miércoles, 25 de marzo de 2015

La mujer devorada por la madre.

"Y ya tenemos nuevamente enfrentados el concepto de mujer y el de madre. Porque resulta que los sabios no han descubierto ningún mediterráneo; a través de todas las edades se ha venido practicando la exaltación mística de la maternidad; antes se exaltaba a la madre prolífica, paridora de héroes, de santos, de redentores o tiranos; en adelante se exaltará a la madre eugenista, a la engendradora, a la gestadora, a la paridora perfecta; y antes y ahora todos los esfuerzos son convergentes a mantener en pie la brutal afirmación de Okén que citaba el otro día: "La mujer no es el fin, sino el medio de la naturaleza; el único fin y objetivo es el hombre".

He dicho que teníamos nuevamente enfrentados el concepto de mujer y el de madre, y he dicho mal; ya tenemos algo peor: el concepto de madre absorbiendo al de mujer, la función anulando al individuo.

Se diría que en el transcurrir de los siglos el mundo masculino ha venido oscilando frente a la mujer entre dos conceptos extremos: de la prostituta a la madre, de los abyecto a lo sublime sin detenerse en lo estrictamente humano: la mujer. La mujer como individuo, como racional, pensante y autónomo.

Si buscáis a la mujer en las sociedades primitivas, sólo hallaréis a la madre del guerrero, exaltadora del valor y de la fuerza. Si la buscáis en la sociedad romana, sólo hallaréis a la matrona prolífica que surte de ciudadanos la República. Si la buscáis en la sociedad cristiana la hallaréis ya convertida en la madre de Dios.

La madre es el producto de la reacción masculina frente a la prostituta que es para él toda mujer. Es la deificación de la matriz que lo ha albergado. (...) Por la madre queréis excluir a la mujer cuando podéis tener mujer y madre, porque la mujer no excluye nunca a la madre".

Lucía Sánchez Saornil: "La cuestión femenina en nuestros días", Solidaridad Obrera, 15 de octubre de 1935.


No hay comentarios:

Publicar un comentario