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jueves, 18 de mayo de 2017

Y comieron perdices.

"El hombre de la mayoría de los cuentos de hadas, el príncipe azul, en realidad no es muy interesante. En la mayoría de cuentos de hadas, tiene un atractivo insulso y casi nunca muestra mucha personalidad, gusto o inteligencia. Se supone que debemos conformarnos porque es el príncipe azul y encantador. Se supone que con su encanto basta.

Las versiones Disney de los cuentos de hadas, probablemente las más conocidas, no presentan una gran oferta en lo que a príncipes se refiere. En La sirenita, el príncipe Eric tiene una gran mujer delante de sus narices, pero está tan obsesionado con una voz hermosa que escuchó una vez que no es capaz de valorar lo que tiene. En Blancanieves, el príncipe ni siquiera encuentra a Blancanieves hasta que está comatosa, y tiene tan poca imaginación que se enamora sin más de su cuerpo aparentemente exánime. En La bella y la bestia, Bella es entregada a la Bestia por su propio padre, y luego tiene que soportar las atenciones de un hombre que básicamente la ve como un mueble. Tendrá que sacrificarse y amar a una bestia de hombre para descubrir al final que en realidad es un apuesto príncipe.

Lo que tienen los cuentos de hadas es que la princesa encuentra a su príncipe, pero normalmente debe pagar un precio. Hace falta un compromiso para ser felices para siempre. En el cuento de hadas es la mujer quien suele pagar el precio. Parece que esa es la naturaleza del sacrificio".

Roxane Gay: Mala feminista.

sábado, 13 de mayo de 2017

Los primeros directores indie.

"Veréis, los directores de cine erótico fueron los directores indie originales. El hecho de que sus películas te pusieran no era diferente de cualquier otro género que te asustara a muerte o te hiciera llorar. Las películas son grandes vehículos de transmisión de emociones fuertes. Cuando te tocan en múltiples niveles al mismo tiempo, las llamamos obras maestras.

La era hardcore que comenzó a finales de los años sesenta se comprende ahora como parte de la ola de películas independientes que se desgajaron del sistema de los estudios de Hollywood. Los realizadores de cine erótico fueron pioneros en la misma liga que los directores se spaghetti western o los productores de torpes películas de horror o ciencia ficción. A veces, eran las mismas personas. La guetización del cine pornográfico era extraña, y completamente injustificada, salvo por la mojigatería de los políticos.

(...) De forma parecida a lo que ocurre con la vida gay, el "debate del porno" parece existir en dos mundos paralelos voluntarios. Por un lado, está pasado, aburre. En el otro mundo, el Planeta Puritano, el clima legal y de política pública es fundamentalista. Los políticos y los líderes religiosos amenazan con el sexo como si fuera el hombre del saco, de manera cada vez más llamativa, y consiguen apoyos tanto de liberales como de conservadores.

La edad dorada del siglo XXI es una época de moralismo, de "avergonzar a las golfas" para el público general, mientras que para la élite lo normal es la corrupción y el libertinaje a lo Calígula". 

Susie Brigth: "El nacimiento de la crítica cinematográfica del porno", en VV.AA.: Porno feminista. Las políticas de producir placer.

sábado, 8 de octubre de 2016

Marilyn Monroe o la imagen de la feminidad vencida.

"Los esfuerzos por silenciar la voz femenina en los films norteamericanos han sido una característica perenne del cine en los periodos de reacción. Las palabras de una mujer independiente y franca, Mae West, provocaron el reaccionario Código de Ética de Producción de 1934. Era su lengua cáustica, no su conducta sexual, lo que desencadenó esas regulaciones de censura que prohibían el sexo premarital y ponían en vigencia el matrimonio (aunque permitían las escenas de violación) en la pantalla hasta fines de la década del '50. West enfureció a los guardianes de la moralidad nacional (...) porque les contestaba a los hombres en sus films y, lo que era aun peor, según sus propias palabras, porque escribía sus propios diálogos. Defiéndete, o terminarás hecho un felpudo, le dice West al león al que domestica en I'm No Angel [No soy un ángel], resumiendo su propia filosofía. En la década del '30 ella misma terminaría como un felpudo, junto con otras estrellas sumamente independientes de la época: Marlene Dietrich, Katharine Hepburn, Greta Garbo, Joan Crawford y West fueron todas declaradas oficialmente "veneno para la boletería" en una lista publicada por el presidente de Propietarios de Teatros Independientes de Norteamérica. Las palabras de West eran consideradas tan ofensivas que incluso fue prohibida en la radio.

(...) Para la década del '50 se había impuesto la imagen de la feminidad vencida, siendo su emblema una Marilyn Monroe de rodillas juntas y voz susurrante, una especie de "dama de la oscuridad" después de la lobotomía, que ya no discutía las órdenes del médico. Las mujeres fuertes eran desplazadas por muchachas buenas como Debbie Reynolds y Sandra Dee. Las mujeres fueron finalmente silenciadas en el cine de la década del '50 mediante su ausencia de las mayores películas de la época, de A la hora señalada a Shane, The Killing [La matanza] y Twelve Angry Men [Doce hombres airados]. En la década del '50, como escribió la crítica de cine Molly Haskell, No sólo había menos films sobre mujeres emancipadas que en las décadas del '30 y del '40, sino que había menos films sobre mujeres. Mientras las mujeres eran relegadas a películas irrelevantes acerca del modo de pescar un marido, los hombres escapaban a un paisaje sin mujeres. Con el telón de fondo de las trincheras bélicas y el Oeste norteamericano, triunfaban al fin, si no sobre sus esposas, al menos sobre indios y nazis".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.