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jueves, 30 de agosto de 2018

En todas partes donde haya mujeres subordinadas a hombres.

"En una oficina no se anulan de tal forma el derecho al criterio y a la personalidad. Una tiene un jefe inmediato, del que depende y al que hay que soportar gruñidos y chistes idiotas, que es el primero en celebrar. Cierto que si la dirección choca con el jefe inmediato éste paga su disgusto con la pobre auxiliar. Cierto que si el jefe inmediato sostiene un altercado con su cónyuge, si ha perdido un guante, si padece hipocondría o le duele un callo, lo tiene que sufrir la pobre dactilógrafa. Pero, por otra parte, una hace su jornada de siete horas dentro de una disciplina mesurada y una relativa libertad. No hay que luchar con un público caprichoso y absurdo. No se está obligada a tolerar otras impertinencias que las del jefe inmediato. Y en lo concerniente a la moral... De eso habría mucho que hablar. Según. Se dan casos verdaderamente repugnantes; casos en que las auxiliares se han visto obligadas a denunciar al jefe inmediato o a pedir, con un pretexto cualquiera, su traslado a otro departamento de la casa. Esto tratándose del jefe inmediato, que cuando es el director quien origina las cosas, entonces el problema es de fácil solución: no hay más que coger la puerta... Y, a comer moralidad.

Esto no es lo general en las oficinas, pero sí lo frecuente. En las oficinas y en las fábricas y en los talleres y en los comercios, y en todas partes donde haya mujeres subordinadas a hombres".

Luisa Carnés: Tea Rooms. Mujeres obreras, 1934.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Pero mi madre no podía vender a mi padre.

"Desde mis años de infancia, la vida me pareció incomprensible y cruel. Creo que tenía apenas seis años cuando me di cuenta de que en el mundo había propietarios y campesinos siervos, de que los propietarios podían vender a la gente, que mi padre podía separarnos a mi madre y a mí vendiéndola a ella a un propietario vecino y a mí a uno distinto; pero mi madre no podía vender a mi padre. Otro descubrimiento me impresionaba igualmente por su crueldad: los niños se dividían en legítimos e ilegítimos y a estos últimos los trataban siempre con desprecio y estaban expuestos a insultos y burlas, sin que se tuvieran en cuenta sus cualidades personales.

(...) Cuando la escuela se cerró, me inscribí en una gimnazia aunque esto me costó una pelea con mi padre. Allí conocí a una muchacha que me dio a conocer la literatura de los años sesenta, y comencé a devorar ansiosamente los periódicos que circulaban entonces, los poemas de Nekrásov y otros libros con una orientación política definida. (...) Cuando terminaban nuestras tareas escolares, nuestro grupo se precipitaba a las sesiones de tribunal, donde nos quedábamos a veces hasta la media noche. Veíamos las cuestiones sociales desplegarse ante nosotros, en escenas de la vida real. Entre otras cosas, vimos campesinos que habían sido despojados con engaños de sus tierras por el proceso de emancipación, juzgados por el cargo de rebelión, y mujeres que, no pudiendo soportar su esclavitud, sancionada legalmente, habían asesinado a sus esposos".

Elizabeta Koválskaya sobre su adolescencia en Járkov a finales de la década de 1860. Recogido en VV.AA.: Cinco mujeres contra el Zar.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Tampoco nadie contó a las mulas.

"Muchos de los soldados que han tomado la ciudad son mujeres, guerrilleras y revolucionarias que llevan cuatro años a las órdenes de Villa. (...) Además de luchar están obligadas a cocinar, limpiar y satisfacer sexualmente a los hombres sin recibir ningún tipo de compensación por todas esas tareas. (...) Para escapar de ese destino, Petra Herrera ha partido a la revolución disfrazada de hombre. Es una especie de terrorista de género, una infiltrada al otro lado de las líneas enemigas. Lleva cuatro años haciéndose llamar Pedro Herrera, cuatro años hablando, comportándose y moviéndose como un hombre. Aprovecha las noches para lavarse, si alguien le pregunta dice que se está afeitando. De todas formas a esas horas todos están dormidos, borrachos o las dos cosas. En esos cuatro años, Petra no sólo ha aprendido a disparar sino también a manejar la dinamita. Es uno de los mejores soldados de Villa uno de los líderes indiscutibles de su ejército. Ha hecho saltar por los aires puentes, líneas de ferrocarril, cuarteles enteros. En el cuerpo a cuerpo no se queda atrás, su puntería le ha hecho ganarse el respeto de sus compañeros, que la obedecen cuando habla a pesar de no tener ningún grado oficial.

En la batalla de Torreón no se quedará atrás. El batallón que lidera es uno de los más importantes para la toma de la ciudad, el que resultará más efectivo cuando los revolucionarios caigan sobre ella después de los bombardeos. Su papel es tan destacado que el propio Villa les felicita personalmente. Petra aprovecha la victoria para detonar el atentado de género que llevaba cuatro años preparando: en medio de las felicitaciones, anuncia que es una mujer. El anuncio es como una bofetada en el rostro de Villa, que lo interpreta como una ofensa. A pesar de los ruegos de muchos de sus hombres, se niega a conceder el rango de general a Petra (...). Se calcula que en la toma de Torreón habían participado al menos cuatrocientas mujeres, pero las fuentes son confusas. Esta cifra parece referirse sólo a la participación militar directa, pero lo cierto es que prácticamente todas las mujeres que se ocupaban de tareas como la cocina y la limpieza del campamento también tomaban las armas cuando era necesario. Es muy probable que fuesen muchas más mujeres, pero nadie se molestó en contarlas. Al fin y al cabo, tampoco nadie contó a las mulas".

Layla Martínez: Batallones de mujeres en guerras y revoluciones.

lunes, 24 de octubre de 2016

En lugar de respeto igual, el evento de Miss América.

"Las feministas como Charlotte Perkins Gilman de pronto descubrieron que no conseguían publicar sus escritos; Jane Addams fue tildada de comunista y una "seria amenaza" para la seguridad nacional, y Emma Goldman fue exiliada. Los medios calumniaban a las sufragistas; los escritores de las revistas advertían que el feminismo era "destructivo para la felicidad de la mujer"; las novelas populares atacaban a "las mujeres de carrera"; los clérigos se lanzaban contra "los males de la revolución femenina"; los estudiosos acusaban al feminismo de propulsar el divorcio y la esterilidad; y los médicos afirmaban que el control de la natalidad estaba causando "un incremento de la insania, la tuberculosis, la enfermedad de Bright, la diabetes y el cáncer". Las mujeres jóvenes, informaban los escritores de las revistas, ya no deseaban que las fastidiaran con "todo ese alboroto feminista".

(...) En lugar de respeto igual, la nación ofreció a las mujeres el evento de belleza Miss America, creado en 1920, el mismo año en que las mujeres obtuvieron el voto. En lugar de derechos iguales, los legisladores, los líderes del trabajo y de la empresa y finalmente algunos grupos de mujeres avalaron políticas laborales "protectivas", medidas que servían en gran medida para proteger los puestos de los hombres y denegarles a las mujeres una paga igual. La del '20 erosionó una década de crecimiento para las profesionales mujeres; para 1930 había menos médicas que en 1910. Cuando llegó la Depresión, una nueva ronda de leyes federales y estatales sacó a miles de mujeres de la fuerza laboral y nuevos códigos salariales federales institucionalizaron tasas de paga menores para las mujeres. (...) Pero como hoy, la mayoría de los comentaristas sociales sostenían que las tiendas de campaña de las feministas se estaban plegando sólo porque había concluido su batalla: los derechos de la mujer habían sido asegurados".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

viernes, 21 de octubre de 2016

Los machos de izquierda.

"En público, Irina se muestra entregada; en confianza, es más crítica. Acumula ya demasiadas desilusiones hacia los procesos revolucionarios. Primero fue el sandinismo: Estuve dispuesta a dar la vida por la Revolución nicaragüense, pero el Frente se dividió, y aún hoy mantiene rezagos de la dictadura de Somoza. Después, el zapatismo. Que la expulsasen de la organización por su transición de género fue todo un golpe emocional y político. Sentí quedarme huérfana, pero después entendí que la Revolución es más grande que las personas. El EZLN tuvo un momento de mucha luz, pero cuando una está dentro, el trabajo clandestino la hace callar, y a mí me molestaba mucho el culto al subcomandante Marcos.

(...) El proceso bolivariano le ha entusiasmado y emocionado durante años, pero le parece que es "una revolución inconclusa". (...) Irina sigue siendo una ferviente militante comunista, pero los machos de izquierda no la reconocen como cuando lucía barba y bigote. Asegura que el 90% de su entorno político le dio la espalda. Recibió insultos y burlas. Algunas hicieron alianzas macabras con mi madre para hacerme pasar momentos muy jodidos. Quienes se han quedado cerca de ella son, en su mayoría, mujeres y feministas".

June Fernández: 10 ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía.

sábado, 8 de octubre de 2016

Marilyn Monroe o la imagen de la feminidad vencida.

"Los esfuerzos por silenciar la voz femenina en los films norteamericanos han sido una característica perenne del cine en los periodos de reacción. Las palabras de una mujer independiente y franca, Mae West, provocaron el reaccionario Código de Ética de Producción de 1934. Era su lengua cáustica, no su conducta sexual, lo que desencadenó esas regulaciones de censura que prohibían el sexo premarital y ponían en vigencia el matrimonio (aunque permitían las escenas de violación) en la pantalla hasta fines de la década del '50. West enfureció a los guardianes de la moralidad nacional (...) porque les contestaba a los hombres en sus films y, lo que era aun peor, según sus propias palabras, porque escribía sus propios diálogos. Defiéndete, o terminarás hecho un felpudo, le dice West al león al que domestica en I'm No Angel [No soy un ángel], resumiendo su propia filosofía. En la década del '30 ella misma terminaría como un felpudo, junto con otras estrellas sumamente independientes de la época: Marlene Dietrich, Katharine Hepburn, Greta Garbo, Joan Crawford y West fueron todas declaradas oficialmente "veneno para la boletería" en una lista publicada por el presidente de Propietarios de Teatros Independientes de Norteamérica. Las palabras de West eran consideradas tan ofensivas que incluso fue prohibida en la radio.

(...) Para la década del '50 se había impuesto la imagen de la feminidad vencida, siendo su emblema una Marilyn Monroe de rodillas juntas y voz susurrante, una especie de "dama de la oscuridad" después de la lobotomía, que ya no discutía las órdenes del médico. Las mujeres fuertes eran desplazadas por muchachas buenas como Debbie Reynolds y Sandra Dee. Las mujeres fueron finalmente silenciadas en el cine de la década del '50 mediante su ausencia de las mayores películas de la época, de A la hora señalada a Shane, The Killing [La matanza] y Twelve Angry Men [Doce hombres airados]. En la década del '50, como escribió la crítica de cine Molly Haskell, No sólo había menos films sobre mujeres emancipadas que en las décadas del '30 y del '40, sino que había menos films sobre mujeres. Mientras las mujeres eran relegadas a películas irrelevantes acerca del modo de pescar un marido, los hombres escapaban a un paisaje sin mujeres. Con el telón de fondo de las trincheras bélicas y el Oeste norteamericano, triunfaban al fin, si no sobre sus esposas, al menos sobre indios y nazis".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

lunes, 19 de septiembre de 2016

La anulación del pasado de las mujeres.

"Es la cancelación del pasado político e histórico de las mujeres lo que hace que cada nueva generación de feministas aparezca como una excrecencia anormal en la faz del tiempo".

Adrienne Rich.

"El "movimiento de las mujeres" de mediados del siglo XIX, lanzado en la convención por los derechos femeninos de Seneca Falls en 1848 y articulado admirablemente por Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony, exigía el sufragio y una variedad de libertades: educación, empleos, derechos maritales y propiedad, "maternidad voluntaria", reforma sanitaria y de la vestimenta. Pero para fines de siglo, una contrarreacción aplastó los pedidos de justicia de las mujeres. Las mujeres retrocedieron ante una andanada de advertencias prácticamente idénticas a las de hoy, cuyos voceros fueron los estudiosos de la Ivy League, los líderes religiosos, los expertos médicos y los eruditos de la prensa de entonces. (...) Los medios y las iglesias se descargaban contra las feministas por propulsar las tasas de divorcio y las legislaturas estatales promulgaron más de cien leyes de divorcio restrictivas entre 1889 y 1906. Carolina del Sur prohibió directamente el divorcio. Y una banda de cruzados de la "pureza", como la contemporánea brigada de la Nueva Derecha, condenó la contracepción y el aborto como "obscenos" y trató de hacerlos prohibir. Para fines de 1900, lo había conseguido: el Congreso prohibió la distribución de anticonceptivos y una mayoría de Estados condenó el aborto, ambas cosas por primera vez en la historia de la nación".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

martes, 13 de septiembre de 2016

La era de la masculinidad compulsiva.

"Una "crisis de masculinidad" ha hecho erupción en cada período de reacción en el último siglo, una compañera fiel y silenciosa del pedido fuertemente expresado de un "retorno a la feminidad". A fines de la década de 1900, un chubasco de literatura que desacreditaba al "varón blando" cayó desde las prensas. "Toda la generación está afeminada", se lamentaba Basil Ransom, protagonista de The Bostonians [Las bostonianas] de Henry James. El tono masculino está desapareciendo del mundo; es una época femenina, nerviosa, histérica, conversadora, gazmoña. El carácter masculino... eso es lo que deseo preservar, o más bien puedo decir, recuperar, ¡y debo decir que no me importa en lo más mínimo qué sucede con ustedes, señoras, mientras hago el intento! Los manuales relativos a la crianza de niños instaban a los padres a endurecer a los hijos varones con colchones duros y regímenes atléticos vigorosos. Billy Sunday conducía el ataque clerical contra la religión "feminizada", promoviendo un "cristianismo muscular" y un Jesús que no fuera "ninguna propuesta débil con cara de pasta" sino "el mayor camorrista que existió nunca". Theodore Roosevelt advirtió en cuanto al peligro nacional de perder "la fibra de vigorosa valentía y masculinidad" y endureció su propia fibra con los Rough Riders. La jactancia marcial predominaba en la plataforma política; en verdad, según escribe el sociólogo Theodore Roszak de la era de la "masculinidad compulsiva" que culminó en la Primera Guerra Mundial, El periodo que condujo a 1914 se lee en los libros de historia como una larga tertulia de hombres solos borrachos".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

jueves, 11 de agosto de 2016

La disciplina de los cuerpos.

"Los cuerpos de las mujeres son disciplinados de maneras distintas: en los discursos de la maximización del beneficio, como obreras globales y trabajadoras del sexo; en los fundamentalismos religiosos, como receptáculos del pecado y la transgresión; en algunos discursos nacionalistas específicos, como guardianas de la cultura y la respetabilidad, y por tanto criminalizadas como prostitutas y lesbianas; en los discursos estatales de la familia nuclear originaria, como esposas y madres. Tanto los Estados postcoloniales como los capitalistas o coloniales avanzados organizan y refuerzan una estructura catética basada en la diferencia sexual (por ejemplo la heterosexualidad), que refuerzan con una variedad de medios, incluida la legislación. En casi todos los casos, sin embargo, estos Estados vinculan la heterosexualidad con la ciudadanía y organizan una "maquinaría de la ciudadanía" para producir una clase de leales ciudadanos heterosexuales y una clase subordinada de no-ciudadanos sexualizados, no procreativos, desleales a la nación y, por tanto, sospechosos".

M. Jacqui Alexander y Chandra Talpade Mohanty: "Genealogías, legados, movimientos".

lunes, 4 de julio de 2016

Que las mujeres no están siendo oprimidas.

"Si bien resulta evidente que muchas mujeres sufren la tiranía sexista, hay pocos indicios de que este hecho forje un vínculo común entre todas las mujeres. Hay muchas pruebas que demuestran que las identidades de raza y clase crean diferencias en la calidad, en el estilo de vida y en el estatus social que están por encima de las experiencias comunes que las mujeres comparten; y se trata de diferencias que rara vez se trascienden. Deben ponerse en cuestión los motivos por los que mujeres blancas, cultas y materialmente privilegiadas, con una variedad de opciones a la hora de elegir carrera y estilo de vida, insisten en que el sufrimiento no puede ser medido.

(...) Un principio central del pensamiento feminista moderno es el de que "todas las mujeres están oprimidas". Esta afirmación implica que las mujeres comparten una suerte común, que factores como los de raza, clase, religión, preferencia sexual, etc., no crean una diversidad de experiencias que determina el alcance en el que el sexismo será una fuerza opresiva en la vida de las mujeres individuales. El sexismo como sistema de dominación está institucionalizado, pero nunca ha determinado de forma absoluta el destino de todas las mujeres de esta sociedad. Estar oprimida quiere decir ausencia de elecciones. (...) Muchas mujeres no se unen a organizaciones que luchan contra el sexismo precisamente porque el sexismo no ha significado una falta absoluta de elecciones. Pueden saber que sufren discriminación por su sexo, pero no califican su experiencia de opresión. Bajo el capitalismo, el patriarcado está estructurado de modo que el sexismo restringe el comportamiento de las mujeres en algunos campos, mientras que en otras esferas se permite una liberación de estas limitaciones. La ausencia de restricciones extremas lleva a muchas mujeres a ignorar las esferas en las que son explotadas o sufren discriminación; puede incluso llevar a imaginar que las mujeres no están siendo oprimidas".

bell hooks: "Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista".