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lunes, 11 de septiembre de 2017

Tampoco nadie contó a las mulas.

"Muchos de los soldados que han tomado la ciudad son mujeres, guerrilleras y revolucionarias que llevan cuatro años a las órdenes de Villa. (...) Además de luchar están obligadas a cocinar, limpiar y satisfacer sexualmente a los hombres sin recibir ningún tipo de compensación por todas esas tareas. (...) Para escapar de ese destino, Petra Herrera ha partido a la revolución disfrazada de hombre. Es una especie de terrorista de género, una infiltrada al otro lado de las líneas enemigas. Lleva cuatro años haciéndose llamar Pedro Herrera, cuatro años hablando, comportándose y moviéndose como un hombre. Aprovecha las noches para lavarse, si alguien le pregunta dice que se está afeitando. De todas formas a esas horas todos están dormidos, borrachos o las dos cosas. En esos cuatro años, Petra no sólo ha aprendido a disparar sino también a manejar la dinamita. Es uno de los mejores soldados de Villa uno de los líderes indiscutibles de su ejército. Ha hecho saltar por los aires puentes, líneas de ferrocarril, cuarteles enteros. En el cuerpo a cuerpo no se queda atrás, su puntería le ha hecho ganarse el respeto de sus compañeros, que la obedecen cuando habla a pesar de no tener ningún grado oficial.

En la batalla de Torreón no se quedará atrás. El batallón que lidera es uno de los más importantes para la toma de la ciudad, el que resultará más efectivo cuando los revolucionarios caigan sobre ella después de los bombardeos. Su papel es tan destacado que el propio Villa les felicita personalmente. Petra aprovecha la victoria para detonar el atentado de género que llevaba cuatro años preparando: en medio de las felicitaciones, anuncia que es una mujer. El anuncio es como una bofetada en el rostro de Villa, que lo interpreta como una ofensa. A pesar de los ruegos de muchos de sus hombres, se niega a conceder el rango de general a Petra (...). Se calcula que en la toma de Torreón habían participado al menos cuatrocientas mujeres, pero las fuentes son confusas. Esta cifra parece referirse sólo a la participación militar directa, pero lo cierto es que prácticamente todas las mujeres que se ocupaban de tareas como la cocina y la limpieza del campamento también tomaban las armas cuando era necesario. Es muy probable que fuesen muchas más mujeres, pero nadie se molestó en contarlas. Al fin y al cabo, tampoco nadie contó a las mulas".

Layla Martínez: Batallones de mujeres en guerras y revoluciones.

jueves, 15 de septiembre de 2016

La cultura occidental da asco (VIII).

"Nuestra sociedad ha estado influenciada hasta el tuétano por pensamientos tan importantes en la historia de Occidente como los de Aristóteles, por ejemplo, que han marcado su pensamiento científico y el pensamiento filosófico, anclados en afirmaciones tan disparatadas como aquellas de que el mejor adorno de la mujer es el silencio o que siendo la palabra el fundamento mismo de la polis hay que privar a la mujer del uso de la palabra. (...) Ahí está San Agustín, otro elemento del pensamiento occidental y universitario, asegurando que la mujer es un varón incompleto porque así lo ha querido Dios".

Beatriz Carrillo: "Gitanas a la conquista de la historia".

"Las mujeres se han hecho tan poderosas que nuestra independencia se ha perdido en nuestros propios hogares y ahora está siendo pisoteada en público. Así se lamentaba Catón en el 195 a.C., después de que unas pocas mujeres romanas trataran de repeler una ley que prohibía a su sexo viajar en carrozas y lucir trajes multicolores. En el siglo XVI, la sola posibilidad de que dos damas reales pudieran ocupar tronos en Europa al mismo tiempo hizo que John Knox emitiera su famosa diatriba: El primer toque de la trompeta contra el monstruoso regimiento de mujeres.

Para el siglo XIX, los voceros de los temores masculinos en general habían aprendido a ocultar su ansiedad por la independencia femenina detrás de máscaras de paternalismo y piedad. Como explicó a sus lectoras Edward Bok, legendario editor victoriano del Ladie's Home Journal y guardián de la moral femenina, el sexo más débil no debe aventurarse más allá de la esfera familiar porque sus nervios rebeldes instantánea y correctamente advierten: Hasta acá irás, pero no más lejos".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

martes, 12 de abril de 2016

Que esas ideas que se han apoderado de ti por un momento te harían desgraciada.

"Desde su inteligencia a su estatura, todo en ella es inferior y contrario a los hombres. Todo en ella va de fuera a dentro. Todo es concentrativo, receptivo y pasajero; en un hombre todo es activo y expansivo (...) En sí misma, la mujer, no es como el hombre, un ser completo; es sólo el instrumento de la reproducción, la destinada a perpetuar la especie; mientras que el hombre es el encargado de hacerla progresar, el generador de inteligencia, a la vez creador y demiurgo del mundo social. Así es que todo tiende hacia la no-igualdad entre los sexos y la no-equivalencia; de modo que las mujeres, inferiores a los hombres, deben ser su complemento en las funciones sociales".

Pompeyo Gener: "De la mujer y sus derechos en las sociedades modernas", La Vanguardia, 26 de febrero de 1889.

"El hombre y la muger no tienen iguales derechos ni los mismos deberes, prescindiendo de los generales de la especie humana. La muger, por su naturaleza, no debe ni puede tener las mismas ocupaciones que el hombre. Esas ideas que se han apoderado de ti por un momento te harían desgraciada, porque destruyen y aniquilan los lazos de la familia".

Doña F. de A. P. y Mariano Carderera: La ciencia de la mujer al alcance de las niñas, 1856. Texto aprobado por el Consejo Real de Instrucción Pública para su difusión en las escuelas.

Imagen procedente de Conspiração Libertina

lunes, 11 de abril de 2016

Sistema de género y sociedad contemporánea.

"El discurso de género vinculó la feminidad con la naturaleza. En cambio, la masculinidad se construyó en el marco de la cultura y de la razón. Cabe subrayar que, con la excepción de la noción de virilidad, la identidad masculina quedó apenas asociada a la naturaleza sexual del hombre (...). Los rasgos identitarios predominantes de la masculinidad contemporánea se relacionaban con la superioridad, el trabajo, la virilidad, la ciudadanía y el perfil de hombre público. Frente a la mujer doméstica, se definía al varón como agente económico y sujeto político. El arquetipo masculino detentaba la autoridad económica, política y patriarcal de este nuevo orden moral de la economía de mercado. En esta nueva cultura de la modernidad burguesa, la identidad masculina se fundamentaba en el trabajo como la mayor virtud varonil. La honradez, la respetabilidad, el sentido de la responsabilidad en los negocios y la ética del trabajo constituyeron las señas de identidad masculinas. Trabajo y ocupación configuraron los pilares identitarios de la masculinidad moderna, en contraste con la adscripción identitaria femenina a través de la naturaleza maternal, la dedicación a la familia y los restringidos deberes domésticos. Frente a los componentes de autoridad masculina, la concepción de la feminidad se basaba en la dependencia, el arquetipo de madre y cónyuge piadosa dedicada de forma abnegada y silenciosa a su familia, en la estricta reclusión al espacio doméstico del hogar. La lógica del discurso de género acabó definiendo un orden social de superioridad masculina, es decir, un sistema de género que legitimaba la nueva sociedad contemporánea a la vez que era legitimado por ella".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

viernes, 1 de abril de 2016

En esa lucha, la mujer está sola.

"El movimiento obrero, que se basaba en una identidad entre la exaltación de la producción y los grandes oficios viriles -el valiente minero, el fuerte trabajador de la construcción, el mecánico listo en la técnica, héroes que impulsaron la segunda industrialización- denigró el feminismo como burgués".

Michelle Perrot: "1914: great feminist Expectations".

"Dos cosas empiezan a desplomarse en el mundo por inicuas: el privilegio de las clases que fundó la civilización del parasitismo, de donde nació el monstruo de la guerra, y el privilegio del sexo macho que convirtió a la mitad del género humano en seres autónomos y a la otra mitad en seres esclavos, creando un tipo de civilización unisexual: la civilización masculina, que es la civilización de la fuerza y que ha producido el fracaso moral a través de los siglos.

(...) El hombre revolucionario que hoy lucha por su libertad, sólo combate contra el mundo exterior. La mujer revolucionaria, en cambio, ha de luchar en dos terrenos: primero por su libertad exterior, en cuya lucha tiene al hombre de aliado por los mismos ideales, por idéntica causa; pero, además, la mujer ha de luchar por la propia libertad interior, de la que el hombre ha disfrutado ya desde siglos. Y en esta lucha, la mujer está sola".

Federica Montseny.

viernes, 18 de marzo de 2016

Cabezas de medusa.

"Las mujeres fueron excluidas de los derechos de libertad y de representación política formulados por la Revolución francesa (...). La dura represión jacobina contra las mujeres que prohibió los clubes y sociedades femeninas el 30 de octubre de 1793 fue una respuesta implacable al activismo ciudadano femenino desde los inicios de la Revolución. En el debate en la Convención, el diputado Amar denunció que la actividad política de las mujeres en las tribunas y las asambleas políticas tenía como consecuencia la desvirtuación de sus ocupaciones naturales de cuidado de sus familias y de la casa. Se generalizó entonces una descalificación sistemática de las activistas republicanas que fueron descritas como "tigresas", "caníbales" o "cabezas de medusa", una estrategia para obligar a las mujeres a situarse fuera de la dinámica política pública. Olimpia de Gouges fue gillotinada en noviembre de 1793 (...).

La Revolución francesa y la posterior política napoleónica endurecieron las normas contra las mujeres al definir el espacio doméstico de la casa como único ambiente de actuación femenina. Negó a las mujeres la posibilidad de convertirse en "hombres de Estado" y quedaron excluidas de nuevo del mundo público y humilladas por sus transgresiones políticas. El Código Civil de Napoleón (1804) vedó a las mujeres los derechos civiles reconocidos para los hombres durante el periodo revolucionario y definió a las mujeres como menores de edad, siempre tuteladas por el marido o el padre. La precoz defensa de los derechos políticos de las mujeres en la Declaración no impidió que, a lo largo del siglo siguiente, las mujeres quedasen excluidas del ejercicio de la ciudadanía en Europa y en Estados Unidos. (...) Las revoluciones liberales del siglo XIX con sus proyectos de reforma liberal y, más tarde, democrática, consagraron el sistema político de monopolio masculino".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

martes, 8 de marzo de 2016

Todas las mujeres, todos los días (II).

"(...) Las normas de conducta de género influyeron de forma significativa en la consideración negativa del trabajo extradoméstico femenino, lo cual, en la medida en que se reconocía su realidad, se consideraba como una desvirtuación de su sublime misión de madre. Desde esta persectiva, se consideraba inadmisible el trabajo asalariado femenino, así como su presencia en el mercado laboral, a que impedía el correcto desarrollo de sus labores domésticas. Era una transgresión del código de género que rechazaba la presencia femenina en el ámbito público. Al priorizar el trabajo doméstico en la casa como exclusiva función de la mujer, el discurso de la domesticidad legitimó el rechazo al trabajo asalariado femenino. Además, reforzó una visión del trabajo remunerado femenino como ayuda puntual y complementaria frente al canon del trabajo masculino. Esta visión, a su vez, justificó la discriminación económica y la segregación ocupacional de las trabajadoras.

Cabe destacar que el movimiento obrero solía suscribir el discurso de la domesticidad en su definición burguesa. La realidad generalizada del trabajo asalariado femenino y la decisiva importancia de su aportación económica a la economía familiar obrera, paradójicamente no llevaron al reconocimiento de la mujer como trabajadora en el seno del obrerismo hasta fechas muy tardías. Se entendía que las mujeres debían dedicarse de forma exclusiva a las tareas domésticas como único encargo social. De este modo, les fue negada una identidad de trabajadoras, incluso a las mujeres de procedencia obrera".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

martes, 1 de marzo de 2016

El hombre blanco occidental como sujeto histórico universal.

"Interesa destacar que existen semejanzas reveladoras en el desarrollo del discurso de la "otredad" de "raza" y de la "otredad" de género que responden a lógicas parecidas en el siglo XIX, momento significativo de expansión colonial europea. Estos discursos "del otro", que esbozan una "otredad" en términos de "raza" o de género, se basaban en la presentación cultural de la diferencia humana a partir del establecimiento de una diferencia absoluta de base biológica, convertida en algo natural y social. La naturalización de la diferencia humana y el esencialismo biológico implícitos en esta representación cultural eran factores decisivos en la construcción de un imaginario colectivo negativo respecto a las mujeres y las personas no blancas. La biologización del pensamiento racial (...) convirtió el discurso de "raza" en mito significativo de valores culturales de superioridad blanca occidental en el momento de la expansión colonial europea. De la misma manera, el esencialismo biológico funcionó, en el discurso de género, para afianzar un mensaje de inferioridad femenina. Estableció en la diferencia natural entre hombres y mujeres, el punto de partida de un destino biológico y social ineludible para la mujer: la maternidad. Ambas representaciones culturales, apoyadas en un pensamiento de signo biosocial, presentaron la diferencia racial o de género en términos de una diferencia natural irreductible que justificaba una jerarquización social de inferior a superior. (...) Frente a la norma que definía al hombre blanco occidental como único sujeto histórico universal, estos colectivos quedaron excluidos de la categoría de sujetos políticos. Se justificaban, de este modo, prácticas discriminatorias hacia las personas no blancas y hacia las mujeres, que pasaron a ser identificadas como "el otro/a". De este modo, este discurso de "otredad" relegaba a las mujeres y a las personas no blancas a la categoría de subalternas excluidas como sujetos históricos".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

viernes, 26 de febrero de 2016

¿Qué vestirán los hombres cuando las mujeres lleven pantalones?

"La reivindicación del sufragio fue considerada subversiva en un primer momento porque su concesión conllevaba la presencia femenina en la esfera pública y cuestionaba, por tanto, el monopolio masculino de este espacio. Para muchos hombres y para determinados sectores minoritarios de mujeres antisufragistas, esta presencia pública resultaba incompatible con el discurso de la domesticidad y del orden patriarcal. Los antisufragistas alegaron que la entrada de las mujeres en la esfera pública significaría el abandono del hogar con consecuencias desastrosas para el orden patriarcal existente. Su presencia pública representaba una clara amenaza para el arquetipo de "Ángel del Hogar", delimitado a la casa. Rechazaron el sufragio femenino por poner en peligro la familia, los valores culturales tradicionales y el orden social. La propaganda antisufragista subrayaba que otorgar el voto a las mujeres desvirtuaría la esencia femenina y conllevaría la transgresión de la división sexual establecida en la familia y en la sociedad. La presencia de las mujeres en los espacios públicos prohibidos fue representada como una inversión inadmisible de roles. Como rezaba un titular de una caricatura francesa de la época, "el triunfo del feminismo" provocaría el caos de un "mundo trastocado". Los antisufragistas alegaron que el sufragio femenino comportaría la masculinización de las mujeres, el abandono de sus deberes sociales y familiares y el libertinaje sexual. En su repertorio de argumentos, figuraba, además, la supuesta naturaleza histérica de las mujeres como impedimento para participar en la política nacional".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

jueves, 25 de febrero de 2016

Sobre las mujeres machistas.

"Ha surgido a menudo el debate respecto a la complicidad de las mujeres con un sistema de género que asentaba su subalternidad, o el problema de su lentitud en elaborar respuestas colectivas capaces de desafiar el poder patriarcal instituido. Una de las respuestas a esta cuestión es la enorme eficacia de la lógica del discurso de género como mecanismo cultural que refuerza la subalternidad femenina. Al sostener que las diferencias sociales entre hombres y mujeres y la subalternidad femenina eran de orden natural, se dificultaba cualquier cuestionamiento de este argumento, ya que implicaba desafiar a la misma naturaleza. De este modo, cualquier estrategia de resistencia al sistema de género de poder masculino se tildaba de antinatural. Al basarse el discurso de género en los tradicionales fundamentos cristianos de signo protestante, evangelista o católico, retarlo implicaba, además, desafiar las bases de la doctrina religiosa. El discurso de género fue elaborado por médicos, antropólogos, biólogos, filósofos y científicos sociales; es decir, emanaba de la máxima expresión inapelable de la autoridad moderna: las ciencias. De este modo, el discurso de género y los arquetipos de feminidad y masculinidad que evocaba se sustentaban en una triple legitimación natural, religiosa y científica de difícil cuestionamiento. Tenía una lógica aplastante que obligaba a la interiorización de estos códigos por parte de las mujeres. (...) Su interpelación significaba poner en cuestión las bases constitutivas del pensamiento occidental moderno".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

miércoles, 24 de febrero de 2016

La cultura occidental da asco (VII).

"Por lo tanto, para nosotros es indudable que la mujer debe ser madre ante todo, con olvido de todo lo demás si fuera preciso; y por ello, por inexcusable obligación de su sexo; como el hombre debe aplicar su energía al trabajo creador por la misma ley inexcusable de su sexualidad varonil. Oigamos otra vez la voz de Dios, insistente y eterna: Tú, mujer, parirás; tú, hombre, trabajarás".

Gregorio Marañón: Tres ensayos sobre la vida sexual, 1927.

"El centro del alma femenina por muy inteligente que sea la mujer, está ocupado por un poder irracional. Si el varón es la persona racional, es la fémina la persona irracional. ¡Y ésta es la delicia suprema que en ella encontramos!".

Ortega y Gasset: Estudios sobre el amor, 1926.

"Las mujeres han brillado mucho menos que los hombres en el cultivo de las ciencias, las letras y las artes. Este hecho se debe principalmente al talento y a las actividades naturales, que difieren mucho de un sexo a otro: diferencias de aptitudes que son innatas y, por lo tanto, fundamentales y permanentes".

Francesc Tusquets: El problema feminista, 1931.

"Cuantos más derechos políticos y facilidad para el trabajo extradoméstico se otorguen a la mujer, más se apartarán los hombres del matrimonio. Y cuantos menos matrimonios, más invasora y exigente se mostrará la mujer, atormentada por el abandono, el sobretrabajo agotante y la imposibilidad de satisfacer, decorosa y legalmente, sus íntimas y sacrosantas aspiraciones a la maternidad".

Ramon y Cajal: La mujer, 1932.

martes, 23 de febrero de 2016

La mujer reducida al órgano reproductivo.

"La creciente secularización de las ideas durante el siglo XIX produjo un cierto desplazamiento de las bases religiosas cristianas del discurso tradicional de género hacia otras sostenidas pro explicaciones naturales de la diferencia sexual que procedía de la máxima expresión de autoridad moderna: las ciencias. Entonces el desarrollo del estudio científico sobre la diferencia humana y la diferenciación hereditaria fomentó un amplio debate europeo acerca de la desigualdad de género. La antropología, la biología y la medicina ofrecieron un amplio espectro de fundamentos científicos que desplazaban la racionalidad religiosa tradicional sobre la feminidad. Una de las características de esta redefinición del discurso de género fue la moderna justificación médica que asentaba la inferioridad y la subalternidad femenina. (...) Esta autoridad moderna concedió una cobertura de objetividad científica a posturas fundamentalmente ideológicas, que justificaban las diferencias humanas en términos de desigualdad. Médicos y científicos se afanaban en establecer definiciones científicas de la identidad de género que legitimaban la desigualdad entre hombres y mujeres. (...) El desarrollo de la ciencia médica en el siglo XIX conllevó una nueva representación científica del cuerpo que destacaba las diferencias entre el cuerpo masculino y femenino en términos de oposición binaria. De este modo, se hizo hincapié en el rol de la reproducción como base primordial de la función corporal de la mujer, resaltando, por tanto, su función reproductora y su capacidad de tener hijos como único destino femenino. El discurso médico redujo a las mujeres al órgano reproductivo, marcando una diferencia inconmensurable entre los sexos basándose en una radical naturalización de la diferencia sexual".

Mary Nash: Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Por nuestro propio bien.

"En la segunda mitad del siglo [XIX] torpes experimentos con el interior femenino dieron lugar a la más decisiva técnica de cirugía, relacionada cada vez más con el control de los trastornos femeninos de la personalidad (...). La última clitoridectomía conocida en EEUU fue realizada en 1948 a una niña de cinco años, como cura contra la masturbación.

La forma más común de intervención quirúrgica en la personalidad femenina era la ovariotomía o extracción de los ovarios ("castración femenina"). En 1906, un destacado cirujano ginecológico estimó que en EEUU había 150.000 mujeres que habían perdido sus ovarios a cuchillo. Algunos doctores presumían dehaber extraído de 1.500 a 2.000 ovarios cada uno (...). No debe pensarse que las mujeres pobres fueron apartadas del exótico catálogo de torturas de los ginecólogos, al no tener dinero. Un trabajo pionero en la cirugía ginecológica fue el de Marion Sims en esclavas negras, que éste mantenía con el único propósito de experimentar quirúrgicamente. A una de ellas la operó treinta veces en cuatro años".

Barbara Erenreich y Dierdre English: Por tu propio bien. 150 años de consejos expertos a mujeres.

martes, 27 de octubre de 2015

La cultura occidental da asco (VI).

Si las mujeres están a la cabeza del gobierno, el Estado corre peligro, porque ellas no actúan según las exigencias de la universalidad, sino siguiendo opiniones e inclinaciones contingentes. No es seguro que Hegel dijera esto literalmente, puesto que la frase aparece en un añadido -y por lo tanto, procede de los apuntes tomados por sus alumnos- al § 166 de su Filosofía del Derecho. Allí, tras exponer el lugar de la familia como primera esfera de la vida ética (...), Hegel señala, ahora sí, literalmente, que el hombre tiene su vida efectiva y sustancial en el Estado, en la ciencia y cosas semejantes, mientras que la mujer tiene su determinación sustancial en la familia, y su interior disposición ética en la piedad.

Se trata de un tópico tan persistente en la Edad Antigua como en la Edad Moderna: la incapacidad de las mujeres para los asuntos de la vida pública, paralla a la que supuestamente tienen para la ciencia o para el arte. Hegel lo sitúa en un marco más amplio, añadiendo que las mujeres, si bien pueden ser cultas, no está hechas para las ciencias elevadas, la filosofía o ciertas producciones del arte que requieren un "universal". (...) Freud, por su parte, lo expresaba de otro modo: las mujeres, dice, no subliman.

Antonio Gómez Ramos y Rocío Orsi Portalo: "Ciudadana Antígona: más allá del presentimiento de lo ético y la eterna ironía de la cosa pública".


jueves, 22 de octubre de 2015

De la unidad de la causa como excusa.

"Pero si el feminismo chicano mantuvo una fuerte controversia con el feminismo hegemónico blanco, no fue menos intensa la batalla librada en el seno de la propia comunidad, dominada ideológicamente por una visión claramente patriarcal. Se trataba de defender los derechos de las mujeres chicanas con la misma contundencia con que se defendían los derechos de la comunidad frente a la discriminación de la sociedad "anglo". (...) Los planteamientos feministas dentro del movimiento chicano se sirvieron con gran hostilidad por parte de un sector muy importante de sus dirigentes, que veían en la defensa de una reconsideración de los roles de género una amenaza para la integridad del plan nacionalista. (...) Por una parte, las feministas cuestionaban el enfoque dominante que servía para justificar la supervivencia cultural, algo que no hacía sino reforzar estereotipos tradicionales. Así, por ejemplo, la visión de la "chicana ideal" como una resistente que había conseguido preservar con su esfuerzo y sufrimiento la cultura chicana en su esencia suponía un obstáculo para redefinir la posición de la mujer. De igual modo, discrepaban de la interpretación que se hacía del machismo como narración inventada por la sociedad "anglo" con el objetivo de desprestigiar al hombre mexicano-americano. En este sentido, muchas se enfrentaron a lo que podía entenderse como una justificación del machismo (...). En gran medida, el espacio más afectado por el debate en torno al papel de la mujer chicana y las propuestas de revisión de su estatus o de los estereotipos que la marcaban socialmente era el de la familia. La familia se convirtió (...) en el gran paradigma de la resistencia política y cultural frente a los procesos de asimilación de la sociedad anglosajona; sin embargo sus estructuras tradicionales fueron denunciadas por el feminismo.

(...) El resultado de esta controversia (...) fue (...) el de la incomprensión por una parte importante de la comunidad chicana, que acusaba a las feministas de fomentar una división contraproducente para los intereses de aquella. (...) La postura de confrontación de las feministas las alejaba de la imagen mítica de la "Adelita", la mujer soldado que acompañaba a los revolucionarios mexicanos en el combate".

José Luis de la Nuez Santana: "Arte, sociedad multicultural y posicionamiento feminista. El debate feminista en el arte chicano".


jueves, 9 de julio de 2015

La cultura occidental da asco (V).

"A lo largo de la historia, varios pensadores, humanos y divinos, todos machos, se han ocupado de la mujer, por diversas razones:
  • Por su anatomía
            Aristóteles: La mujer es un hombre incompleto.
            Santo Tomás de Aquino: La mujer es un error de la naturaleza, nace de un esperma en mal estado.
           Martín Lutero: Los hombres tienen hombros anchos y caderas estrechas. Están dotados de inteligencia. Las mujeres tienen hombros estrechos y caderas anchas, para tener hijos y quedarse en casa.
  • Por su naturaleza
            Francisco de Quevedo: Las gallinas ponen huevos y las mujeres, cuernos.
            San Juan Damasceno: La mujer es una burra tozuda.
            Arthur Schopenhauer: La mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto.
  • Por su destino
            Dijo Yahvé a la mujer, según la Biblia: Tu marido te dominará.
            Dijo Alá a Mahoma, según el Corán: Las buenas mujeres son obedientes".

lunes, 22 de junio de 2015

La cultura occidental da asco (IV).

"Son cosas de mujeres, se dice también. El racismo y el machismo beben de las mismas fuentes y escupen palabras parecidas. Según Eugenio Raúl Zaffaroni, el texto fundador del derecho penal es El martillo de las brujas, un manual de la Inquisición escrito contra la mitad de la humanidad y publicado en 1546. Los inquisidores dedicaron todo el manual, desde la primera hasta la última página, a justificar el castigo de la mujer y a demostrar su inferioridad biológica. Ya las mujeres habían sido largamente maltratadas por la Biblia y por la mitología griega, desde los tiempos en que la tonta de Eva hizo que Dios nos echara del Paraíso y la atolondrada de Pandora destapó la caja que llenó al mundo de desgracias. "La cabeza de la mujer es el hombre", había explicado san Pablo a los corintios, y diecinueve siglos después Gustave Le Bon, uno de los fundadores de la psicología social, pudo comprobar que una mujer inteligente es tan rara como un gorila de dos cabezas. Charles Darwin reconocía algunas virtudes femeninas, como la intuición, pero eran virutdes características de las razas inferiores".

Eduardo Galeano: Mujeres.