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miércoles, 15 de noviembre de 2017

No es una violación.

"No es una violación. La prueba: si verdaderamente hubiéramos querido que no nos violaran, habríamos preferido morir, o habríamos conseguido matarlos. Desde el punto de vista de los agresores, se las arreglan para creer que si ellas sobreviven es que la cosa no les disgustaba tanto. (...) Que haga falta pegarla, amenazarla, agarrarla entre varios para obligarla y que llore antes, después y durante, eso no cambia nada; en la mayoría de los casos, el violador se las arregla con su conciencia: no ha sido una violación, era una puta que no se asume y a la que él ha sabido convencer. (...) Sólo se identifica en prisión a los psicópatas graves, los violadores en serie que recortan coños con cascos de botella, o a los pedófilos que atacan a las niñas. Porque los hombres, claro está, condenan la violación. Lo que ellos practican, eso es otra cosa.

(...) Y de todos modos, ¿cómo es posible que hayas sobrevivido sin ser realmente una puta rematada? Una mujer que respeta su dignidad habría preferido que la mataran. Mi supervivencia, en sí misma, es una prueba que hablaba contra mí. (...) Porque en la violación siempre es necesario probar que no estábamos realmente de acuerdo. La culpabilidad está sometida a una atracción moral no enunciada. (...) Post-violación, la única actitud que se tolera es volver la violencia contra una misma. Engordar veinte kilos, por ejemplo. Salir del mercado sexual, porque has sido dañada, sustraerte voluntariamente al deseo".

Virginie Despentes: Teoría King Kong.


martes, 16 de febrero de 2016

La función de Jezabel.

"La imagen de Jezabel se originó bajo la esclavitud cuando las mujeres negras eran descritas como (...) "nodrizas sexualmente agresivas". La función de Jezabel consistía en relegar a todas las mujeres negras a la categoría de mujeres sexualmente agresivas, proporcionando de esa forma un fundamento poderoso para las extendidas agresiones sexuales de los hombres blancos, ampliamente contadas por las esclavas negras. Jezabel servía aún para otra función. El poder atribuir un apetito sexual desmesurado a las esclavas negras, permitía contar con incrementos en la fertilidad. Al suprimir la crianza que las mujeres afroamericanas podían dar a sus propios hijos, que reforzaría los lazos de la familia negra, y al obligar a las mujeres a trabajar en el campo, a servir de nodrizas para los niños blancos y a criar emocionalmente a sus propietarios blancos, los negreros unían eficazmente las imágenes de Jezabel y de "mammy" a la explotación económica inherente a la institución de la esclavitud".

Patricia Hill Collins.

viernes, 15 de enero de 2016

La violación como forma de representación social.

"La violación es una forma de representación social. Está extremadamente ritualizada. Varía entre los países; cambia con el paso del tiempo. No hay nada eterno ni aleatorio en ella".

"A excepción del feminismo (...), tanto las explicaciones biológicas como las ambientales para la agresividad masculina evitaban proponer una reorganización general de las normas, las instituciones y las estructuras políticas de la sociedad. Incluso los argumentos que hacían hincapié en el papel que tenían la pobreza endémica y las desigualdades en la creación de hombres sexualmente violentos seguían centrándose decididamente en los individuos a la hora de proponer maneras de impedir los delitos. Sólo la narración feminista ofrecía una interpretación del violador que lo situaba dentro de una realidad material sexuada, insistiendo en que los violadores no nacían, sino que se hacían".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Tu racismo no cabe en nuestro feminismo (II).

"En Nashville (Tennessee), vive un hombre blanco, Pat Hanifan, que violó a una jovencita afroamericana a la que arruinó la vida a causa del daño físico que la infrigió. Estuvo en la cárcel seis meses, fue puesto en libertad y ahora trabaja como detective en esa ciudad. En la misma ciudad, el pasado mayo, un hombre blanco violó a una chica afroamericana en una farmacia. Lo arrestaron y fue puesto en libertad bajo fianza. Corrió el rumor de que quinientos afroamericanos se habían organizado para lincharlo. Doscientos cincuenta ciudadanos blancos se armaron con Winchesters y lo protegieron. Se colocó un cañón frente a su casa y se reclamó la presencia de los "Rifles de Buchanan" (la milicia estatal) para protegerlo. La turba afroamericana no se materializó. Tan sólo dos semanas antes, Eph. Grizzard, que tan sólo había sido encausado por la violación de una mujer blanca, fue sacado de la cárcel, ante el gobernador de Buchanan, la policía y la milicia, arrastrado por las calles a plena luz del día, le fueron clavando cuchillos a cada paso y le hicieron toda la clase de crueldades que se le puede ocurrir a una turba airada; finalmente, se le ahorcó en el puente con las manos destrozadas porque intentó agarrarse a los pilares. ¡Un ejemplo claro y cruento de la sed de sangre de la civilización deciminónica de la Atenas del Sur! No se requirió la presencia de militar o cañón alguno. Se atrevió a visitar a una mujer blanca".

Ida B. Wells: Horrores sureños: la ley Lynch en todas sus fases.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Tu racismo no cabe en nuestro feminismo.

"Partiendo de los relatos de los linchamientos escritos en periódicos de blancos, [Isa Wells] analizó las fuentes secundarias del Chicago Tribune e hizo trabajo de campo justo después de los linchamientos. Elaboró y publicó estadísticas demoledoras. Así mostró que entre 1880 y 1891 en torno a 100 negros fueron linchados. En el año 1892, año en el que mataron a sus amigos, otros 160 hombres fueron linchados, la mayoría por asesinato (58) y por violación (46). Denunció que los linchamientos se utilizaban para frenar el posible ascenso social de la población negra en el Sur. Señalando las lógicas desde las que se denunciaba como violación cualquier contacto (a veces meramente verbal) entre un hombre negro y una mujer blanca, Wells introdujo uno de los temas que sería central en el feminismo negro: la forma en la que la intersección entre "raza" y género construye de forma desigual la sexualidad de la población blanca y de la población negra. Lo hizo subrayando los mecanismos a través de los cuales se demonizaban las relaciones raciales entre hombres negros y mujeres blancas -usando el término de violación para cualquier tipo de contacto o acercamiento entre unos y otras- y la forma en la que se naturalzia cualquier forma de agresión sexual (violación) de hombres blancos a mujeres negras".

Mercedes Jabardo: Feminismos negros. Una antología.

lunes, 24 de agosto de 2015

Porque tenemos miedo.

"En ningún momento se nos dice su nombre. Ninguno de los soldados estadounidenses que la rodeaban se habría interesado por esas sutilezas. Las únicas consideraciones relevantes eran que se trataba de una vietnamita y que era virgen. "Los chicos se la están follando por turnos", recordaba uno de los participantes, añadiendo: "Era como una manada de animales. Ninguno se daba la vuelta, ni nada. Simplemente hicimos cola y nos la follamos". Mientras este soldado "tomaba su cuerpo por la fuerza", sus compañeros, armados hasta los dientes, estaban inmóviles, mirando. Entonces, de repente, inesperadamente, la mujer sin nombre se giró hacia él. "¿Por qué me haces esto?", dijo en inglés. "Eh... ¿por qué me haces esto?"

Ésa era la pregunta que me hacía una y otra vez mientras escribía este libro: ¿por qué algunas personas se proponen humillar y torturar sexualmente a otras? El violador, y no la víctima, es el centro de este libro. La mayoría de mis amigas fueron lo suficientemente sinceras como para decir que no cogerían en sus manos un libro que se titulara Violadores. ¿Por qué no? Porque tenemos miedo".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.


viernes, 19 de junio de 2015

Que violaría a una mujer si estuviera seguro de que no le atraparían.

"Dado el carácter inclompleto y ambiguo de las estadísticas oficiales, algunos sociólogos y criminólogos han intentado calcular aproximadamente cuántos hombres estarían dispuestos a admitir haber desarrollado una conducta sexual coactiva. Encuestas realizadas entre estudiantes universitarios de Estados Unidos hallaron que aproximadamente el 20 por 100 de ellos admitía haber llevado a cabo uno o más intentos forzosos de relación sexual desde su ingreso en la universidad. En un estudio sobre 359 estudiantes universitarios de Rhode Island, el 12 por 100 dijo que cometería abusos sexuales si se anularan las probabilidades de que fueran denunciados y castigados. La alarmante encuesta realizada por Neil Malamuth en 1981 puso de manifiesto que uno de cada tres hombres que asistía a la universidad decía, hipotéticamente, que violaría a una mujer si estuviera seguro de que no le iban a atrapar. El 26 por 100 admitió haber llevado a cabo realmente un intento forzoso de relación sexual que provocó un malestar perceptible (llanto, gritos, lucha o súplica) en la mujer".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.


jueves, 18 de junio de 2015

La colonización de los cuerpos.

"La escritora Fátima Mernissi vio, en los museos de París, las odaliscas turcas pintadas por Henri Matisse.

Eran carne de harén: voluptuosas, indolentes, obedientes.

Fátima miró las fechas de los cuadros, comparó, comprobó: mientras Matisse las pintaba así, en los años veinte y treinta, las mujeres turcas se hacían ciudadanas, entraban en la Universidad y en el Parlamento, conquistaban el divorcio y se arrancaban el velo.

El harén, prisión de mujeres, había sido prohibido en Turquía, pero no en la imaginación europea. Los virtuosos caballeros, monógamos en la vigilia y polígamos en el suelo, tenían entrada libre a ese exótico paraíso, donde las hembras, bobas, mudas, estaban encantadas de dar placer al macho carcelero. Cualquier mediocre burócrata cerraba los ojos y en el acto se convertía en un poderoso califa, acariciado por una multitud de vírgenes desnudas que, bailando la danza del vientre, suplicaban la gracia de una noche junto a su dueño y señor.

Fátima había nacido y crecido en un harén".

Eduardo Galeano: Mujeres.


martes, 9 de junio de 2015

La cultura occidental da asco (III).

"En Psicopatología de la vida cotidiana (1914), Freud iba aún más lejos, afirmando que a una mujer le resultaría difícul "usar toda su fuerza muscular" para rechazar un ataque sexual porque "una parte de los sentimientos inconscientes de la atacada lo acoge en buen grado". Después relataba una historia de Don Quijote, en la que una mujer había interpuesto una acción judicial contra un hombre "que supuestamente le había robado su honor por la fuerza de la violencia". Sancho Panza, el juez, la indemnizó con un monedero lleno que le quitó al acusado, pero después de que la mujer se marchara, le dio al acusado permiso para seguirla y arrebatarle el monedero. Ambos regresaron luchando, enorgulleciéndose la mujer de que el villano fuera incapaz de hacerse con el monedero. Acto seguido, Sancho dijo: Si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa lo mostrárais, y aún la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran falta".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.

sábado, 6 de junio de 2015

El mito de las denuncias falsas.

"En 1900, Bernard Sachs (el "decano de la neurología estadounidense") ofreció un análisis detallado del vínculo entre la histeria y las falsas acusaciones de violación. Según él, las mujeres histéricas tenían propensión a hacer estas acusaciones cuando se hallaban en un estado de gran agitación, como durante la menstruación, por ejemplo. (...) De hecho, para los médicos de comienzo del siglo XX, una de las principales demostraciones de que una mujer sufría histeria era su propensión a lanzar indiscriminadamente acusaciones de impudicia sexual.

(...) William Robinson, presidente del Consejo Médico y Jefe del Departamento de Enfermedades Genito-Urinarias y Dermatología del Hospital del Bronx, (...) afirmaba que las mujeres que formulaban acusaciones de violación eran "degeneradas". Eran "histéricas, psicópatas, buscaban notoriedad o eran simplemente viciosas". Las mentiras que tramaban las mujeres eran "de un ingenio realmente extraordinario", especialmente porque en muchas ocasiones terminaban creyéndose sus propias historias fantasiosas.

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.

lunes, 1 de junio de 2015

Del miedo a perder los privilegios.

"Las feministas como ella, creía él, padecían identificaciones proyectivas narcisistas típicas de mujeres con múltiples fijaciones pregenitales, especialmente de aquellas que no han resuelto el golpe narcisista que supone carecer de un órgano especialmente visible. Esta rebelión contra el padre primordial en realidad tenía que ver con un deseo de castrar a todos los hombres. Su narcisismo y su envidia de pene las mantenía atrapadas en la etapa edípica del desarrollo, defendiendo siempre a la madre como víctima frente al padre como opresor. (...) Detrás de la ideología feminista acechaba una orientación homosexual latente o real. Intentaban "atraer" a otras mujeres a una forma real o simbólica de lesbianismo.

Las mujeres feministas eran el objeto de los mayores ataques, pero Schoenewolf también criticaba severamente a los compañeros de viaje masculinos de éstas. Estos hombres habían sido evidentemente incapaces de conservar sus "facultades críticas" y padecían un grave caso de narcisismo masculino y de angustia de castración".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.

lunes, 18 de mayo de 2015

Desmitificar al violador.

"Los perpetradores de abusos sexuales tienen una historia. Desmitificando la categoría del violador podemos hacer que éste resulte menos aterrador y más suceptible al cambio. Mediante la invención de una nueva política de la masculinidad, podemos crear un futuro en el que la violencia sexual ya no sea inevitable".

"La inmensa mayoría de los que cometen abusos sexuales son hombres. Las víctimas, la matoría de las cuales son mujeres, cuentan sus historias en este texto, pero sería un error explorar la violencia cometida predominantemente por hombres estudianto a las mujeres a las que hieren. Hacer eso supondría contribuir a una larga tradición en la que se ha culpado a las mujeres por las violaciones que han sufrido. También supondría fomentar la ilusión de que el peligro sexual merodea por los espacios sociales como una especie de germen sin capacidad de acción que una mujer puede "coger". El violador no es un "virus social". Es humano".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro desde 1860 hasta nuestros días.

jueves, 14 de mayo de 2015

La cultura occidental da asco (II).

"El acto sexual es básicamente un acto de violencia realizado por el hombre. Nuestros antepasados remotos (pues parece que podemos suponer, sin temor a equivocarnos, que este rasgo animal era dominante en nuestros antepasados originarios) perseguían a la mujer que querían, la mujer oponía resistencia, o fingía hacerlo; era reducida y poseída a la fuerza (...). Es probable que la renuencia de la mujer sea simplemente un mecanismo para intensificar la agresividad del hombre y aumentar, de ese modo, el ardor de su cortejo. Es perfectamente posible que la Naturaleza invistiera a la humanidad con este desafío y esta agresividad con el fin de garantizar que solamente procrearan los especímenes más fuertes".

Walter Braun, 1967.


lunes, 11 de mayo de 2015

Los violadores.

"El 30 de febrero de 2005, o en torno a esa fecha, me enfurecí. Me avergüenza admitirlo, pero este libro había sido un hijo del miedo, no de la ira. La violencia sexual me era familiar. Como a todas las mujeres, me habían prevenido acerca del peligro sexual desde la infancia, y había visto huellas de violencia grabadas en los cuerpos y los espíritus de amigas mías. No obstante, ese día de febrero leí un informe del Ministerio de Interior británico que revelaba que sólo un 5 por 100 de las violaciones que se denunciaban a la policía en el Reino Unido acaban en una condena. La conciencia que he tenido toda mi vida sobre los daños que produce la violencia sexual cristalizó de repente en un proyecto intelectual y político. Naturalmente, para entonces ya sabía que la situación era mala. En la década de 1970 sólo una de cada tres violaciones denunciadas acababa en una condena. Pero nunca imaginé que hoy en día esa proporción habría descendido hasta ser una de cada veinte".

Joanna Bourke: Los violadores. Historia del estupro de 1860 a nuestros días.

domingo, 22 de marzo de 2015

Sobre la sororidad.

"Contra el fondo de una huelga metalúrgica y mecánica, un escándalo absorbió la atención de la comunidad de mujeres de la clase obrera de Barcelona, en octubre de 1910. Los obreros estaban luchando por la jornada de nueve horas y contra los despidos y el desempleo. (...) Los trabajadores varones se preocupaban de la situación laboral. Las mujeres se sentían ultrajadas por la vejación de una niña.

La viuda de un inspector de policía, madre de seis hijos, todos ellos más o menos enfermos, había ingresado a las dos niñas menores, de siete y cuatro años, en un convento para huérfanos. El 10 de octubre de 1910, la viuda recibió una carta de la Madre Superiora en la que le decía que la niña de siete años estaba enferma y debería volver a casa. La niña sufría un dolor agudísimo en el área genital, debido a lesiones internas y externas. Las monjas dijeron que sufría una enfermedad contagiosa. Después de cierta demora, los médicos de la clínica admitieron que tenía una enfermedad venérea, resultado de la violación por un extraño que se había ofrecido a bañarla.

La comunidad femenina de Barcelona adoptó a la víctima como propia. El 17 de octubre, fiesta local en la vigilia del día de San Lucas, un gran número de mujeres humildes, descritas como "mujeres del pueblo", y de vendedoras de los mercados del Borne y de la Barceloneta, de la parte antigua de la ciudad, se congregó frente a la casa de la niña. No pasaron por la iglesia; pocas mujeres se incorporaron a las manifestaciones anticlericales que habían organizado los hombres. Lo que parecía estar en disputa para las mujeres era la solidaridad con la madre y su hija enferma (...). Cuando la policía presionó a madre e hija, las vecinas ejercieron vigilancia y actuaron como un conjunto. La policía trató de persuadir a la madre de que su hija había participado en actos inmorales fuera de la escuela del convento, pero las mujeres se sintieron tan ultrajadas como su madre, que proclamaba la inocencia de su hija. 

(...) Cuando las mujeres pretendieron unirse como tales, alarmaron a las autoridades y el gobernador prohibió la concentración. La conciencia de que serían los funcionarios, y no ellas, quienes decidirían cómo serían tratadas la víctima y su familia ofendió gravemente a las mujeres. La respuesta de los funcionarios equivalía a una violación de los derechos de las mujeres a proteger a los niños y a las demás mujeres. Porque, al margen de la propia violencia, el hostigamiento sexual desafía realmente la autoridad de las mujeres sobre las demás mujeres y sobre su sexualidad colectiva".

viernes, 6 de marzo de 2015

La cultura occidental da asco.

"En la unión de los sexos, cada uno concurre de igual forma al objetivo común, pero no de igual manera. De esa diversidad nace la primera diferencia asignable entre las relaciones morales de uno y otro. Uno debe ser activo y fuerte, el otro pasivo y débil: es totalmente necesario que uno quiera y pueda, basta que el otro resista poco. 

Establecido este principio, de él se sigue que la mujer está hecha especialmente para agradar al hombre; si el hombre debe agradarle a su vez, es una necesidad menos directa. (...) Si la mujer está hecha para agradar y para ser sometida, debe hacerse agradable para el hombre en lugar de provocarle: la violencia de ella reside en sus encantos; con ellos debe forzarle a él de encontrar su fuerza y a utilizarla. El arte más seguro de animar esa fuerza es hacerla necesaria por la resistencia. Entonces el amor se une al deseo, y uno triunfa con la victoria que el otro le hace conseguir. (...)

Sea pues que la hembra del hombre comparta o no sus deseos y quiera o no satisfacerlos, le rechaza y se defiende siempre, pero no siempre con la misma fuerza ni por consiguiente con el mismo éxito; para que el atacante salga victorioso es preciso que el atacado lo disponga o permita; porque ¿cuántos medios sagaces no hay para forzar al agresor a usar la fuerza? El más libre y más dulce de todos los actos no admite violencia real, la naturaleza y la razón se oponen a ello (...).

Si en nuestros días se registran menos actos de violencia, no es seguramente porque los hombres sean más temperantes, sino porque es menos su credulidad, y porque semejante queja, que antaño hubiera convencido a pueblos simples, en nuestros días no haría sino atraer las risas de los burlones; se gana más callando. Hay en el Deuteronomio una ley por la que una muchacha seducida era castigada junto con su seductor, si el delito se había cometido en la ciudad; pero si se había cometido en el campo o en lugares apartados, sólo se castigaba al hombre; porque, dice la ley, la muchacha gritó y no fue oída".

Jean-Jacques Rousseau: Emilio o De la educación.