia. Para ir a depositar su voto en la urna una vez cada dos años, ni necesita la mujer abandonar la casa, ni bajar a ningún campo, ni correr el peligro de ser arrebatada por ningún torbellino; todo eso son fantasmas, espantajos pueriles para cohonestar de alguna manera lo que no se puede defender en serio".

C. Lario: "El voto de la mujer", La Mujer y el Trabajo, 1923.

"No todas miramos a las urnas con los mismos ojos; (...) todas miramos en ellas la defensa de nuestros derechos de mujeres y de obreras, injustamente vejados y pisoteados; pero, creedlo, unas miran con la mirada roja del odio y de la venganza, creyendo es llegada la hora de echar por tierra, valiéndose de la urna, la Religión, la propiedad, la autoridad, la Patria; y lo digo con orgullo: la mayoría, las católicas, las obreras del orden, vemos, sí, el medio que nos depara la Providencia para barrer mucha inmundicia y acabar con muchas injusticias; pero siempre dejando a salvo principios tan sólidos como la Religión, la propiedad y la Patria, base firme de nuestra grandeza de ayer, fundamento de nuestro esplendor de mañana, explicación de nuestro bienestar de siempre".

Mercedes Quintanilla: Mítin de Acción Católica de Mujeres organizado en Madrid, 28 de junio de 1924.


sábado, 6 de junio de 2015

El mito de las denuncias falsas.

"En 1900, Bernard Sachs (el "decano de la neurología estadounidense") ofreció un análisis detallado del vínculo entre la histeria y las falsas acusaciones de violación. Según él, las mujeres histéricas tenían propensión a hacer estas acusaciones cuando se hallaban en un estado de gran agitación, como durante la menstruación, por ejemplo. (...) De hecho, para los médicos de comienzo del siglo XX, una de las principales demostraciones de que una mujer sufría histeria era su propensión a lanzar indiscriminadamente acusaciones de impudicia sexual.

(...) William Robinson, presidente del Consejo Médico y Jefe del Departamento de Enfermedades Genito-Urinarias y Dermatología del Hospital del Bronx, (...) afirmaba que las mujeres que formulaban acusaciones de violación eran "degeneradas". Eran "histéricas, psicópatas, buscaban notoriedad o eran simplemente viciosas". Las mentiras que tramaban las mujeres eran "de un ingenio realmente extraordinario", especialmente porque en muchas ocasiones terminaban creyéndose sus propias historias fantasiosas.

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.

lunes, 1 de junio de 2015

Del miedo a perder los privilegios.

"Las feministas como ella, creía él, padecían identificaciones proyectivas narcisistas típicas de mujeres con múltiples fijaciones pregenitales, especialmente de aquellas que no han resuelto el golpe narcisista que supone carecer de un órgano especialmente visible. Esta rebelión contra el padre primordial en realidad tenía que ver con un deseo de castrar a todos los hombres. Su narcisismo y su envidia de pene las mantenía atrapadas en la etapa edípica del desarrollo, defendiendo siempre a la madre como víctima frente al padre como opresor. (...) Detrás de la ideología feminista acechaba una orientación homosexual latente o real. Intentaban "atraer" a otras mujeres a una forma real o simbólica de lesbianismo.

Las mujeres feministas eran el objeto de los mayores ataques, pero Schoenewolf también criticaba severamente a los compañeros de viaje masculinos de éstas. Estos hombres habían sido evidentemente incapaces de conservar sus "facultades críticas" y padecían un grave caso de narcisismo masculino y de angustia de castración".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.