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jueves, 6 de septiembre de 2018

Sobre la respetabilidad masculina.

"En realidad, el trabajo doméstico, tal y como lo conocemos, es una creación bastante reciente, que aparece a finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX cuando la clase capitalista de Inglaterra y de Estados Unidos, presionada por la insurgencia de la clase obrera y necesitada de una mano de obra más productiva, emprendió una reforma laboral que transformó la fábrica, y también la comunidad y el hogar y, por encima de todo, la posición social de las mujeres.

Si se contempla desde el punto de vista de sus efectos sobre las mujeres, esta reforma puede describirse como la creación del ama de casa a tiempo completo, un complejo proceso de ingeniería social que, en pocas décadas, sacó a las mujeres -especialmente a las madres- de las fábricas, aumentó sustancialmente los salarios de los hombres proletarios, lo bastante como para mantener a un ama de casa no trabajadora, e instituyó formas de educación popular para enseñar a la mano de obra femenina las habilidades necesarias para el trabajo doméstico.

No sólo los gobiernos y los patrones promovieron esta reforma. Los hombres proletarios también llamaron a la exclusión de las mujeres de las fábricas y otros lugares de trabajo asalariado, aduciendo que su lugar estaba en casa. (...) En la Primera Guerra Mundial, la idea de un 'salario familiar' o incluso de un 'salario digno' se había convertido en un objetivo clave en las negociaciones sindicales, respaldado por los partidos obreros de todo el mundo desarrollado capitalista. De hecho, ser capaz de ganar un salario suficiente para mantener a la familia se convirtió en un signo de respetabilidad masculina, que distinguía a las capas altas de la clase trabajadora de los trabajadores pobres".

Silvia Federici, "La construcción del ama de casa a tiempo completo y del trabajo doméstico en Inglaterra en los siglos XIX y XX".

lunes, 3 de septiembre de 2018

Economía moral de justicia.

"A comienzos de abril, miles de esposas de soldados (las soldatki) marcharon por la capital. Estas mujeres habían comenzado la guerra desamparadas, intimidadas y precarias, desesperadas por lograr algo de caridad o un inadecuado apoyo estatal. Pero la ausencia de sus maridos también pudo significar una inesperada liberación. En febrero sus demandas de comida, apoyo, respeto, habían comenzado a adoptar un giro radical. Esa tendencia continuó. En la provincia de Jersón, un observador vio a las soldatki irrumpiendo en casas y "requisando" cualquier lujo que consideraran inmerecido.

No sólo incumplían las leyes e intimidaban a las autoridades siempre que podían, también hubo directamente actos de violencia. El comerciante estatal de harina, que no quiso ofrecerles sus productos a un precio con descuento, fue golpeado por una banda de esposas de soldados, y el pristav, el jefe local de policía que quiso acudir en su ayuda, escapó por muy poco de sufrir el mismo tratamiento.

En el campo, la exuberante y abigarrada propagación de soviets y congresos y conferencias y asambleas campesinas, entre los órganos locales ya establecidos, como los "volosts" y "zemstvos" municipales, comenzaban a adoptar formas ominosas. Ya en marzo, en el Volga, combativas comunas rurales empezaban una disputa con los terratenientes por el alquiler de tierras y el derecho de acceso a los bienes comunales.Bandas de campesinos accedían con cada vez más frecuencia a los bosques del terrateniente local, con hachas y sierras para cortar leña en la hacienda. Ahora, en abril, especialmente en los distritos del noroeste -Balashov, Petrovsk, Serdobsk- esa tendencia aumentaba. A veces los campesinos directamente comenzaban a segar las dehesas nobiliarias para su propio uso, pagando por la siembra sólo los precios que consideraban justos.

Ese sentido de "justicia" era crucial. Desde luego hubo momentos de rabia y crueldad de clase. Pero las acciones de las comunas rurales contra los terratenientes se articularon a menudo escrupulosamente en términos de una economía moral de justicia".

China Miéville: Octubre. Historia de la Revolución Rusa.

domingo, 10 de junio de 2018

La separación entre el ama de casa y la prostituta.

"No carece tampoco de importancia que la creación de la familia de clase obrera y de una mano de obra más sana y productiva requiriese que se instituyera una separación neta entre el ama de casa y la prostituta; los defensores de la reforma reconocían que no iba a ser fácil convencer a las mujeres que se quedaran en casa a trabajar gratis, cuando sus propias amigas y hermanas ganaban más y trabajaban menos vendiendo servicios sexuales en las calles.

De igual manera, que hubiese tantas prostitutas en la clase obrera no se achacaba exclusivamente a los bajos salarios o a las condiciones de vida en hacinamiento, sino también a la falta de instrucción en el trabajo doméstico, la cual (...) al menos habría facilitado la exportación de muchachas proletarias a las colonias para que trabajaran como sirvientas. Enseñarles los quehaceres domésticos fue uno de los remedios propuestos a los problemas que planteaba la prostitución. Al mismo tiempo, se introdujeron nuevas regulaciones que trataban de controlar mejor el trabajo sexual y hacerlo más degradante (...).

Separar a la buena esposa, laboriosa y ahorrativa, de la prostituta derrochadora fue un requisito clave para la constitución de la familia que emergió con el cambio de siglo, puesto que dividir a las mujeres entre buenas y malas, entre esposas y putas, era una condición indispensable para que se aceptara el trabajo doméstico no remunerado.

(...) La separación de las amas de casa y las muchachas fabriles y, lo que es más importante, las amas de casa y las prostitutas provoca la aparición de una nueva división sexual del trabajo que se caracteriza no sólo por la separación de los lugares en los que trabajan las mujeres y sus respectivas tareas, sino también por las relaciones sociales que subyacen a sus respectivas tareas. La respetabilidad se convierte en la compensación por el trabajo no remunerado y la dependencia del hombre".

Silvia Federici, "La construcción del ama de casa a tiempo completo y del trabajo doméstico en Inglaterra en los siglos XIX y XX".

martes, 29 de mayo de 2018

Que fuimos las mujeres las que despertamos la cólera.

"El gobierno había sido ambiguo respecto a la cuestión del sufragio femenino. Muchos, incluso en el movimiento revolucionario, vacilaron, advirtiendo que si bien apoyaban la igualdad de las mujeres en principio, concretamente las mujeres de Rusia estaban atrasadas políticamente, y sus votos por tanto corrían el riesgo de obstaculizar el progreso. Tras su retorno al país el 18 de marzo, Kollontai abordó directamente estos prejuicios.

¿Pero no es cierto que nosotras, las mujeres, con nuestras protestas sobre el hambre, sobre la desorganización de la vida rusa, sobre nuestra pobreza y los sufrimientos que trajo la guerra, fuimos las que despertamos la cólera popular?. La revolución, señaló Kollontai, nació el Día Internacional de las Mujeres, ¿Y no fuimos las mujeres las primeras en salir a las calles para luchar con nuestros hermanos por la libertad, e incluso, si era necesario, morir por ella?

El 19 de marzo, una gran procesión descendió hacia el Palacio de Táuride, exigiendo el derecho de las mujeres al voto: 40.000 manifestantes, principalmente mujeres, pero también muchos hombres. Si la mujer es una esclava, rezaban las pancartas, no habrá libertad. Ondeaban también banderas en favor de la guerra: este era una feminismo interclasista, de amplio espectro, obreras junto a mujeres bien ataviadas; liberales y eseritas junto a mencheviques y bolcheviques -aunque estos últimos, para decepción de Kollontai, no habían dado prioridad a la marcha-. El mal tiempo no acompañaba, pero las manifestantes no se arredraron. Llenaron la avenida que daba al palacio. Allí, Chjeidze intentó excusarse diciendo que no podía salir a reunirse con ellas porque había perdido la voz.

Ellas no la tendrían en esa ocasión. Pero el propio Chjeidze, por el Soviet, y Rodzianko, por el Gobierno Provisional, tuvieron que plegarse al movimiento. Lanzaron una ley por el sufragio femenino universal, que se aprobaría en julio".

China Miéville: Octubre. La Historia de la Revolución Rusa.

domingo, 7 de enero de 2018

Mujeres musulmanas de todas las Rusias.

"La reunión panrusa de musulmanes, convocada por diputados musulmanes de la Duma inmediatamente después de la revolución de febrero, se acercaba rápidamente; pero antes, el 23 de abril, las delegadas se congregaban en Kazán, en Tartaristán, para el Congreso Panruso de Mujeres Musulmanas. Cincuenta y nueve delegadas se reunían ante una audiencia de 300 invitados, abrumadoramente femenina, para debatir cuestiones que incluían la situación de la Sharia, la poligamia, los derechos de las mujeres y el hiyab. Hubo contribuciones desde un amplio espectro de posiciones políticas y religiosas, desde socialistas como Zuleija Rahmanqulova y la poeta de veintidós años Zahida Burnasheva, hasta eruditas en cuestiones religiosas, como Fatima Latifiya y Labiba Huseynova, una experta en ley islámica.

Las delegadas debatieron si los mandamientos coránicos eran históricamente específicos, e incluso muchas defensoras de la ortodoxia transhistórica interpretaban los textos con la intención de insistir, contra las opiniones conservadoras, en que las mujeres tenían el derecho de asistir a la mezquita, o que la poliginia sólo estaba permitida -un caveat crucial- si era "justa"; esto es, si contaba con el permiso de la primera esposa. Insatisfechas al comprobar que la reunión aprobaba esa postura progresista-tradicionalista sobre la poligamia, las feministas y socialistas eligieron a tres representantes, incluyendo a Burnasheva, para asistir a la Conferencia Musulmana Panrusa en Moscú, el mes siguiente, donde defendieron su posición alternativa contra la poliginia.

La conferencia aprobó entonces diez principios, incluyendo el derecho de las mujeres a votar, la igualdad de los sexos y la naturaleza no obligatoria del hiyab. El centro de gravedad de las discusiones era claramente jadidista, o más a la izquierda. Un síntoma de tiempos de cambio.

(...) Entre el 1 y el 11 de mayo, Moscú albergó la convención exigida en febrero por los diputados musulmanes de la Duma. Novecientos delegados de las poblaciones y naciones musulmanas llegaron a la ciudad: baskires, osetios, turcos, tártaros, kirguizes, entre otros.

Casi un cuarto de los presentes eran mujeres, muchas recién llegadas del congreso de mujeres musulmanas celebrado en Kazán; en la presidencia del comité de doce personas había una mujer tártara, Selima Jakubova. Cuando alguno preguntó por qué los hombres debían garantizar a las mujeres derechos políticos, una mujer saltó y respondió. Escucháis a los religiosos y no planteáis objeciones, pero después actuáis como si pudierais garantizarnos derechos, y continuó, ¡en vez de eso, los conquistaremos nosotras!".

China Miéville: Octubre. La Historia de la Revolución Rusa.

miércoles, 3 de enero de 2018

Círculo de mujeres.

"Bardiná me informó en clase:

- Hoy se realizará una reunión de estudiantes rusas.

- ¿Por qué? - Pregunté, algo temerosa de que me quitara tiempo para estudiar.

- Alguien sugirió que formáramos un círculo exclusivo para mujeres, con el propósito de aprender a hablar en forma lógica. En las reuniones con los hombres -continuó, notando mi mirada de asombro-, las mujeres generalmente permanecen calladas; sentimos timidez y por tanto no decimos nada. Pero quizá con la práctica aprenderemos a exponer nuestros pensamientos en forma lógica, y entonces no tendremos temor de hablar en público. Un círculo de mujeres sería un lugar en el que podríamos aprender.

(...) Esa noche, después de una magra cena de estudiantes, mi hermana Lidia y yo, salimos para el Palmenhof. Allí en la sala encontramos una larga mesa de comedor, con una fila de sillas a cada lado. Alrededor, esperaban jóvenes mujeres vestidas de forma sencilla; algunas habían formado grupos de dos o tres. Había un rumor de conversación y en alguna parte se desarrollaba una animada discusión. (...) La bibliotecaria explicó el objetivo del círculo: aprender a hablar lógicamente. Luego, como medio para lograr ese fin, propuso que leyéramos ensayos y realizáramos debates.

Continuamos discutiendo si realmente había necesidad de un círculo semejante y, en ese caso, quiénes debían participar. Todas estaban de acuerdo con el propósito del círculo. Por otra parte, se suscitaron apasionadas discusiones acerca de si el círculo debía estar compuesto exclusivamente por mujeres. Muchas se burlaban de esta idea: les parecía ridículo que las mujeres sintieran temor en presencia de los hombres, y pensaban que sería a la vez más natural y más conveniente, formar un círculo de autoeducación conjuntamente con los hombres, sin temor a la competencia masculina. Pero estas voces fueron sofocadas por la decisión mayoritaria de comenzar a organizar exclusivamente a las estudiantes". 

Vera Figner sobre su llegada a Zúrich en 1872. Recogido en VV.AA.: Cinco mujeres contra el Zar.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Casi nadie tenía idea alguna de lo que había comenzado.

"Las celebraciones y eventos del 23 de febrero se sucedieron en todo el imperio, exigiendo derechos para las mujeres y defendiendo sus contribuciones. En las fábricas de Petrogrado, los radicales daban discursos sobre la situación de las mujeres, la iniquidad de la guerra, el imposible coste de la vida. Pero ni siquiera ellos esperaban lo que ocurriría después.

Al acabar las reuniones y actos, las mujeres comenzaron a salir de las fábricas y a marchar por diversas calles, con la consigna de más pan. Marcharon por los distritos más militantes de la ciudad -Víborg, Liteini, Rozhdéstvenski- llamando a la gente reunida en los patios de los edificios, desbordando las amplias calles, irrumpiendo en las fábricas y llamando a los hombres para que se unieran a ellas. (...) Abruptamente, sin que nadie lo planeara, casi 90.000 mujeres y hombres rugían en las calles de Petrogrado. Y ahora no gritaban solo para exigir pan, sino también el fin de la guerra. El fin de la detestada monarquía.

Con la noche no llegó la calma. El día siguiente se presentó con una oleada de protestas. Cerca de la mitad de la fuerza obrera de la ciudad se echó a la calle. Marcharon bajo banderas rojas (...). La policía de Petrogrado bloqueó los puentes. Pero los dioses climáticos mostraron su solidaridad, manteniendo el brutal invierno. Las calles estaban pavimentadas de nieve, y el Nevá seguía congelado. Los manifestantes descendieron a millares desde el terraplén hacia el hielo. Caminaron sobre las aguas.

En un telegrama a su gobierno, el embajador británico George Buchanan desdeñaba los disturbios, describiéndolos como nada que revista seriedad. Casi nadie tenía, en ese momento, idea alguna de lo que había comenzado".

China Miéville: Octubre. La Historia de la Revolución Rusa.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Tampoco nadie contó a las mulas.

"Muchos de los soldados que han tomado la ciudad son mujeres, guerrilleras y revolucionarias que llevan cuatro años a las órdenes de Villa. (...) Además de luchar están obligadas a cocinar, limpiar y satisfacer sexualmente a los hombres sin recibir ningún tipo de compensación por todas esas tareas. (...) Para escapar de ese destino, Petra Herrera ha partido a la revolución disfrazada de hombre. Es una especie de terrorista de género, una infiltrada al otro lado de las líneas enemigas. Lleva cuatro años haciéndose llamar Pedro Herrera, cuatro años hablando, comportándose y moviéndose como un hombre. Aprovecha las noches para lavarse, si alguien le pregunta dice que se está afeitando. De todas formas a esas horas todos están dormidos, borrachos o las dos cosas. En esos cuatro años, Petra no sólo ha aprendido a disparar sino también a manejar la dinamita. Es uno de los mejores soldados de Villa uno de los líderes indiscutibles de su ejército. Ha hecho saltar por los aires puentes, líneas de ferrocarril, cuarteles enteros. En el cuerpo a cuerpo no se queda atrás, su puntería le ha hecho ganarse el respeto de sus compañeros, que la obedecen cuando habla a pesar de no tener ningún grado oficial.

En la batalla de Torreón no se quedará atrás. El batallón que lidera es uno de los más importantes para la toma de la ciudad, el que resultará más efectivo cuando los revolucionarios caigan sobre ella después de los bombardeos. Su papel es tan destacado que el propio Villa les felicita personalmente. Petra aprovecha la victoria para detonar el atentado de género que llevaba cuatro años preparando: en medio de las felicitaciones, anuncia que es una mujer. El anuncio es como una bofetada en el rostro de Villa, que lo interpreta como una ofensa. A pesar de los ruegos de muchos de sus hombres, se niega a conceder el rango de general a Petra (...). Se calcula que en la toma de Torreón habían participado al menos cuatrocientas mujeres, pero las fuentes son confusas. Esta cifra parece referirse sólo a la participación militar directa, pero lo cierto es que prácticamente todas las mujeres que se ocupaban de tareas como la cocina y la limpieza del campamento también tomaban las armas cuando era necesario. Es muy probable que fuesen muchas más mujeres, pero nadie se molestó en contarlas. Al fin y al cabo, tampoco nadie contó a las mulas".

Layla Martínez: Batallones de mujeres en guerras y revoluciones.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Que el enfado de una mujer era el de todas las mujeres.

"Desde la llegada de los colonos, las mujeres de la etnia Igbo (...) han perdido mucho poder. En la sociedad Igbo tradicional las mujeres disfrutaban de posiciones de autoridad en la organización política, social y religiosa de la aldea y el linaje se transmitía por vía materna. Sin embargo, la llegada del hombre blanco ha supuesto también la aparición del patriarcado [que] ha acabado también con muchos de los mecanismos culturales que poseían las mujeres para apoyarse y defenderse entre ellas. Uno de estos mecanismos era el enfado, que se gestionaba colectivamente. Aunque podían tener sus propios problemas individuales, las mujeres eran consideradas una unidad cuando se producía un conflicto con un hombre. El enfado de una mujer era el de todas las mujeres de la aldea, así que los hombres lo temían y trataban de evitarlo. Esto no implicaba que los conflictos se resolviesen siempre a favor de las mujeres, pero esta red de solidaridad las colocaba en una posición mas fuerte para dirimir los conflictos que tenían que ver con engaños, malos tratos o abusos de cualquier tipo. Además, la solidaridad actuaba también de forma preventiva, ya que los hombres evitaban realizar comportamientos que podían implicar un conflicto con todas las mujeres de la aldea.

Otro mecanismo cultural con el que contaban las mujeres igbo para apoyarse entre ellas era lo que se conocía como "sentarse encima de un hombre". Esta práctica consistía básicamente en el señalamiento y la ridiculización de los hombres que habían tenido una actitud de desprecio hacia las mujeres, ya fuese por maltratar a su esposa, violar las normas del mercado que dependían de las mujeres o dejar que su ganado se alimentara en los terrenos donde pastaban los animales de una mujer. El señalamiento podía producirse de muchas formas diferentes, aunque las más frecuentas eran que las mujeres rodeasen la casa del hombre cantando canciones obscenas que ridiculizaban su virilidad o que, en casos graves, destruyesen sus propiedades, llegando a incendiar su vivienda. En la sociedad igbo se consideraba que las mujeres tenían más capacidades de empatía y cuidado de lo colectivo, así que el resto de hombres no solía defender al que había sido señalado".

Layla Martínez: Batallones de mujeres en guerras y revoluciones.

viernes, 21 de julio de 2017

Ni las mujeres ni la tierra.

"En África Oriental, no sólo los funcionarios coloniales, los misioneros y después los granjeros impusieron el cultivo comercial a expensas de la producción alimentaria, sino que también excluyeron a las mujeres africanas, que realizaban la mayor parte de los trabajos agrícolas, del aprendizaje de los sistemas modernos de agricultura y de asistencia técnica. Invariablemente privilegiaban a los hombres en lo tocante a las asignaciones de terrenos, incluso cuando se ausentaban de sus casas. Gracias a esto, además de erosionar los derechos tradicionales de las mujeres en relación con su participación en los sistemas de tierras comunales y como cultivadoras independientes, los colonizadores y los granjeros de este tipo introdujeron nuevas divisiones entre hombres y mujeres. Impusieron una nueva división del trabajo, basada en la subordinación de las mujeres a los hombres, que según los esquemas colonialistas incluía la cooperación no remunerada con sus maridos en la labranza de los cultivos comerciales.

De todas maneras, las mujeres no aceptaron sin protestar este deterioro de su posición social. En el África colonial cada vez que temían que el gobierno fuera a vender sus terrenos o a apropiarse de sus cultivos se rebelaban. Ejemplar fue la protesta de las mujeres que se organizaron contra las autoridades coloniales en Kedjom Keku y en Kedjom Ketinguh (noroeste de Camerún, entonces bajo mandato británico) en 1958. Furiosas por los rumores que afirmaban que el gobierno iba a poner a la venta sus tierras, 7.000 mujeres marcharon repetidas veces sobre Bamenda, capital de la provincia en aquel momento, y en su más larga estancia acamparon fuera de los edificios administrativos de los colonos británicos durante dos semanas, cantando fuertemente y haciendo sentir su alborotadora presencia.

(...) Se produjeron luchas similares durante los años cuarenta y cincuenta por toda África, en las que las mujeres se resistían a la introducción de cultivos comerciales y al trabajo que este cultivo les imponía y que les apartaba de sus cultivos de subsistencia. La resistencia de la agricultura de subsistencia de las mujeres tiene que ser valorada, desde el punto de vista de las comunidades colonizadas, como la contribución que hicieron a la lucha anticolonial, en particular para la supervivencia de los luchadores por la libertad en los bosques (por ejemplo en Argelia, Kenia o Mozambique). 

(...) Gracias a estas luchas -a día de hoy reconocidas como principal causa del fracaso de los proyectos de desarrollo agrícola de los años sesenta y setenta-, una proporción considerable del sector de subsistencia ha sobrevivido en muchas regiones del mundo, pese al compromiso de los gobiernos, pre- y post-independencia, de impulsar un desarrollo económico de corte capitalista".

Silvia Federici: "Mujeres, luchas por la tierra y globalización: una perspectiva internacional".


jueves, 13 de julio de 2017

Contra la institución familiar.

"En el momento histórico en el que Marx escribió su obra, la familia nuclear y el trabajo doméstico no estaban desarrollados todavía. Lo que Marx tenía ante sus ojos era el proletariado femenino, que era empleado junto a sus maridos e hijos en la fábrica, y a la mujer burguesa que tenía una criada y, trabajase o no ella misma, no producía la mercancía fuerza de trabajo. La ausencia de lo que hoy llamamos familia nuclear no significa que los trabajadores no intimaran y copularan. Significa, sin embargo, que era imposible sacar adelante relaciones familiares y de trabajo doméstico cuando cada miembro de la familia pasaba quince horas diarias en la fábrica, y no había ni tiempo ni espacio físico para la vida familiar.

Sólo después de que las epidemias y el trabajo excesivo diezmasen la mano de obra disponible y, aún más importante, después de que diferentes oleadas de luchas obreras entre 1830 y 1840 estuviesen a punto de llevar a Inglaterra a una revolución, la necesidad de tener una mano de obra más estable  y disciplinada forzó al capital a organizar la familia nuclear como base para la reproducción de la fuerza de trabajo. Lejos de ser una estructura precapitalista, la familia, tal y como la conocemos en 'Occidente', es una creación del capital para el capital, una institución organizada para garantizar la cantidad y calidad de la fuerza de trabajo y el control de la misma. Es por esto que como el sindicato, la familia protege al trabajador pero también se asegura de que él o ella nunca serán otra cosa que trabajadores. Esta es la razón por la que es crucial la lucha de las mujeres de la clase obrera contra la institución familiar".

Silvia Federici y Nicole Cox: "Contraatacando desde la cocina".

jueves, 29 de junio de 2017

Las feministas que se negaron a cuidar.

"La confrontación con el trabajo reproductivo -reducido, en un principio, al trabajo doméstico- fue el factor definitorio para muchas mujeres de mi generación, nacidas en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Después de dos guerras, que en el espacio de tres décadas habían eliminado a setenta millones de personas, los atractivos de la domesticidad y la promesa de sacrificar nuestras vidas para producir más trabajadores y soldados par el Estado no tenían lugar en nuestro imaginario. De hecho, más que la confianza en una misma que la guerra otorgó a muchas mujeres -y que en EEUU simbolizó la imagen de Rossie la remachadora-, fue la memoria de la carnicería en la que habíamos nacido, especialmente en Europa, lo que dio forma a nuestra relación con la reproducción durante el periodo de postguerra. (...) Cuando recuerdo las visitas que, en Italia, siendo escolares, hacíamos a las exposiciones en los campos de concentración, y las historias que se contaban en las sobremesas acerca de la cantidad de veces que, a duras penas, nos habíamos salvado de ser asesinados por los bombardeos, escapando en mitad de la noche en busca de refugio bajo un cielo que refulgía con las estelas de las bombas, no puedo dejar de preguntarme cuánto peso habrán tenido estas experiencias en mi decisión, y en la de muchas otras mujeres, de no tener hijos ni convertirnos en amas de casa.

Esta perspectiva antibelicista puede que sea la razón por la que nuestra actividad, al contrario que otras críticas feministas previas al hogar, la familia y el trabajo doméstico, no podía buscar reformas. Echando un vistazo retrospectivo a la literatura feminista de principios de los años setenta, me sorprende la ausencia de las problemáticas que preocupaban a las feministas de los años veinte, cuando la reordenación del hogar en términos domésticos, la tecnología aplicada al hogar y la reorganización de los espacios eran temas centrales en la teoría y la práctica feministas. Por primera vez, el feminismo mostraba una ausencia de identificación con el trabajo reproductivo, no sólo cuando se producía para otros sino incluso en relación a nuestras familias y parientes".

Silvia Federici: Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas.

"Amar, cuidar, sostener, durante toda la vida hasta que revientes, sin poder elegirlo. Sumergirse y condenarse a esa circularidad opresiva de lo doméstico, a esa repetición continua que no permite excepciones. Podríamos decir que somos las hijas de las feministas de los setenta que se negaron a cuidar".

Carolina León: Trincheras permanentes. Intersecciones entre política y cuidados.

lunes, 26 de junio de 2017

Y son de quien ellas quieren ser.

"Las rabonas no son casadas, no pertenecen a nadie y son de quien ellas quieren ser. Son criaturas al margen de todo. Viven con los soldados, comen con ellos, se detienen en donde ellos acampan, están expuestas a los mismos peligros y soportan aún mayores fatigas. Cuando el ejército está en marcha, es casi siempre del valor y de la intrepidez de estas mujeres que lo preceden de cuatro o cinco horas, de lo que depende su subsistencia. (...) Es digno de notar que, mientras el indio prefiere matarse antes de ser soldado, las mujeres indias abrazan esta vida voluntariamente y soportan las fatigas y afrontan los peligros con un valor de que son capaces los hombres de su raza. No creo que se pueda citar una prueba mas admirable de la superioridad de las mujeres en la infancia de los pueblos.

(...) Estas mujeres son lo más lejano a cualquier ideal de belleza. Esto es concebible por la naturaleza de las fatigas que resisten. En efecto, soportan la intemperie en los climas más opuestos, sucesivamente expuestas al ardor abrasador del sol de las pampas y al frío de las cimas heladas de las cordilleras. Llevan por todo vestido una falda corta de lana que les cae hasta las rodillas, una piel de carnero en ,medio de la cual hacen un hueco para pasar la cabeza y ambos lados le cubren la espalda y el pecho. No les importa nada su aspecto exterior. Los pies y los brazos están desnudos. Se nota que entre ellas reina bastante armonía a pesar de que las escenas de celos ocasionan a veces asesinatos. Las pasiones de estas mujeres no están contenidas por ningún freno y esos acontecimientos no deben sorprender. Está fuera de toda duda que, en un número igual de hombres a quienes no contuviese ninguna disciplina y llevasen la vida de estas mujeres, los asesinatos serían mucho más frecuentes. Las rabonas veneran al sol, pero no observan ninguna práctica religiosa".

Flora Tristán: Peregrinaciones de una paria, 1838.

martes, 13 de junio de 2017

En el comienzo fueron las mujeres.

"Dos años antes, en 1915, Inés Armand, Krupskaia y la mujer de Zinoviev habían celebrado en Berna el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas. (...) El Congreso reafirmó la decisión tomada cinco años antes, en Copenhague, de honrar a las obreras una vez al año, el 8 de marzo.

En 1917, la fiesta de la mujer trabajadora tiene sobrados motivos para inquietar al general Jabalov. El frío, 40º bajo cero, ha paralizado toda la circulación. 1.200 locomotoras se han convertido en bloques de hielo. 57.000 vagones destinados al avituallamiento han quedado bloqueados en las vías. La capital es presa del pánico, del hambre y de la cólera popular.

La primera manifestación arranca en el barrio de Viborg donde militan Kalinin y Molotov. Las mujeres avanzan con trajes oscuros hasta los tobillos y las cabezas cubiertas con grandes pañuelos blancos de lana, gritando: ¡Pan! ¡Pan! A medida que las obreras se acercan a los barrios administrativos, la columna se va haciendo más grande. Algunos hombres acuden para encuadrarla: aparecen banderas rojas. A las tres de la tarde se calcula que hay 90.000 personas en la manifestación, cuando la policía trata de dispersarla. Pero no puede hacer nada ante una multitud tan grande si no cuenta con la participación del ejército. Los cosacos no hacen nada para defender a los policías, que están siendo rodeados y golpeados, y las tiendas son saqueadas.

Esa noche, el comité bolchevique vota la continuación y la generalización de la huelga. El llamamiento es redactado por un viejo bolchevique, el periodista Olminski: Formad comités de lucha, comités de libertad. Más vale morir luchando valientemente por la clase obrera que morir en el frente defendiendo las ganancias de los capitalistas".

Jean-Paul Ollivier: ¿Cuándo amanecerá, camarada? Crónica de la Revolución rusa: 1876-1917.

lunes, 29 de mayo de 2017

No podemos permitirnos ese lujo.

"Las mujeres no tenemos una memoria limitada. No podemos permitirnos ese lujo (...).

En la antigüedad, las mujeres empleaban gelatinas, gomas y plantas como métodos anticonceptivos y para interrumpir embarazos no deseados. Esas prácticas continuaron hasta el siglo XIV, cuando Europa necesitaba repoblarse y empezó a perseguir a las 'brujas' y a las comadronas que compartían su valioso conocimiento sobre métodos anticonceptivos.

Cada vez que un Gobierno quería conseguir un objetivo, a menudo relacionado con el crecimiento demográfico, restringía el acceso al control de natalidad o lo criminalizaba, a menos que el crecimiento demográfico afectase a los pobres, por supuesto, en cuyo caso se fomentaba la contracepción con entusiasmo. Históricamente, la sociedad sólo ha querido que la 'gente adecuada' tenga derecho a la vida.

(...) Las mujeres han llegado a tirarse por las escaleras o hacerse daño físico de otra manera para provocarse un aborto. Como señalaba el Dr. Waldo Fielding en el New York Times: Se había utilizado y se utilizaba prácticamente cualquier instrumento imaginable para provocar abortos: agujas de zurcir, agujas de ganchillo, saleros de cristal tallado, botellas de gaseosa, a veces intactas y a veces con el cuello roto. Las mujeres han intentado usar jabón, lejía, catéteres, remedios naturales. Históricamente, han recurrido a cualquier medio necesario. Y lo volverán a hacer si las hacen retroceder a ese terrible rincón. Esta es la responsabilidad que nuestra sociedad ha impuesto a las mujeres durante siglos.

Es un pequeño milagro que nosotras tengamos buena memoria de nuestros derechos, que han sido continua y vergonzosamente alienables".

Roxane Gay: Mala feminista.

martes, 16 de mayo de 2017

Que las mujeres siempre han sido sanadoras.

"Las mujeres siempre han sido sanadoras. Ellas fueron las primeras médicas y anatomistas de la historia occidental. Sabían actuar abortos y actuaban como enfermeras y consejeras. Las mujeres fueron las primeras farmacólogas con sus cultivos de hierbas medicinales (...). Y fueron también parteras que iban de casa en casa y de pueblo en pueblo. Durante siglos las mujeres fueron médicas sin título; excluidas de los libros y la ciencia oficial, aprendían unas de otras y se transmitían sus experiencias entre vecinas o de madre a hija. La gente del pueblo las llamaba 'mujeres sabias', aunque para las autoridades eran brujas o charlatanas. La medicina forma parte de nuestra herencia de mujeres, pertenece a nuestra historia, es muestro legado ancestral.

Sin embargo, en la actualidad la atención en salud se haya exclusivamente en manos de profesionales masculinos. El 93% de los médicos de los Estados Unidos son varones y casi todos los altos cargos directivos y administrativos de las instituciones sanitarias también están ocupados por hombres. Las mujeres todavía son mayoritarias en la profesión -el 70% del personal sanitario es femenino- pero se nos ha incorporado como mano de obra dependiente a una industria dirigida por hombres. Ya no ejercemos autónomamente ni se nos conoce por nuestro nombre y se nos valora por nuestro trabajo. La mayoría somos ahora un simple peonaje que desarrolla trabajos anónimos y marginales: oficinistas, dietistas, auxiliares técnicas, sirvientas".

Barbara Ehrenreich y Deidre Englis: Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de sanadoras femeninas.

martes, 9 de mayo de 2017

Que la cuestión de la mujer se había resuelto.

"La puesta en marcha de la Nueva Política Económica (NEP) en 1921 significó un retorno progresivo de las mujeres a la situación anterior a la Revolución. (...) Las mujeres sufrieron el aumento del desempleo que duró hasta 1927 y fueron empujadas a replegarse a los sectores "tradicionales" como los textiles y la industria ligera. Las prácticas de "libre mercado" se convirtieron en discriminación contra ellas en contrataciones y despidos, especialmente dado el costo de las licencias de maternidad y la protección en el trabajo durante el embarazo y la lactancia. Al tiempo, se instituyeron cuotas por servicios que habían sido gratuitos, como los comedores colectivos, y alrededor de la mitad de las guarderías y hogares para madres solteras se vieron obligados a cerrar. 

(...) Dejando de lado el compromiso que habían hecho los bolcheviques de no interferir en la vida personal de los ciudadanos, en la década de los años treinta comenzó a difundirse que la teoría de la "extinción de la familia" llevaba al libertinaje sexual, mientras que las alabanzas a las "buenas amas de casa" empezaron a aparecer en la prensa. EN 1936, un editorial de Pravda denunciaba un plan habitacional con cocinas colectivas como una "desviación de izquierda" y un intento por "introducir artificialmente la vida comunal", fue el aldabonazo para volver a la familia tradicional y el abandono de todos los experimentos hechos hasta entonces.

La burocracia estalinista comenzó a eliminar todas las leyes que los bolcheviques habían ido introduciendo y que permitían tanto a hombres como a mujeres la plena expresión de su potencial. La homosexualidad, la prostitución, la promiscuidad sexual y el adulterio se declararon ofensas criminales en 1934, castigadas con un mínimo de ocho años en prisión, al tiempo que el divorcio devino un proceso largo. Y dos años después, el Código Familiar ilegalizó el aborto, algo que implicó un alto coste para las trabajadoras: la tasa de muertes por aborto aumentó considerablemente (...). Al mismo tiempo, el gobierno comenzó a emitir "condecoraciones a heroínas" a las mujeres que tuvieran un gran número de hijos. El Código Familiar de 1944 retiró el reconocimiento de los matrimonios de facto, restauró el concepto de "ilegitimidad", abolió la coeducación en las escuelas y prohibió las demandas de paternidad.

A partir de 1922 Aleksandra Kollontai quedó marginada y perdió su influencia política. (...) En 1930 (...) el líder Iosef Stalin anunció que la cuestión de la mujer se había resuelto".

Soledad Bengoechea y María Cruz Santos: "Las mujeres en la Revolución rusa".


lunes, 10 de abril de 2017

La Mujer Ideal trasladada del hogar al hospital.

"Si bien el trabajo de enfermera no era exactamente una ocupación atractiva para las mujeres trabajadoras, en cambio constituía un terreno abonado para las "reformadoras". Para reformar la asistencia hospitalaria era preciso reformar ante todo la actividad de las enfermeras y para dar a este trabajo un carácter aceptable para los médicos y las mujeres de "buen corazón" era indispensable crear una nueva imagen de las enfermeras. Florence Nightengale (inglesa de una familia de alta clase) logró introducir este cambio en los hospitales de campaña de la guerra de Crimea, donde llegó con un batallón de disciplinadas y sobrias damas de mediana edad y de familias de clase media-alta. 

(...) La nueva enfermera -la dama de la linterna- que asistía desinteresadamente a los heridos causó impacto en la imaginación popular. (...) Florence Nightengale y sus discípulas directas marcaron la nueva profesión con los prejuicios de su propia clase. La enseñanza consistía más en el carácter que en la habilidad profesional. El producto acabado (...) era simplemente la Mujer Ideal trasplantada del hogar al hospital y libre de obligaciones reproductoras. Esta mujer ofrecía al médico la obediencia absoluta, virtud de una buena esposa, y al paciente la altruista devoción de una madre, mientras ejercía sobre el personal subalterno del hospital la gentil pero firme disciplina de un ama de casa acostumbrada a dirigir la servidumbre. (...) La enfermera era la Mujer, con mayúscula. Las inventoras de este oficio veían en él una vocación natural de las mujeres, superada sólo por la maternidad. Cuando un grupo de enfermeras inglesas propuso la creación de un cuerpo profesional, con exámenes y título a semejanza de la profesión médica, Florence Nightengale replicó: Las enfermeras no pueden ser sometidas a examen ni se les pueden exigir títulos, como tampoco es posible exigírselos a las madres".

Barbara Ehrenreich y Deidre English: Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de sanadoras femeninas.

jueves, 6 de abril de 2017

Que en Rusia se gestaba un nuevo concepto de amor y de relaciones entre sexos.

"La primera Constitución de la República Soviética, proclamada en julio de 1918, dio a la mujer el derecho al voto y a ser elegida para cargos públicos. Poco después se concedió el divorcio, el principio de igualdad de salario por el mismo trabajo, el derecho a amamantar durante el horario laboral, la prohibición del trabajo infantil y del trabajo nocturno de las mujeres. También se dio paso al matrimonio civil y los hijos nacidos fuera del matrimonio fueron reconocidos como legítimos.

(...) La revolución desató una oleada de optimismo y abrió una serie de expectativas. Entre los jóvenes había discusiones sobre cómo debían ser las relaciones sexuales, el cuidado de los niños y la naturaleza de la familia en la transición al socialismo. La energía creativa también se encargó de la cultura, donde las prioridades y las tareas cambiaron para reflejar una idea muy extendida en aquellos momentos: que la familia se extinguiría en poco tiempo. Esta energía en el ámbito de las ideas se concretó en la creación de cantinas públicas y hogares comunitarios, instituciones que se consideraban esenciales para poner fin a la familia nuclear.

(...) El tema del amor libre y las formas de una nueva búsqueda de relación sexual que resultase más satisfactoria para todos due uno de los temas de la época. Uno de los debates que atravesaba el feminismo en aquel momento era la reivindicación del derecho de amar libremente. Muchas mujeres admitían todo tipo de unión por amor, a excepción se existir peligro para la salud. En este sentido debería de rechazarse la subordinación de la mujer dentro de la pareja y la hipocresía de la doble moral, Todo parecía indicar que en Rusia se gestaba un nuevo concepto de amor y de las relaciones entre sexos".

Soledad Bengoechea y María Cruz Santos: "Las mujeres en la Revolución rusa".

lunes, 3 de abril de 2017

Que su magia era la ciencia de la época.

"Las mujeres sabias, o brujas, poseían multitud de remedios experimentados durante años y años de uso. Muchos de los preparados de hierbas curativas descubiertos por ellas continúan utilizándose en la farmacología moderna. Las brujas disponían de analgésicos, digestivos y tranquilizantes. Empleaban el cornezuelo (ergotina) contra los dolores del parto, en una época en que la Iglesia aun los consideraba un castigo de Dios por el pecado original de Eva. Los principales preparados que se emplean actualmente para acelerar las contracciones y prevenir hemorragias después del parto son derivados del cornezuelo. Las brujas y sanadoras empleaban la belladona -todavía utilizada como antiespasmódico en la actualidad- para inhibir las contracciones uterinas cuando existía riesgo de que se produjera un aborto espontáneo. Existen indicios de que la digitalina -un fármaco todavía muy importante en el tratamiento de las afecciones cardíacas- fue descubierta por una bruja inglesa. Sin duda, otros muchos remedios empelados por las brujas eran en cambio pura magia y debían su eficacia -cuando la tenían- a un efecto de sugestión.

Los métodos empleados utilizados por las brujas sanadoras representaban una amenaza tan grande (al menos para la Iglesia católica y en menor medida también para la protestante) como los resultados que aquellas obtenían, porque en efecto, las brujas eran personas empíricas: confiaban más en sus sentidos que en la fe o en la doctrina; creían en la experimentación, y en la relación entre causa y efecto. No tenían una actitud religiosa pasiva, sino activamente indagadora. Confiaban en su propia capacidad para encontrar formas de actuar sobre las enfermedades, los embarazos y los partos, ya fuera mediante medicamentos o con prácticas mágicas. En resumen, su "magia" era la ciencia de su época".

Barbara Ehrenreich y Deidre Englis: Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de sanadoras femeninas.