sábado, 25 de marzo de 2017

El Día de la Mujer o El primer día de la Revolución.

"El 18 de febrero de 1917, los 30 mil obreros de la fábrica metalúrgica Putilov, situada en Petrogrado, salieron a las calles reclamando un aumento salarial y rechazando los despidos. A su vez, los huelguistas se mezclaron con las colas de mujeres que trataban de conseguir alimentos para sus familias, alimentos escasos, por la crisis de subsistencia debido a la larga contienda. Al tiempo que en las calles se producían incidentes, las obreras textiles de la ciudad se declararon también en huelga. Al grito de ¡Queremos pan! arrastraron tras ellas a los obreros metalúrgicos. Aquel 23 de febrero (8 de marzo en el calendario occidental) comenzó con 90.000 obreros y obreras en paro. Nadie preveía que el Día de la Mujer se convertiría en el primer día de la revolución. A pesar de la represión, al día siguiente, la huelga incrementó su tamaño. La mitad de los obreros industriales de Petrogrado pararon. El reclamo central comenzó a tomar otro carácter y los trabajadores y trabajadoras se alzaron al gruto de ¡Abajo la autocracia! y ¡Abajo la guerra!. Así comenzó la Revolución rusa de febrero de 1917. La coincidencia con el día de la mujer, que se celebrara ya desde 1910, no es nada aleatorio. Era una acción que estaba preparada y organizada por las mismas mujeres, menos imprevisibles de lo que se dice. Lo que no se podía prever era su trascendencia".

Soledad Bengoechea y María Cruz Santos: "Las mujeres en la Revolución rusa".

lunes, 20 de marzo de 2017

Toda magia tiene su origen en la lujuria de la carne.

"La misoginia de la Iglesia (...) queda demostrada por la doctrina que afirmaba que, en el coito, el varón depositaba en el cuerpo de la mujer un homúnculo, es decir, un "pequeño hombre" completo, con el alma incluida, hombrecillo que simplemente pasaba nueve meses cobijado en el útero, sin recibir ningún atributo de la madre. Aunque el homúnculo no estaría realmente a salvo hasta pasar otra vez a manos de un hombre, el cura que debía bautizarlo, asegurando de este modo la salvación de su alma inmortal.

Otra deprimente fantasía de ciertos pensadores religiosos medievales era que en el momento de la resurrección todos los seres humanos renacerían ¡bajo forma de varones! La Iglesia asociaba la mujer al sexo y condenaba todo placer sexual, considerando que éste sólo podía proceder del demonio. Se suponía que las brujas habían experimentado por primera vez el placer sexual copulando con el demonio (a pesar del miembro frío como el hielo que se le atribuía) y que luego contagiaban a su vez el pecado a los hombres. Es decir, culpaba a la mujer de la lujuria, ya fuera masculina o femenina. (...) A los ojos de la Iglesia, todo el poder de las brujas procedía en última instancia de la sexualidad".

Barbara Ehrenreich y Deidre Englis: Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de sanadoras femeninas.


"Toda magia tiene su origen en la lujuria de la carne, que es insaciable en la mujer. Para satisfacer su lujuria, copulan con demonios (...). Queda suficientemente claro que no es de extrañar que la herejía de la brujería contamine a mayor número de mujeres que de hombres. Y alabado sea el Altísimo por haber preservado hasta el momento al sexo masculino de tan espantoso delito".

Malleus Maleficarum, 1487.

sábado, 4 de marzo de 2017

Cuantos más hilos haya de alma en alma.

"Bajo el dominio de la ideología burguesa y del estilo de vida capitalista-burgués, el carácter multiforme del amor engendra una serie de dramas psicológicos dolorosos e insolubles. (...) Una cultura fundada sobre el instinto de propiedad ha inculcado a los hombres la convicción de que el sentimiento amoroso tenía también como base el principio de propiedad. La ideología burguesa ha metido en la cabeza de las personas la idea de que el amor, incluso el amor mutuo, otorgaba derecho a poseer por entero y sin compartirlo el corazón del ser amado. (...) Pero ¿acaso tal idea puede estar de acuerdo con los intereses de la clase obrera? ¿No resulta, en cambio, (...) importante y deseable que las personas se hagan más ricas, más diversificadas? Cuantos más hilos haya tendidos de alma a alma, de corazón a corazón, de espíritu a espíritu, más se enraizará el espíritu de solidaridad y más fácil vendrá a ser la realización del ideal de la clase obrera: la camaradería y la unidad.

(...) La ideología de la clase obrera subordina el amor que los miembros de la colectividad sienten los unos por los otros a un sentimiento más imperioso: el amor-deber para con la colectividad. Por grande que sea el amor que una a los dos sexos, por numerosos que sean los lazos sentimentales y espirituales que teja entre ellos, lazos de igual orden deben mantenerse para con la colectividad en general, lazos aún más fuertes y abundantes, más orgánicos. La moral burguesa exigía: todo para el ser amado. La moral proletaria proscribe: todo para la colectividad.

(...) Si desaparecen en las relaciones sexuales la pasión ciega, absorbente, exigente, el sentimiento de propiedad, el deseo egoísta de "apropiarse" para siempre al ser amado; si pierden su fuerza la fatuidad masculina y la monstruosa renuncia a sí misma que hace la mujer, veremos en cambio desarrollarse en el amor otros rasgos preciosos. Veremos cómo se refuerzan el respeto a la otra persona, la aptitud para tomar en consideración sus derechos, (...) crecer en la aspiración, expresar el amor no sólo mediante besos y caricias, sino también por la acción común, por la voluntad unida, por la obra conjunta".

Alejandra Kolontai: "Ideología proletaria del amor", 1923.

martes, 28 de febrero de 2017

Que ser puta es mejor que volverse ciega.

"No estoy diciendo -nunca lo he hecho- que ser puta sea la mejor manera de vivir, pero es mejor que volverse ciega en una fábrica donde te explotan haciendo costuras o trabajar veinte horas como esclava en una cocina o como criada, con los viejos y los hijos siempre a tu acecho en el pasillo con las braguetas abiertas. Los salarios eran bajos para las mujeres en la ciudad y nadie tenía mucho respeto por una chica que tenía que trabajar. Créanme, es la Gente Buena que explota a las chicas pobres la que hace a muchas putas. Así que de varias maneras la casa de citas sí tenía un buen lado para las chicas; podían ver y disfrutar las cosas de manera diferente que sus madres inclinadas en una estufa caliente todo el día, con media docena de niños mocosos agarrados de sus enaguas y un marido que nunca se bañaba, que la trataba como a una cerda de crianza hasta que a menudo empezaba a echarle el ojo a sus hijas. Quizá esta forma de hablar mía suene escandalizadora, pero he vivido muchos años con esas ideas, y si bien no ha sido una vida en un lecho de rosas, estoy sana y feliz, y no estoy de camino al hospicio o muerta en la sala de un hospital de caridad de alguna ciudad antes de tiempo. O viviendo la vida brutal de las chicas que conocí en mi tierra que se casaron con granjeros ruines y eran restos humanos antes de los treinta años, viejas sin dientes a los cuarenta".

Nell Kimbal: Memorias de una madame americana.

sábado, 25 de febrero de 2017

Sobre las mujeres nuevas.

"Gravemente yerran quienes piensan aún que la mujer nueva, soltera, es el fruto de los heroicos esfuerzos de individualidades fuertes que han tomado conciencia de sí mismas. No se trata de la voluntad individual; no son el ejemplo de las valientes Magda o de la decidida Renée los que han creado a la mujer nueva. La transformación de la mentalidad de la mujer, de su estructura interna espiritual y sentimental, se lleva a cabo ante todo y muy especialmente en las profundidades sociales, allí donde, bajo el azote del hambre, se produce la adaptación de la obrera a las condiciones radicalmente transformadas de su existencia. (...) La voluntad individual queda sumergida, desaparece en el esfuerzo colectivo que millones de mujeres de la clase obrera hacen para adaptarse a las nuevas condiciones de existencia. El capitalismo despliega en ello una gran actividad: al arrebatar a cientos de miles de mujeres al hogar y al cuidado de la cuna, transforma esas naturalezas sumisas y pasivas de esclavas obedientes al marido en un ejército de combate por sus propios derechos y por los derechos e intereses de la colectividad humana: despierta la rebeldía, educa la voluntad. La individualidad de la mujer se endurece, se afirma. Pero ¡desdichada la obrera que crea en la invencible fuerza del individuo aislado! El carro del capital la aplastaría sin remedio.

(...) La realidad capitalista agudiza la sensación de antagonismo social entre las mujeres que trabajan. (...) Las mujeres nuevas, unas y otras, pasan por la etapa de la "rebeldía"; unas y otras lucha por afirmar su personalidad: unas conscientemente, "por principio", y otras, de modo elemental, colectivo, y empujadas por la necesidad. Pero en tanto que para la mujer de la clase obrera la lucha para la afirmación de su derecho, de su personalidad, concuerda con los intereses de su clase, las mujeres de las demás capas sociales tropiezan con un obstáculo: la ideología de su clase, hostil a la reeducación del modelo femenino. (...) Las mujeres trabajadoras marcan el ritmo de la vida, determinan la imagen de la mujer que caracteriza a una época concreta. Al derribar todos los valores morales y sexuales admitidos, las mujeres nuevas quebrantan la firmeza de los viejos principios en el alma de las mujeres que aún no se han lanzado por la nueva senda".

Alejandra Kolontai: "La mujer nueva", 1918.

lunes, 6 de febrero de 2017

Aumentar nuestro potencial de amar.

"Es menester retornar a los viejos tiempos, restablecer los antiguos basamentos familiares, reforzar las normas tradicionales de la moral sexual, decide la parte conservadora del género humano. Hay que destruir todas las hipócritas defensas del decrépito código de la moral sexual; ya es hora de tirar a la basura ese pellejo inútil y fastidioso... La conciencia individual, la voluntad individual de cada cual, esos son los únicos legisladores en tan íntima cuestión, se oye decir en el bando del individualismo burgués. La solución de los problemas sexuales no será consecuencia sino de la instauración de un orden social y económico reformado de modo radical, aseveran los socialistas. Pero ¿no indica ese recurrir al futuro que tampoco nosotros tenemos el hilo conductor en las manos? ¿Resulta, en efecto, posible ya hoy en día, descubrir o, al menos, indicar, el hilo mágico que promete zanjar el nudo?

(...) Nosotros, los pertenecientes a un siglo de propiedad capitalista, un siglo de tremendas luchas de clases y de moral individualista, vivimos y pensamos todavía bajo el funesto signo de una invencible soledad moral. Esta soledad en medio de inmensas ciudades populosas, tentadoras y ruidosas, esta soledad que nos acecha incluso entre amigos y compañeros, lleva al hombre de hoy a aferrarse con enfermiza avidez a un ser del sexo opuesto, pues únicamente el amor posee el mágico poder de ahuyentar, al menos por un tiempo las tinieblas de la soledad.

(...) La crisis sexual no tiene solución sin una reforma radical de la psicología humana, sin el aumento de 'potencial amoroso' de la reorganización radical de nuestras relaciones socioeconómicas, sobre bases comunistas. Sin esta 'vieja verdad' no hay solución".

Alejandra Kolontai: "Lucha de clases y sexualidad", 1918.

jueves, 2 de febrero de 2017

Una puta partidaria de los derechos de las mujeres.

"Tuve una puta llamada Gladdy que era partidaria de los derechos de las mujeres. Marchaba en los desfiles de Filadelfia y de Nueva York cuando había marchas a favor del voto y se ponían alfileres en los caballos de los policías y se hablaba sobre ser iguales a cualquier hombre. Gladdy era una puta muy buena y atraía a los folladores intelectuales con los que hablaba de Shaw y H. G. Wells e Ibsen y muchos rusos de cuyos nombres ya no me acuerdo. Solía andar en bicicleta a lo largo de los diques, con una falda abierta. Siempre estaba recitando algo que llamaba Omar el Tendero. En su tiempo libre Gladdy grababa imágenes de indios y cabezas de chicas sobre almohadas de papel. Alrededor de 1904 se consiguió a un amante negro, un abogado que había ido a la universidad en el norte. Le dije a Gladdy que yo personalmente no pensaba que un hombre fuera peor que otro hombre, sin importar de qué color fuera, pero que la costumbre era la base de nuestro negocio. (...) Gladdy se puso impertinente y me dijo que su semental negro era un gran hombre y un luchador por los derechos, los derechos humanos".

Nell Kimball: Memorias de una madame americana.