Mostrando entradas con la etiqueta Cuerpos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuerpos. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de mayo de 2018

Poner el placer en el lugar que tiene en la vida.

"Creo que hay tres cosas básicas importantes para recuperar el útero. Una es el propio orgasmo, sea cual sea su origen, que siempre 'se opone a la coraza' y propicia la reconexión. A fuerza de latir, el útero deshace la tensión y pierde el estado de rigidez, y a fuerza de expandie el latido de placer acaba por alcanzar nuestra conciencia, nuestro neocortex. El orgasmo es la principal vía de rehabilitación del útero. El saberlo además intensifica la eficacia del proceso de rehabilitación.

(...) La segunda cuestión básica para la recuperación del útero es el cambio de actitud en general ante el placer. Es necesario, sobre todo para las mujeres, cultivar -en el sentido de hacer verdadera cultura- el reconocimiento de la función orgánica del placer; una cultura que vaya más allá del mero rechazo al destino tradicional de sufridoras. Que ponga el placer en el lugar que tiene en la vida. Porque no sólo se trata de acabar con la vieja resignación tradicional, y de que el placer ya no sea pecado, si sea 'malo'. Se trata de entender que el placer no es algo aleatorio o prescindible, que pueda y deba esperar frente a otras cosas (responsabilidades profesionales, hij@s, etc.) que sí consideramos imprescindibles o necesarias. Como todo lo que se produce en el cuerpo, el placer no se produce porque sí sino que tiene una función de regulación fisiológica y psíquica.

(...) En tercer lugar, la recuperación del útero se propicia también desde el neocortex, conociendo la función del útero. Cuanto más sepamos, más nos empapemos de la sexualidad uterina, más facilitaremos la reconexión. Si el neocortex ha sido el camino de la inhibición, por donde la moral y el orden sexual alcanzan nuestros cuerpos y logran nuestra propia autoinhibición del deseo, también puede ser lo contrario. (...) Con la cultura de la represión de la sexualidad hemos perdido el lenguaje del placer; o mejor dicho, se quedó en aquello del pecado de la carne".

Casilda Rodrigáñez: Pariremos con placer.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

No es una violación.

"No es una violación. La prueba: si verdaderamente hubiéramos querido que no nos violaran, habríamos preferido morir, o habríamos conseguido matarlos. Desde el punto de vista de los agresores, se las arreglan para creer que si ellas sobreviven es que la cosa no les disgustaba tanto. (...) Que haga falta pegarla, amenazarla, agarrarla entre varios para obligarla y que llore antes, después y durante, eso no cambia nada; en la mayoría de los casos, el violador se las arregla con su conciencia: no ha sido una violación, era una puta que no se asume y a la que él ha sabido convencer. (...) Sólo se identifica en prisión a los psicópatas graves, los violadores en serie que recortan coños con cascos de botella, o a los pedófilos que atacan a las niñas. Porque los hombres, claro está, condenan la violación. Lo que ellos practican, eso es otra cosa.

(...) Y de todos modos, ¿cómo es posible que hayas sobrevivido sin ser realmente una puta rematada? Una mujer que respeta su dignidad habría preferido que la mataran. Mi supervivencia, en sí misma, es una prueba que hablaba contra mí. (...) Porque en la violación siempre es necesario probar que no estábamos realmente de acuerdo. La culpabilidad está sometida a una atracción moral no enunciada. (...) Post-violación, la única actitud que se tolera es volver la violencia contra una misma. Engordar veinte kilos, por ejemplo. Salir del mercado sexual, porque has sido dañada, sustraerte voluntariamente al deseo".

Virginie Despentes: Teoría King Kong.


lunes, 28 de agosto de 2017

Objetos de deseo / Objetos de odio.

"El dispositivo capitalista, patriarcal y racista que permite convertir en mercancía los cuerpos de las mujeres armadas no funciona siempre. No todas las guerrilleras son susceptibles de ser convertidas en objeto de deseo por parte de los consumidores. Cuando las mujeres pertenecen a un grupo social que ha sido designado como enemigo, los flujos libidinales del mercado se paralizan. No se puede vender como objeto de deseo lo que antes se ha vendido como objeto de odio.

Posiblemente el mejor ejemplo en este sentido son las mujeres con hiyab. A pesar de su protagonismo en luchas sociales recientes, como las primaveras árabes, sus fotografías apenas han aparecido en nuestras redes sociales, y cuando lo han hecho no ha sido como cuerpos erotizados. (...) Las pocas imágenes que se difunden en las redes muestran a mujeres vestidas con ropas que nosotros consideraríamos occidentales y que se cubren la cabeza de una forma que nosotros identificaríamos con la izquierda antisistema. No importa que en realidad lleven el hiyab debajo, como puede apreciarse en muchas fotografías: lo importante es que no son vistas como parte de esa construcción social que es el enemigo islámico, y por tanto pueden ser mercantilizadas y erotizadas. El resto de mujeres [palestinas] solo aparecen en las fotografías como víctimas, como sujetos pasivos que sufren el maltrato de las fuerzas de ocupación israelíes.

(...) En la medida en que quedan fuera de la mercantilización, esas identidades pueden convertirse en espacios desde donde articular la resistencia, ya que no son asimilables por los flujos del capitalismo. En este sentido, el hiyab se convierte en un símbolo con un enorme potencial para la lucha, como repiten incesantemente las feministas islámicas. Otro ejemplo muy interesante en esa misma línea sería el uso del pasamontañas y la ropa no occidental por parte de las mujeres del EZLN. Al optar por un tipo de ropa que impide que su imagen sea mercantilizada por el capitalismo racista y patriarcal, evitan ser convertidas en objetos y pueden permanecer como sujetos, manteniendo una capacidad mucho mayor de control sobre su propia forma de presentarse al mundo".

Leyla Martínez: Pasamontañas, hiyabs y capitalismo baboso. La imagen de las mujeres en las guerras.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Las armas pertenecen a los hombres.

"El capitalismo siempre ha consumido cuerpos racializados y esclavizados, pero a lo largo de su historia ha ido incrementando las formas en que lo hacía y extendiéndose a otros sectores sociales. En este movimiento de extensión y profundización de sus intervenciones sobre los cuerpos, el capitalismo ha  tenido como principales aliados al patriarcado y al racismo. Estos dos sistemas de creencias, basados en la consideración de determinados cuerpos como inferiores a otros, han proporcionado la cobertura ideológica para la intervención del capitalismo sobre cuerpos racializados y sobre cuerpos no masculinos.

(...) Esta conjunción de patriarcado, racismo y capitalismo es muy evidente en el caso de las guerrilleras kurdas, pero también en las de otras mujeres participantes en conflictos armados. Despojadas de su capacidad de ser sujetos y con cuerpos calificados de deseables por los códigos culturales del capitalismo racista y patriarcal, sus imágenes son consumidas en relaciones económicas a las que son ajenas y que enriquecen  a enormes empresas transnacionales ubicadas en los países occidentales. 

En la creación de los códigos culturales que hacen deseables a los cuerpos de las guerrilleras han tenido una gran responsabilidad las ideologías de izquierda, que han promovido una suerte de fetichismo de la mujer armada. Las mujeres armadas no eran unos soldados más, eran cuerpos deseables en tanto que excepcionales, peligrosos y prohibidos. No es difícil ver lo patriarcal de este deseo: las armas pertenecen a los hombres, así que las mujeres que las tocan están transgrediendo una norma social, excitan el deseo de los hombres porque usurpan algo que no les pertenece. De alguna manera sería similar al deseo que despiertan las lesbianas, que se adueñan de algo que es propiedad de los hombres. Por supuesto, esto sucede solo en el caso de que lo hagan momentáneamente y en función de la mirada masculina, sin politizarlo ni abandonar lo que socialmente se entiende como feminidad. Más allá de las fantasías del porno lésbico hecho para varones heterosexuales, las lesbianas sólo reciben el desprecio y la violencia del patriarcado, que las ve como una amenaza. De la misma forma, un grupo de mujeres armadas, politizadas y que no responda a lo que la norma social entiende como femenino despierta muchos miedos patriarcales y ningún deseo".

Layla Martínez: Pasamontañas, hiyabs y capitalismo baboso. La imagen de las mujeres en las guerras.

lunes, 17 de julio de 2017

Contra los estándares de lo aceptable.

"Nuestra sociedad no puede concebir aún que una chica joven y relativamente cuerda elija dedicarse al trabajo sexual por otro motivo que no sea la desesperación. Va en contra de todos los estándares de lo aceptable para la mujer. También es importante marginar a las trabajadoras sexuales, no vaya a ser que nuestras tiernas hijitas se imaginen una carrera en lo que aún hoy es un tabú terrible. Hace cien años se declaraba ninfómanas enfermas a las mujeres que querían mantener relaciones sexuales más a menudo que sus maridos. Hoy, a pesar de que a las mujeres se les concede el derecho a la satisfacción sexual, el doble rasero sigue vigente y en plena forma, y se controla a las mujeres a través del miedo a la temida etiqueta de golfa. Convertirse en una trabajadora sexual cruza la línea que separa el territorio prohibido: ¿cómo nos atrevemos a usar nuestros cuerpos y nuestra sexualidad para ganarnos la vida o simplemente para expresar quiénes somos? ¿Quién nos ha dado el derecho al control absoluto sobre nuestros cuerpos y nuestra sexualidad?

(...) Es cierto que muchas de las mujeres que empiezan a desempeñar un trabajo sexual lo hacen por motivos poco positivos, como por ejemplo para superar sentimientos de falta de autoestima o de odio hacia sí mismas. Pero también hay muchas mujeres que lo hacen porque disfrutan del sexo y les gusta la idea de tener relaciones sexuales por dinero, o al menos porque lo encuentran mucho menos opresor y mucho más lucrativo que algunas de sus otras opciones".

Candida Royalle: "Qué hace una chica como tú...", en VV.AA.: Porno feminista. Las políticas de producir placer.

lunes, 29 de mayo de 2017

No podemos permitirnos ese lujo.

"Las mujeres no tenemos una memoria limitada. No podemos permitirnos ese lujo (...).

En la antigüedad, las mujeres empleaban gelatinas, gomas y plantas como métodos anticonceptivos y para interrumpir embarazos no deseados. Esas prácticas continuaron hasta el siglo XIV, cuando Europa necesitaba repoblarse y empezó a perseguir a las 'brujas' y a las comadronas que compartían su valioso conocimiento sobre métodos anticonceptivos.

Cada vez que un Gobierno quería conseguir un objetivo, a menudo relacionado con el crecimiento demográfico, restringía el acceso al control de natalidad o lo criminalizaba, a menos que el crecimiento demográfico afectase a los pobres, por supuesto, en cuyo caso se fomentaba la contracepción con entusiasmo. Históricamente, la sociedad sólo ha querido que la 'gente adecuada' tenga derecho a la vida.

(...) Las mujeres han llegado a tirarse por las escaleras o hacerse daño físico de otra manera para provocarse un aborto. Como señalaba el Dr. Waldo Fielding en el New York Times: Se había utilizado y se utilizaba prácticamente cualquier instrumento imaginable para provocar abortos: agujas de zurcir, agujas de ganchillo, saleros de cristal tallado, botellas de gaseosa, a veces intactas y a veces con el cuello roto. Las mujeres han intentado usar jabón, lejía, catéteres, remedios naturales. Históricamente, han recurrido a cualquier medio necesario. Y lo volverán a hacer si las hacen retroceder a ese terrible rincón. Esta es la responsabilidad que nuestra sociedad ha impuesto a las mujeres durante siglos.

Es un pequeño milagro que nosotras tengamos buena memoria de nuestros derechos, que han sido continua y vergonzosamente alienables".

Roxane Gay: Mala feminista.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Porno-grafos: los escritos de las putas.

"La palabra pornografía tiene su origen en el griego πορνοράφος, porno-grafos: los escritos de las prostitutas. Si la sociedad tratara el sexo con algo de dignidad y respeto, tanto las personas que crearan pornografía como las que ejercieran la prostitución tendrían un estatus social, que está claro que tuvieron en un momento dado. (...) La idea de reclamar el poder sexual de la mujer al crear pornografía era un concepto embriagador. El feminismo podría restaurar las perspectivas históricas de las sacerdotisas de los antiguos templos egipcios, de las prostitutas sagradas, las amazonas de Lesbos, las cortesanas reales de los palacios sumerios. El amor sexual era probablemente lo que la gente anhelaba, así que me di permiso a mí misma para romper las siguientes mil reglas de intimidación dirigida a controlar la conducta sexual de la mujer. (...) Para que las mujeres progresemos, tenemos que cuestionar toda autoridad, tener la disposición a desafiar cualquier regla cuyo objetivo sea controlar nuestra conducta sexual, y evitar que las cosas sigan como siempre, ya que eso mantiene el statu quo".

Betty Dodson: "Porn wars. Las guerras del porno", en VV.AA.: Porno feminista. Las políticas de producir placer.

miércoles, 12 de abril de 2017

Las guerras del porno.

"El concepto de porno feminista surge en los años ochenta en plena guerra feminista contra el porno en Estados Unidos. Las guerras del porno (también conocidas como porn wars, las guerras feministas por el sexo, o los debates feministas sobre la sexualidad) emergieron de un debate dentro del feminismo sobre el papel de la representación sexualizada dentro de la sociedad y acabaron con una división completa del movimiento que ha durado más de tres décadas. En el apogeo del movimiento feminista en Estados Unidos surgió una extendida lucha de activistas de base en contra de la proliferación de representaciones misóginas y violentas en los medios de comunicación de masas, que se vio superada por un esfuerzo centrado explícitamente en prohibir legalmente el medio más explícito de todos, y aparentemente el más sexista: la pornografía. Utilizando el lema de Robin Morgan "la pornografía es la teoría; la violación es la práctica", el feminismo antipornografía argumentaba que el porno era una mercantilización de la violación. Mientras que un grupo llamado Women Against Pornography (WAP) comenzó a organizarse seriamente para prohibir la obscenidad en todo el país, otras feministas como Lisa Duggan, Nan D. Hunter, Kate Ellis y Carol Vance denunciaron lo que consideraban una connivencia mal concebida del WAP con la derecha cristiana y la Administración Reagan, sexualmente conservadora, así como una deformación del activismo feminista hacia un movimiento a favor de la higiene moral y las buenas costumbres. Considerando que el feminismo antipornografía constituía un enorme paso atrás en la lucha feminista para empoderar a la mujer y a las minorías sexuales, una comunidad muy activa de trabajadores sexuales y activistas sexuales radicales se unió al feminismo anticesura y sex-positive, y en conjunto forjaron los cimientos del movimiento a favor del porno feminista.

(...) Pero el problema con la asunción de la antipornografía de que el sexo es inherentemente opresivo para las mujeres -de que las mujeres se degradan si realizan actos sexuales delante de una cámara- ignora y reprime la sexualidad de las mujeres".

VV.AA.: Porno feminista. Las políticas de producir placer.

jueves, 30 de marzo de 2017

Sobre el hábito de afeitarse las axilas.

"Con el tiempo, cuando las modas cambiaban en la sociedad, a menudo era en los mejores prostíbulos donde se introducía un estilo. Ya he dicho cómo las cortesanas fueron las primeras en ponerse bragas, unas cosas grandes y holgadas con aberturas por delante y por detrás para las cuestiones naturales de la mujer. Ellas también popularizaron las medias de rayas y los polvos para el cuerpo y la cara. El hábito de afeitarse las axilas también fue una innovación de prostíbulo. Nunca me gustó. A la mayoría de los hombres tampoco. Hay algo sensual en el vello picante de una axila. Pero la moda predominó sobre la tradición, se podría decir, y el afeitado se instauró".

Nell Kimbal: Memorias de una madame americana.

domingo, 29 de enero de 2017

Controlar los cuerpos para controlar las ciudades.

"En ese proceso de ordenamiento e higienización del espacio urbano, la vigilancia y el control de los cuerpos de las mujeres jugarán un papel fundamental. La imposición del orden en el urbanismo de la ciudad será parte de un proceso de disciplina mucho más amplio que buscará poner en marcha nuevas formas de control social que sustituyan a las anteriores, que se habían mostrado ineficaces durante las insurrecciones del XIX. Ese proceso -que había comenzado a principios del XIX, pero que se impondrá con mucha más fuerza a finales del siglo, coincidiendo con la eclosión del fenómeno apache- tendrá como objetivo la creación de cuerpos dóciles que respondan a las nuevas necesidades del poder. En ese contexto, los cuerpos de las mujeres serán especialmente disciplinados, no sólo en tanto que son los encargados de la reproducción social, sino también porque en el marco ideológico del patriarcado lo femenino representa lo salvaje, lo irracional, lo pasional, lo sucio. Los cuerpos de las mujeres deben ser especialmente vigilados, medidos e intervenidos. Para ello, se crearán todo un conjunto e disciplinas centradas en articular ese control. Es el momento de la aparición de la cirugía estética, la sexología, la ginecología y la psiquiatría modernas. Todos los cuerpos, pero especialmente los de las mujeres, son desmenuzados, pesados, medidos, observados y controlados por todo un conjunto de disciplinas que buscan asegurar un control total mediante una vigilancia permanente".

Layla Martínez: "Seguid afilando las navajas. La heroína apache y los dispositivos de disciplina de la sociedad".

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El cuerpo deseable.

"A la Afrodita agachada (250 a.C.) se le marcan las lorzas. Si la Venus de Milo (130-100 a.C.) viviera hoy, probablemente le acomplejaría tener las caderas más anchas que la espalda, probablemente fantasease con unos implantes de silicona para poder lucir canalillo. En la escultura griega clásica, los héroes y los dioses están cachas: tienen espalda ancha, bíceps marcados, pectorales definidos, piernas largas, tableta de chocolate y esos sugerentes surcos en las ingles que anhelan tener los chicos que se apuntan al gimnasio. Podrían ser tronistas de Mujeres y hombres y viceversa. El David, de Miguel Ángel (s. XVI) está cañón. Nos sorprende que las pálidas y celulíticas Tres Gracias, de Rubens, reflejen el canon de belleza de la época (s. XVII); Paris y Hermes, sin embargo, seguirían siendo considerados unos hombretones agraciados.

María Félix, comunicadora social y activista gorda nicaragüense, explica que los cánones de belleza son dictados por el poder, determinados por sistemas de opresión como el género y la raza. De ahí que el estereotipo de cuerpo femenino deseable haya variado tanto en la cultura occidental en función del momento histórico; mucho más de lo que ha variado el cuerpo masculino deseable. Las caderas anchas han sido más valoradas en periodos en los que la economía requería de altas tasas de natalidad.

Los cánones de belleza se van imprimiendo en el imaginario colectivo a través del arte o de los medios de comunicación, según la época. Se convierten en modelos de referencia para las mujeres, que desearán parecerse a ellos.

(...) Esa lógica de un cuerpo único te niega. Yo tengo un cuerpo muy parecido al de mi mamá. Si yo renegara de mi cuerpo, estaría negando el cuerpo de mi mamá, de mi abuela, de mis ancestras, y me estaría negando a mí misma, exclama María Félix".

June Fernández: 10 ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía.

domingo, 2 de octubre de 2016

Que el aborto reduce el pene a un juguete hueco.

"Los medios definían la lucha sobre el aborto como un debate moral y lógico: ¿cuándo comienza la vida? Sin duda, para muchos incómodos respecto del aborto, esa era la cuestión central. Pero la animosidad peculiarmente feroz que pusieron Terry y sus seguidores en la batalla sobre la libertad reproductiva de las mujeres estaba impulsada por otras pasiones que la filosofía o la ciencia. Aunque muy bien podían estar "llorando por los niños no nacidos", esos hombres también estaban sufriendo por graves dislocaciones económicas y sociales en su vida, cambios que muy a menudo imputaban al surgimiento de las mujeres independientes y profesionales. Mientras perdían fuerza económica en el trabajo y autoridad privada en el hogar, veían a mujeres jóvenes ganando terreno en la oficina, cuestionando el control por parte de ellos en el hogar e incluso tomando la iniciativa en el dormitorio. Cuando el resentimiento por los crecientes niveles de progreso profesional femenino se mezcló con la angustia por las libertades sexuales que habían empezado a ejercer las mujeres, desarrollaron una retórica de enojo puritano para castigar a sus oponentes.

(...) Lo más desagradable en cuanto a esas activistas de los derechos de aborto (...) era su insistencia en que las mujeres tuvieran libertad para hacer elecciones reproductivas sin consultar a sus maridos. Si esas mujeres infectadas por las feministas se salían con la suya, advirtió [el presidente de la Comisión Nacional por el Derecho a la Vida] a su audiencia, a los hombres no se les permitirá decidir en cuanto al aborto. En su libro Men and Marriage [Los hombres y el matrimonio] de 1986, George Gilder muy directamente expresó el temor subyacente en buena parte de la ansiedad masculina por la libertad reproductiva femenina. La exitosa campaña de las feministas por el control de la natalidad y el aborto, escribió, desplaza más el equilibrio del poder sexual en favor de las mujeres, agota la potencia patriarcal masculina y reduce el pene a un juguete hueco".

Susan Faludi: Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Vamos listas si nos creemos ese cuento.

"Yo no pertenezco a ese feminismo. Al feminismo de las chicas buenas, blancas, europeas, arrogantes, solventes y decentes. Yo estoy con las putas, no con las que quieren salvarlas y son cómplices silenciosas de su acorralamiento policial y social. (...) La segregación entre chicas buenas y chicas malas es imprescindible para que todas las mujeres sirvamos al patriarcado. Vamos listas si nos creemos ese cuento. La colonización del cuerpo de la puta por parte de la señora (y de la feminista) es uno de los mecanismos más perversos a través del cual el orden heteropatriarcal domina el cuerpo de todas las mujeres. La putofobia es otra cara de la misoginia. He escuchado a mujeres extremadamente cultas e inteligentes argumentar las mayores estupideces sobre la prostitución".

Itziar Ziga: Devenir perra.

jueves, 11 de agosto de 2016

La disciplina de los cuerpos.

"Los cuerpos de las mujeres son disciplinados de maneras distintas: en los discursos de la maximización del beneficio, como obreras globales y trabajadoras del sexo; en los fundamentalismos religiosos, como receptáculos del pecado y la transgresión; en algunos discursos nacionalistas específicos, como guardianas de la cultura y la respetabilidad, y por tanto criminalizadas como prostitutas y lesbianas; en los discursos estatales de la familia nuclear originaria, como esposas y madres. Tanto los Estados postcoloniales como los capitalistas o coloniales avanzados organizan y refuerzan una estructura catética basada en la diferencia sexual (por ejemplo la heterosexualidad), que refuerzan con una variedad de medios, incluida la legislación. En casi todos los casos, sin embargo, estos Estados vinculan la heterosexualidad con la ciudadanía y organizan una "maquinaría de la ciudadanía" para producir una clase de leales ciudadanos heterosexuales y una clase subordinada de no-ciudadanos sexualizados, no procreativos, desleales a la nación y, por tanto, sospechosos".

M. Jacqui Alexander y Chandra Talpade Mohanty: "Genealogías, legados, movimientos".

sábado, 16 de julio de 2016

El cuerpo del deseo / El cuerpo de la fábrica.

"Uno de los hechos curiosos de los noventa es que la mayoría de las creaciones de mujeres artistas que gradualmente fueron vistas como un capital de la nueva industria cultural en desarrollo, y especialmente esas que constituyeron el punto álgido de los medios de masas, se articulaban en torno al cuerpo y el deseo femenino. En este panorama, a medida que el leit-motiv del feminismo se simplificaba en torno a la tríada "yo - mi yo misma - mi cuerpo", la llamada "escritura del cuerpo" iba encubriendo gradualmente la escritura de las mujeres. Si decimos que un fenómeno tal como la cultura de género (sexual) ciertamente viene a simbolizar y narrar la liberación sexual de las ciudadanas chinas, entonces este mismo fenómeno se revela como un arma de doble filo: si la flexibilización del sistema matrimonial abrió un espacio social para el cuerpo femenino y la liberación sexual, un espacio social que hizo emerger del sustrato histórico todo tipo de sexualidades minoritarias, también ésta abrió de par en par las puertas de un machismo cómplice y fortalecido por el capital.

(...) Además, mientras la "escritura del cuerpo" (o como alguien diría del cuerpo del deseo) de las mujeres jóvenes de las metrópolis constituía provocaciones y resistencias varias al sistema patriarcal, al mismo tiempo, no obstante, vino a ocultar otro tipo de cuerpo femenino: los cuerpos sufridos de las mujeres del campo que trabajaban en la ciudad, de las trabajadoras del sexo de las clases más bajas, los cuerpos de las mujeres viejas. Mientras las jóvenes urbanitas usan su cuerpo lleno de vitalidad para escribir sobre deseo y retos, la sangre y el sudor de la fábrica, el cuerpo de coque de las trabajadoras quemadas en los incendios o el de todas aquellas a las que les fue cerrada con candado y desde fuera la puerta principal, se pierden sorprendidos en un crepúsculo remoto".

Dai Jinhua: "Coordenadas de la mujer en China".

viernes, 15 de julio de 2016

La culpabilización de las madres.

"Mucha gente piensa hoy que el abandono de la lactancia materna es un fenómeno muy reciente, típico de una sociedad hipertecnificada, y que nuestras abuelas daban de mamar con la misma naturalidad que las mujeres de las cavernas. Desde esta perspectiva, sorprende toparse con la avalancha de admoniciones y reconvenciones de los médicos de finales del XIX y principios del XX dirigían a las mujeres. (...).

Durante todo el proceso de industrialización se dio una doble pauta. Por un lado, entre las mujeres de clase alta y, en menor grado, de la burguesía se solía considerar de mal tono alimentar personalmente a los propios hijos. A menudo las familias pudientes recurrían a nodrizas pobres que, a su vez dejaban a sus propios hijos a cargo de otras mujeres. Por otro lado, también las madres pobres de las ciudades que tenían un trabajo remunerado se veían obligadas a dejar a sus recién nacido al cuidado de otras mujeres, que los alimentaban con caldos y otros brebajes o, en el mejor de los casos, con leche de vaca rebajada. El resultado de esta situación fue una altísima tasa de mortalidad infantil.

(...) Los nuevos expertos tendían a subrayar las negligencias personales -reales o imaginadas- y a infravalorar la dimensión estructural de las dificultades a las que se enfrentaban. Para los higienistas la causa principal de la mortalidad infantil siempre parecía ser la ignorancia de los adultos a cargo de los niños, y especialmente de las madres. El enfoque científico de la crianza se mostraba ciego al hecho incontrovertible de que para las madres trabajadoras era materialmente imposible criar bien a sus hijos en las condiciones sociales en las que se encontraban. Así surgió lo que se ha convertido en la pauta común de la literatura de consejos sobre crianza: la culpabilización de las madres".

Carolina del Olmo: ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista.

jueves, 23 de junio de 2016

La privatización de los saberes de las mujeres.

"Con el tiempo la gente fue aceptando la intervención de los expertos y sus conocimientos especializados en la crianza, un terreno que hasta ese momento estaba dominado por saberes tradicionales. Pero, al menos al comienzo, no fue un proceso particularmente amigable. La pediatría y otras profesiones asistenciales desarrollaron un creciente control del cuidado del bebé (...). En el campo del cuidado obstétrico se forzó la medicalización de la atención al parto y se prohibió el ejercicio a matronas de formación no reglada. Los médicos decidieron que las matronas estaban ejerciendo intrusismo profesional en un cambio en el que ellos debían ser los expertos. El resultado, contra lo que cabría imaginar, fue un repunte de la mortalidad en los partos: el hecho de que los médicos, todos ellos varones, carecieran de la menor formación práctica y basaran sus intervenciones en delirantes suposiciones especulativas fue considerado un inconveniente menor.

(...) La irrupción de los expertos (...) se retroalimentó con algunos de los efectos del proceso de modernización. El cauce de transmisión de los saberes en las comunidades tradicionales son los propios vínculos densos que caracterizan estas sociedades. Las mujeres aprendían a cuidar a los niños desde muy jóvenes en su familia y en sus círculos de afinidad, y a menudo gestionaban estos conocimientos con bastante autonomía. La individuación moderna eliminó las condiciones sociales que hacían posible este proceso de enseñanza y aprendizaje. Y el auge de los expertos terminó por borrar hasta su recuerdo. En el transcurso de unas pocas generaciones, la intervención del especialista pasó de verse como una injerencia -en algunos casos bienvenida, en otros impuesta- a percibirse como una necesidad. Una vez que las artes tradicionales de la buena crianza quedaron olvidadas, las mujeres empezaron a buscar ansiosamente el consejo de expertos que las ayudaran a criar a sus hijos".

Carolina del Olmo: ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista.

martes, 21 de junio de 2016

¿Y quién no lo es?

"Siempre he sido muy femenina, menos en una época en que tomé contacto con el feminismo, como activista y como lectora, y empecé a ver esa feminidad como una opresión, como algo impuesto, y me planteé que yo tenía que ser otra cosa. Después comprobé que a mí me gustaba ser femenina y punto. (...) Yo lo hacía porque sentía que políticamente era lo que tocaba pero a mí no me sentaba bien, vivía en una contradicción. Era una autoimposición, yo me lo marcaba como un objetivo.

(...) Durante años pensaba antes de salir de casa: me he puesto este escote, no puedo ir a este bar o a este otro porque me encontraré con mis compañeras de lucha y qué van a pensar. O: tengo reunión, ni de coña me pongo este vestido ajustado. Yo consideraba que mi aspecto tenía que estar en la misma línea del sitio al que iba, porque si no me sentiría rechazada. Cuando esto se prolonga durante mucho tiempo te va generando una sensación de no saber dónde estás ni quién eres. Me ha costado mucho, hasta hace relativamente poco tiempo, decir: salgo como me sale del coño y me da igual quien me vea. Ahora lo tengo muy claro pero durante años viví en lucha interna entre lo que yo quería de mí misma y el miedo a ser un producto patriarcal. ¿Y quién no lo es?".

Begoña, testimonio recogido en Itziar Ziga: Devenir perra.

domingo, 12 de junio de 2016

De santas feministas.

"A mí no deja de alucinarme lo que las mujeres hemos sido capaces de hacer para escapar de la violencia de los machos. Había unas órdenes de monjas que deseaban vivir fuera de las ciudades para estar tranquilas cuidando el huerto. Entonces venían hordas de guerreros y las violaban. Pero ellas no querían la asfixiante protección intramuros, y se cortaron las narices. Eran monstruosas, ya nadie las molestaba.

Santa Águeda lo entendió muy bien. Con tetas no hay paraíso. Y el tirano de mi padre no me puede casar con el imbécil que más le interese. Así que le sirvió sus pechos adolescentes rebanados en una bandeja. ¡Mira, papá, ya no hay tetas, a ver con quién me casas ahora!

(...) Año 700, Portugal. La hija de un rey, con tan sólo doce años, se niega al matrimonio con un príncipe extranjero al que ni conoce. La niña ya se había librado del acoso de su padre en una ocasión y odiaba la idea de entregarse a un hombre. Pide a Dios que le arrebate su belleza femenina, comienza un ayuno feroz. Su menstruación se interrumpe y una espesa barba comienza a poblar su cara -gracias al descenso de estrógenos suprarrenales provocado por el ayuno-. El príncipe, al verla, sale corriendo. Ella intenta refugiarse en un convento, pero es apresada por su padre. El rey la amenaza con la cruz si no depone su rebeldía, pero ella persevera. Muere crucificada y santa. El ejemplo de santa Wilgefortis -virgen fuerte- cruzó la frontera española como santa Liberata. A ella se encomendaron durante siglos las mujeres que deseaban librarse del acoso de un hombre".

Itziar Ziga: Devenir perra.

lunes, 30 de mayo de 2016

Sobre el control de la sexualidad.

"En la ciudad obrera del siglo XIX se observa cómo se articulan mecanismos disciplinarios de control sobre el cuerpo; mediante la distribución de familias (cada una en una casa) y de los individuos (cada uno en una habitación). (...) Se dan a la vez mecanismos reguladores y disciplinarios. Por ello en el s. XIX la sexualidad fue un campo de importancia estratégica. La sexualidad se sitúa exactamente en el entrecruzamiento del cuerpo y la población. Por tanto depende tanto de la disciplina como de la regulación. El primero se ejerce sobre el cuerpo, el cuerpo indisciplinado que es entonces atacado por enfermedades individuales que los disolutos atraen entre sí. Pero al mismo tiempo la sexualidad disoluta tiene efectos sobre la población. Se cree que el disoluto tendrá una descendencia perturbada por generaciones y generaciones. (...) Y en la medida en que la sexualidad se encuentra en el origen de enfermedades individuales y que constituye el núcleo de la degeneración, representa el punto de articulación de lo disciplinario y lo regulador, del cuerpo y la población".

Isaac Motos Pérez, Lo que no se olvida: 1499-1978.